Opinión

Objetivo 23 de julio: Que Unidas Podemos no entre en el Gobierno

Guido Ohlenschlaeger


El día de la investidura será el 22 de julio. Empieza la cuenta atrás y crece la presión para Alberto Rivera, sí, efectivamente, para Ciudadanos. La política tiene estas cosas, que un día estás arriba y otro estas abajo. Por eso, desde hace un tiempo Alberto Rivera, como le gusta ser llamado, apodado el “Golden Boy” por la prensa internacional en 2015 durante su salto a la política nacional, está siendo ahora vapuleado por los medios nacionales e incluso algunos internacionales que le presionan para que se abstenga y facilite un gobierno de Pedro Sánchez. Pero esta presión viene de lejos.

En la última Sesión de Control al Gobierno antes de las elecciones, el Golden Boy de la política española, el nuero que toda suegra quería, adorado por los medios y por los Grandes Poderes, exhibía con orgullo su cordón sanitario a Sánchez. A los pocos días Susana Griso le preguntaba por un editorial del periódico ultraliberal The Economist titulado «España necesita un pacto de los sobrios», que calificaba a Rivera de sectario por su veto a Sánchez y al PSOE. Susana Griso (la hasta entonces gran amiga del Chico de oro) aprovechaba para preguntarle si no creía que se estaba equivocando con el veto a Sánchez, si “hasta un periódico como The economist lo estaba criticando” algo debía estar haciendo mal se preguntaba la presentadora. Pero Alberto Rivera, insuflado de confianza, insistió.

Por aquel entonces, también El País publicaba un 10 de Marzo el que sería el primero de muchos artículos atacando la actitud del partido naranja antes adorado. La Tribuna de Opinión titulada “Del bipartidismo a los bloques” volvía a criticar duramente a Rivera culpándolo de estar construyendo un dique contra el PSOE.

Después de las elecciones Ciudadanos siguió empecinado y decidió pactar con el PP y la ultraderecha allí donde pudo. Eso sí, mientras pactaba con la ultraderecha xenófoba, homófoba y machista intentaba subirse a las carrozas del orgullo, y, claro, por lo que sea el movimiento LGTBI no se lo tomó bien. Nadie le dijo nunca a Rivera eso de que no se puede sorber y soplar al mismo tiempo, o eso de que no se puede nadar y guardar la ropa, ni estar en misa y repicando, eso lo saben todas las abuelas, y lo supieron también los sectores más liberales de su partido: Roldán, Garicano, Valls, Javier Nart o Girauta que o bien se fueron o bien amenazaron con marcharse por la deriva derechista y de vetos del partido de Alberto Rivera.

En esos días, como no podía ser de otra forma, El País aprovechaba para meter cuchara y Ricardo Dudda escribía un caluroso 24 de junio, en un artículo titulado “Apéndices del bipartidismo”: ” La decisión de Ciudadanos de vetar al PSOE, no solo a nivel nacional sino regional y municipal (salvo en contadas excepciones), es coherente con el nuevo partido, que ha olvidado sus orígenes. El simpatizante socialdemócrata del partido recuerda que Cs surgió para centrar y moderar al PSOE”.

Un poquito más de presión para los de Alberto Rivera que veían como se desangraban por momentos, en una crisis interna sin precedentes en el partido. Casualmente los mismos días que el PSOE filtraba a los medios que querían la abstención de Ciudadanos en la investidura para no tener que depender de Unidas Podemos. Entre tanto, Alberto Rivera, el Golden boy de la política española, convocaba un congreso para reivindicar su proyecto y su autonomía como partido ultraliberal y que pactaba orgulloso con la extremaderecha, y unos días después, ¿quién escribía presionando un poco más al partido naranja? Efectivamente, El País volvía a escribir uno de esos artículos cuyo titular ya basta para medir la magnitud de la tragedia, haciendo explícito en un desliz consciente e inconsciente el hecho del que en realidad se trataba todo esto: la presión. “Rivera desafía la presión interna y externa y mantiene el no a Sánchez” rezaba el titular. Se trataba de presionar, no se trataba de la verdad, ni de la preocupación por la deriva ultraderechista del partido de Rivera, ni del bien de los españoles. No, se trataba de otra cosa.

Pero no solo el Grupo Prisa, también El Mundo se ha sumado en estas últimas semanas al escarnio público. Hace tan solo un par de días, en el análisis de datos de la encuesta de Sigma Dos, las conclusiones eran tres: El PSOE y el PP subían y el resto de alternativas bajaban reforzando el bipartidismo de cara a unas futuras elecciones, Ciudadanos era el partido que más bajaba y cuyos votantes estaban más desencantados y una tercera conclusión que se extrae de las anteriores: si hay elecciones el más damnificado será el partido naranja en todos los sentidos. El mensaje subliminal (o no tanto) era: abstente en la investidura de Pedro Sánchez o lo pagarás caro.

También el presidente de la patronal Antonio Garamendi se sumó hace unos días a la ola valorando positivamente un gobierno del PSOE en solitario con la abstención de PP o Ciudadanos. La presión crece para Alberto Rivera. Los empresarios también son favorables a una abstención de Ciudadanos para que gobierne Pedro Sánchez. Hoy han anunciado que la investidura comenzará el día 22 de julio y ha comenzado la cuenta atrás.

La pregunta es, ¿por qué se han puesto de acuerdo los Grandes Poderes para presionar a Ciudadanos? ¿Por qué quieren un gobierno del PSOE en solitario? ¿Por qué todos los medios están asfixiando al partido del, hasta hace poco, niño mimado de la política española? ¿Por qué incluso medios de derechas son favorables a un gobierno del PSOE en solitario o incluso a un adelanto electoral?

La respuesta: porque no quieren que gobierne Unidas Podemos. No lo quisieron en 2016, no lo quieren ahora y tampoco lo querrán después de las elecciones (si las hubiere). Todo vale. Los Grandes Poderes se acostumbraron a hacer y deshacer con el bipartidismo, y cuando surgió Podemos, todos recordamos, como asustado, el presidente del Sabadell pedía un Podemos de derechas y tachán apareció Ciudadanos.

Ahora, la orquesta que dirige Iván Redondo goza de una salud estupenda. Las fichas en el tablero se mueven en la dirección correcta dirigidas por un PSOE que juega con el tiempo y todo el ecosistema mediático a su favor. Por esta razón, los mismos que auparon a Ciudadanos en 2015 para que no hubiese cambio en España, serán capaces de hundirle si no evita que Unidas Podemos entre en el gobierno. A esto podría haberse referido Ricardo Dudda, cuando escribía que Ciudadanos se había olvidado de sus orígenes. Efectivamente, se han olvidado de para quién trabajan y quiénes lo pusieron ahí, y lo pagarán caro si los mismos que lo auparon deciden defenestrarlo. Quedan 21 días para ver si Ciudadanos aguanta o no la presión. El PSOE tiene hasta el 23 de julio para hacer cumplir su objetivo: que Unidas Podemos no entre en el Gobierno.

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