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Diego Fusaro: el intento de blanqueo de la nueva extrema derecha por parte de medios liberales

La entrevista del diario El Confidencial a Diego Fusaro, un ideólogo italiano de la extrema derecha (desde Salvini hasta el partido neofascista CasaPound), está levantando polvareda. El texto es polémico desde su comienzo, aún incluso sin empezar a preguntar nada concreto. Se define a Fusaro como «intelectual, marxista, y que sus referentes son Gramsci, Pasolini y Costanzo Preve».

Fusaro utiliza la terminología marxista, sí, pero de manera sesgada para defender y justificar ferozmente la política de acogida llevada a cabo por Salvini y para utilizar a su favor soflamas populistas acercar a su ideología a la clase trabajadora en italia. Sus ideas xenófobas en un marco “antiglobalización” le sitúan, sin matices, en la extrema derecha europea. 

La izquierda que se siente atraída por personajes como Fusaro lo hace seducida por los cantos de sirena de lo que se podría definir como un izquierdismo nihilista, una actitud poco madura lo que la política puede ofrecer. Se ven engañados por un discurso antieuropeo y políticamente incorrecto, una cortina de humo que esconde un fascismo moderno, que entiende que sus ideas no pueden entrar de forma directa en la sociedad, sino con algún tinte populista que las esconda. 

El ideólogo fascista lleva por bandera el “no cabemos todos” para defender las actuaciones de su gobierno y lucha contra lo que define “buenismo” respecto a la inmigración. ¿Acaso no es fascista pensar que Italia solo es para los italianos y que todo lo que venga de fuera es malo (excepto si viene con la cartera llena)? Pues ese es Fusaro, por mucho que oculte tras un halo de intelectualidad sus charlas y ponencias.

Reacciones al blanqueamiento fascista

Entre sus ideas más extremas, heredadas de otro tiempo incluso más oscuro en Italia, está el equiparar el nazismo de ayer con el antifascismo de hoy. El diputado de Podemos Toledo Alfredo Díaz Cardiel lo recordaba en Twitter al publicar la captura de un tweet de Furaso en el que compartía una viñeta en la que se comparaba la lucha de los nazis por coartar la libertad de expresión con la de los antifascistas actuales.

En este vídeo puede comprobarse la participación de Fusaro como ponente en la Convención del partido neo-fascista CasaPound el año pasado:

Alberto Garzón, Coordinador Federal de Izquierda Unida, exponía en Twitter al respecto de la entrevista de El Confidencial a Fusaro que le preocupaba «la fascinación que despiertan personajes así en nuestra izquierda«. «En la primera ola de globalización (1870-1914), las migraciones internacionales fueron espectaculares. Solo desde Italia llegaron a Estados Unidos unas 2 millones de personas. Desde España salieron 3,6 millones hasta 1935. En toda Europa las cifras fueron parecidas«, continuó Garzón.

El político continuó explicando que «la mayoría eran trabajadores no cualificados, analfabetos, varones y víctimas de las modernizaciones económicas en Europa. Fueron la base obrera del rápido desarrollo de otros países, como Estados Unidos o Argentina, pero no siempre fueron bienvenidos. Al llegar la I Guerra Mundial, los países receptores impusieron enormes barreras de entrada a esos migrantes. En muchos casos, como en EEUU, fueron medidas concertadas con los sindicatos. La contradicción en cierta izquierda también estaba ahí, latiendo con fuerza«.

«Que hoy, en la segunda ola de globalización, sea Italia la negra bandera de la restricción migratoria es una triste ironía de la historia. Pero aún más lo es que la peor de las tradiciones de la izquierda siga en pie: no considerar clase obrera al trabajador extranjero«, sentenciaba Garzón en Twitter.

No es el primero, no será el último

Este tipo de neofascistas de cara limpia e ideas de ultraderecha han existido en otros momentos de la historia, como por ejemplo con Nicola Bombacci, el fundador junto a Gramsci del Partido Comunista Italiano, que dio un giro al final a su carrera política y acabó siendo un incondicional seguidor de Mussolini, al que se unió en los últimos meses de su régimen.

Bombacci trabó amistad con el propio Lenin antes de su cambio de rumbo, llegando a decirle en una recepción en el Kremlin unas famosas palabras acerca de Mussolini: En Italia, compañeros, en Italia sólo había un socialista capaz de guiar al pueblo hacia la revolución: Benito Mussolini”. Poco después se uniría a el Duce para encabezar una revolución, pero la fascista.

Bombacci, no se definía como un fascista pero defiendía los logros del régimen y la figura de Mussolini. No se pertenecía al partido fascista –jamás se adhirió al Partido Nacional Fascista- pero era uno de los intelectuales de Mussolini, no aceptó cargos que le pudieran ofrecer ni renegó de sus orígenes comunistas. Su independencia valía más. ¿Nos suena de algo?

Es importante tener en cuenta estos antecedentes para que la izquierda no caiga en errores ideológicos. Fusaro es fascista, Fusaro es uno de los principales ideólogos de Salvini y Fusaro intenta blanquear tanto al movimiento de extrema derecha al que pertenece como a él mismo con ideas sesgadas con tintes de falso comunismo y trazas de intelectualidad. Medios como El Confidencial hacen un flaco favor a la justicia social y a la libertad llamando a tolerar a los intolerantes. Tenemos que estar atentos, pues el fascismo tiene muchas caras, y Fusaro es una de ellas.

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