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No, el nazismo y el fascismo no son de izquierdas ni anticapitalistas

Los que realmente ganaron con la llegada de los nazis fueron los grandes capitalistas alemanes.

«Los que realmente ganaron con la llegada de los nazis fueron los grandes capitalistas alemanes».

Bitácora de octubre

Muchas veces se afirma que el nazismo era socialista. Esta afirmación sería básicamente una falacia de asociación sustentada en el hecho de que el nombre oficial del Partido Nazi era Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei (NSDAP, en español, Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) e incluía la palabra “socialista”.

El nombre del partido y el uso de la palabra “socialista” por parte de los nazis no fue más que un recurso demagógico y populista para atraer votos de los trabajadores en un momento en el que el movimiento obrero estaba en auge, como sostiene Shirer (2010). De hecho, estas propuestas y eslóganes fueron olvidados por los nazis con su llegada al poder, e incluso Hitler se avergonzaba cuando se le recordaba algunos de ellos (Shirer, 2010).

Hitler en la parte superior frente a unos trabajadores con un cartel con el nombre de su partido, donde se destacan las palabras socialista y partido obrero. En la parte inferior se puede observar a Hitler frente a unos capitalistas con un cartel con el nombre de su partido, donde se destacan las palabras nacional y partido alemán. 1931. Caricatura realizada por Jacobus Belsen para la revista alemana Das Firmenschild.

Antes de nada, deberíamos plantearnos qué era para Hitler el “socialismo”. En palabras de Hitler:

❝Mi interpretación del socialismo no tiene nada que ver con el socialismo marxista. […] El marxismo es anti-propiedad; el verdadero socialismo no lo es.❞ (Carsten, 1967, pp. 137).

Como se puede observar, la concepción del “socialismo” por parte de Hitler era diametralmente opuesta a la que es. El socialismo según la Real Academia Española (RAE) es:

❝Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes.❞

Es decir, el socialismo solo permite la propiedad colectiva o estatal, en ningún momento permite la propiedad privada.

George Sylvester Viereck, entrevistó a Hitler en 1923, esta entrevista se publicó en julio de 1932 en la revista Liberty y además de encontrarse disponible en este articulo de The Guardian de 2007. A continuación, un fragmento de la entrevista:

Viereck: ¿Por qué te llamas nacionalsocialista, si el programa de tu partido es la antítesis de lo que comúnmente se acredita al socialismo?

Hitler: El socialismo es la ciencia de tratar con el bienestar común. El comunismo no es socialismo. El marxismo no es socialismo. Los marxistas han robado el término y confundido su significado. Quitaré el socialismo a los socialistas.

El socialismo es una antigua institución aria, germánica. Nuestros antepasados ​​alemanes tenían ciertas tierras en común. Cultivaron la idea del bienestar común. El marxismo no tiene derecho a disfrazarse de socialismo. El socialismo, a diferencia del marxismo, no repudia la propiedad privada. A diferencia del marxismo, no implica la negación de la personalidad, y a diferencia del marxismo, es patriótico.

Podríamos habernos llamado el Partido Liberal. Escogimos llamarnos nacionalsocialistas. No somos internacionalistas. Nuestro socialismo es nacional. Exigimos el cumplimiento de las justas reivindicaciones de las clases productivas por parte del Estado sobre la base de la solidaridad racial. Para nosotros el Estado y la raza son uno.❞ (Viereck, 1923, pp. 4).

El “socialismo” de Hitler se podría resumir con sus propias palabras: “podríamos habernos llamado el Partido Liberal. Escogimos llamarnos nacionalsocialistas”.

Al uso confuso del “socialismo” por parte de los nazis, habría que sumar una frase erróneamente atribuida a Hitler (intencionadamente o no). Es la siguiente:

❝¡Somos socialistas, enemigos, enemigos mortales del sistema económico capitalista actual con su explotación de los económicamente débiles, con su injusticia en los salarios, con su evaluación inmoral de los individuos de acuerdo con la riqueza y el dinero en lugar de la responsabilidad y logros, y estamos determinados bajo todas las circunstancias para abolir este sistema!❞ (Lane y Rupp, 1978, pp. 89).

Esta frase en realidad, como recogen Lane y Rupp (1978), corresponde a Gregor Strasser, nazi y posterior opositor de Hitler, y proviene de su libro de 1926 Thoughts about the Tasks of the Future. La superchería de atribuir la frase a Hitler proviene de Toland (1976), quien no aporta fuentes de su procedencia y además afirma que fue pronunciada por Hitler el 1 de mayo de 1927, pero lo cierto es que no hay evidencia documental de que fuera pronunciada ese día por Hitler, véase al respecto las transcripciones de los discursos de Adolf Hitler en Hitler (1992, pp. 287-290).

Strasser, a pesar de sus tendencias izquierdistas en sus inicios, antes de ser asesinado por los nazis durante la noche de los cuchillos largos en 1934 dio un giro a su discurso. En una entrevista con el periodista estadounidense Hubert Renfro Knickerbocker, en 1932, Strasser se sinceraba y afirmaba lo siguiente:

❝Reconocemos la propiedad privada. Reconocemos la iniciativa privada. Reconocemos nuestra deuda y préstamos. Nos oponemos a la nacionalización de la industria. Nos oponemos a la estatalización del comercio. Nos oponemos a la economía planificada en el sentido soviético.❞ (Neebe, 1981, pp. 164).

Gottfried Feder fue otro nazi strasserista que posteriormente fue apartado de la primera línea del partido por Hitler. Feder en su Manifiesto para el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero (1920) cargaba duramente contra la socialización de los medios de producción:

❝La demanda más esencial del programa de Erfurt (el traspaso de los medios de producción de la propiedad privada a la comunidad) se ha condensado hoy en el grito por la “socialización”. Que la socialización integral significa nuestro hundimiento económico, la bancarrota estatal total. […] No socialización, sino desocialización debería ser ahora la consigna.❞ (Feder, 1920, pp. 23).

Feder también fue el artífice del Programa de 25 puntos del entonces Deutsche Arbeiterpartei (DAP, en español, Partido Obrero Alemán). En él, se proponía, por ejemplo, nacionalizaciones, pero esto nunca se llevó a cabo como señala Agosto (2008):

❝Dichas propuestas generaron cierta preocupación entre los sectores capitalistas de la sociedad. Sin embargo, rápidamente quedó de manifiesto que el Estado totalitario, a pesar de jugar un papel central en la reestructuración de la economía, no iba a perjudicar los intereses de los sectores empresarios. Muy por el contrario, los defendería abiertamente, teniendo en cuenta que muchos de los dueños de las grandes empresas destacadas durante el régimen eran miembros prominentes del partido y desempeñaban cargos importantes en el gobierno.❞ (pp. 58).

Es más, el propio Adolf Hitler, el 13 de abril de 1928, hizo la siguiente elucidación disponible aquí:

❝Debido a las interpretaciones mentirosas de parte de nuestros oponentes del punto 17 del Programa del NSDAP, la siguiente explicación es necesaria.

Dado que el NSDAP se basa fundamentalmente en el principio de la propiedad privada, es obvio que el expresión “confiscación sin indemnización” se refiere meramente a la creación de posibles medios legales de  confiscar, cuando sea necesario, tierras adquiridas ilegalmente, o no administradas de conformidad con el bienestar nacional. Por lo tanto, se dirige en primera instancia contra las empresas judías que especulen con la tierra.❞

Los nazis compartían con los conservadores y liberales el darwinismo social, el apoyo a la propiedad privada, su virulento anticomunismo y su oposición a la lucha de clases. También cabe destacar el idealismo alemán de los nazis, opuesto al materialismo filosófico marxista.

El darwinismo social de Hitler, por ejemplo, se hace patente en una respuesta en octubre de 1930 a Otto Strasser:

❝¿Crees que estaría tan loco como para destruir la industria pesada alemana? ¡Esos productores llegaron a la cima por sus propios méritos, y, debido a este proceso de selección, que prueba que son una élite, tienen el derecho a dirigir!❞ (Craig, 1978, pp. 584-585).

Como podemos ver, Hitler no solo era darwinista social en el plano racial, también en el plano económico como los liberales. Hitler creía que los industriales eran los más “aptos” y por eso debían mantener sus privilegios, ya que habían sido “seleccionados naturalmente gracias a la competencia”:

❝La ideología nazi tenía el espíritu empresarial en alta estima. La propiedad privada se consideraba una condición previa para desarrollar la creatividad de los miembros de la raza alemana en el mejor interés de la gente.❞ (Buchheim y Scherner, 2006, pp. 408).

El anticomunismo de los nazis, por ejemplo, se hacía patente en declaraciones como esta de Goebbels en 1937, en la que definía al bolchevismo como:

❝Locura patológica y criminal que ha sido inventada por los judíos y dirigida por los judíos.❞

Además, daba las gracias al Führer, como muchos liberales y conservadores, por:

❝Haber erigido un muro contra la invasión del bolchevismo.❞

En un discurso de 1933, Hitler, cargaba contra las “teorías económicas marxistas” causantes de “la locura de la política impositiva” y del “Estado benefactor”.

El caladero de votos de los nazis provenía de partidos definidos como liberales: como el Partido Democrático Alemán (en alemán, Deutsche Demokratische Partei, abreviado DDP) o el Partido Popular Alemán (en alemán, Deutsche Volkspartei, abreviado DVP) y conservadores: como el Partido Nacional del Pueblo Alemán (en alemán, Deutschnationale Volkspartei, abreviado DNVP), el Partido de Centro (en alemán, Deutsche Zentrumspartei, conocido comúnmente como Zentrum, abreviado DZP) o el Partido Alemán de la Clase Media del Reich (en alemán, Reichspartei des deutschen Mittelstandes, abreviado WP).

Tabla 1: Evolución del número de votantes de diferentes partidos en Alemania entre 1919 y 1932:

Zentrum (DZP)DVPDDPDNVPWPTotalPartido Nazi(NSDAP)Total votantes
19195.980.2161.345.6385.641.8253.121.47916.089.15830.524.848
19203.845.0012.919.4462.333.7414.249.10013.347.28828.463.581
Mayo de 19243.914.3792.694.3811.655.1295.696.475500.82014.461.1841.918.329a29.709.380
Diciembre de 19244.118.8493.049.0641.919.8296.205.802312.44215.605.986907.242a30.705.026
19283.712.1522.679.7031.479.3744.381.5631.387.60213.640.394810.12731.165.789
19304.127.0001.577.3651.322.0342.457.6861.361.76210.845.8476.379.67235.224.499
Julio de 19324.589.430436.002371.8002.178.024146.8767.722.13213.745.68037.162.081
Noviembre de 19324.230.545660.889336.4473.792.563110.3099.130.75311.737.39535.758.259

a. DVFP (debido a la legalización del Partido Nazi a consecuencia del Putsch de Múnich, muchos de sus miembros se pasaron  momentáneamente a este partido).

Fuente: Gonschior.de


Como se puede observar, el caladero de votos de los nazis provenía de los partidos liberales y conservadores, oscilando sus votos de manera pareja. Los apoyos de los nazis provenían principalmente de las clases medias, comerciantes, propietarios, industriales, excombatientes desempleados con miedo a perder su prestigio, militares o en aquellos empleados en profesiones liberales; y no tanto de la clase obrera (Crouzet, 1961). La prueba de esto es que, por ejemplo, en 1931, en los consejos fabriles alemanes los fascistas solo obtuvieron un 0,5% de representación, mientras que en las elecciones de julio de 1932 obtuvieron un 37,27% (Crouzet, 1961). El nazismo era, como señala Crouzet (1961):

❝Una revolución llevada a cabo por la clase media.❞ (pp. 204)

A pesar del aumento de votos los nazis no podían gobernar en solitario, es así que forman un gobierno con conservadores (Agosto, 2008).

Las últimas elecciones libres de Alemania se podrían considerar las de noviembre de 1932, en las que los nazis perdieron votos, porque en las de marzo de 1933, como señala Patricia Agosto, se produjo represión e intimidación estatal contra los comunistas y los socialdemócratas, ya que la policía pertenecía a los nazis:

❝El nuevo gabinete asumió el 30 de enero y contaba con tres nazis: Hitler como canciller, Frick como ministro del Interior y Goering, nombrado ministro sin cartera, comisario de Aviación y ministro del Interior prusiano. Este último cargo le daba el control sobre el cuerpo de policía.❞ (Agosto, 2008, pp. 24).

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Un Schutzpolizei (policía) patrulla junto a un miembro de las Sturmabteilung (SA) nazis durante las elecciones de 1933 en Berlín, República de Weimar. 5 de marzo de 1933. Bundesarchiv, Bild 102-14381 / Georg Pahl / CC-BY-SA 3.0

Los nazis tras su llegada al poder, y tras incendiar el Reichstag, reprimen a los comunistas, acusándolos del incendio falsamente (Agosto, 2008). Entre 1933 y 1938 son detenidos 435.000 opositores al régimen (Crouzet1961).

Los nazis tuvieron también un importante apoyo por parte de los grandes capitalistas alemanes, véase el encuentro secreto del 20 de febrero de 1933:

❝Desde el momento mismo de la asunción al poder, el nazismo recurrió al dinero de las grandes empresas alemanas para financiar al partido y sus campañas electorales. Por ejemplo, para financiar la campaña de las elecciones al Reichstag del 5 de marzo de 1933, Goering convocó a una reunión de Hitler con los grandes empresarios. Entre estos últimos asistieron Gustav Krupp (poderosa familia fabricante de armamento y acero), cuatro directivos de la IG Farben (productora de petróleo, caucho sintético y colorantes), y otros industriales, que aportaron tres millones de marcos al partido.❞ (Agosto, 2008, pp. 59).

Hitler recibe el apoyo de otros grandes capitalistas alemanes, como Emil Kirdorf, Alfred Hugenberg, Fritz Thyssen o el banquero Hjalmar Schacht (Crouzet1961). Este apoyo se materializó en la Industrielleneingabe (en español, Petición de los industriales) de 1932, en la que distintos exponentes de la agricultura, industria y finanzas alemanas piden mediante una carta a Hindenburg que este nombre a Adolf Hitler canciller de Alemania. Incluso Thyssen, autor de Yo pagué a Hitler (1941), pagó la sede de los nazis:

❝El empresario alemán del acero aportó al partido 250.000 marcos para la adquisición y refacción de la Casa Marrón del NSDAP, mansión ubicada en uno de los barrios aristocráticos de Munich.❞ (Agosto, 2008, pp. 60).

Hitler levantaba la simpatía de los grandes capitalistas dentro y fuera de Alemania. Texaco, Standard Oil, Chase Manhattan Bank, International Telephone and Telegraph Corporation (ITT), Ford, Sterling Products y otras empresas estadounidenses colaboraron con los nazis (Agosto, 2008).

Uno de los admiradores de Hitler fue Henry Ford. El gran capitalista estadounidense escribió varias obras antisemitas, la más famosa fue escrita en 1920, The International Jew:

❝Hitler declaró en 1931 que Henry Ford era su inspiración y llegó a tener un retrato del mismo en su despacho. La admiración mutua se reflejó cuando, en 1938, Ford recibió la condecoración de la Gran Cruz del Águila, máximo reconocimiento que el Estado nazi podía otorgar a un extranjero.❞ (Agosto, 2008, pp. 64-65).

Tras la llegada al poder de los nazis en 1933, lejos de lo que se presupone tras la llegada al Gobierno de “un peligroso grupo de socialistas con ganas de expropiaciones forzosas”, los índices bursátiles de Alemania no se desplomaron, es más, siguieron creciendo (Ferguson y Voth, 2005).

LA ECONOMÍA NAZI

El libre mercado se respetó durante el nazismo:

❝Los derechos del capital fuera de la empresa están respetados por la posibilidad de pactar libremente contratos de venta y de compra (ya se trate de la fuerza de trabajo o de mercancías), así como por contratos de crédito o de préstamos, y por la posibilidad de intervenir libremente; en resumen, por lo que se denomina la libre competencia.❞ (Bettelheim, 1972, pp. 72).

Los nazis llevaron a cabo una campaña de privatizaciones. La Alemania nazi se convertía así, tras la Italia fascista, en el primer país de la historia moderna en privatizar empresas estatales (Bel, 2010). Es más, el termino privatización, surge en 1936 del alemán reprivatisierung, tras la masiva campaña de reprivatizaciones llevada a cabo por los nazis (Bel, 2010).

El 12 de febrero de 1933, el secretario de Estado de la Hacienda Pública de Hitler, anunció oficialmente:

❝La política de nacionalización llevada a cabo en los últimos años será detenida. Las empresas estatales serán transformadas nuevamente en empresas privadas.❞ (Bel, 2010, pp. 16).

Antes de la llegada de los nazis, el Estado controlaba el 70% de todos los bancos corporativos alemanes (Bel, 2010). Los nazis privatizan los tres principales bancos comerciales de Alemania, Commerz- und Privatbank, Deutsche Bank und Disconto-Gesellschaft, y Dresdner Bank (Bel, 2010). Como señala Crouzet (1961):

❝Las actividades más remuneradoras han sido devueltas a las empresas privadas en 1936 y 1937; el Estado era en 1933 el principal accionista de los grandes bancos y en 1937 liquida el total de sus participaciones.❞ (pp. 146).

Pero los nazis no solo privatizaron bancos, también se privatizó parcialmente la Deutsche Reichsbahn (ferrocarriles alemanes), en ese momento la empresa pública más grande del mundo (Bel, 2010). En 1936, Vereinigte Stahlwerke AG (United Steelworks), la segunda sociedad por acciones más grande de Alemania (la más grande era IG Farben), fue privatizada, curiosamente esta operación benefició a Fritz Thyssen (Bel, 2010). Vereinigte Oberschleschische Hüttenwerke AG, una empresa que controlaba toda la producción de metales en la industria del carbón y el acero de Alta Silesia fue privatizada (Bel, 2010). El Gobierno nazi también vendió una cantidad de compañías de construcción naval y navieras como Hansa Dampf, Hamburg-SüdAmerika y Deutschen Schiff-und Machisnenbau AG Bremen (Bel, 2010).

Las privatizaciones nazis afectaron a los ferrocarriles, al acero, a la minería, a la banca, a la construcción de barcos o a las compañías navieras (Bel, 2010). Los nazis nunca abocaron por la estatalización de la economía, al contrario, abocaron por la propiedad privada:

❝Las fuentes disponibles dejan perfectamente claro que el régimen nazi no quería en absoluto a la economía alemana con propiedad pública de muchas o todas las empresas. Por lo tanto, no tenía ninguna intención de nacionalizar empresas privadas o de crear empresas estatales. Por el contrario, la reprivatización de las empresas fue posible siempre que fue posible […] Las plantas de propiedad estatal debían evitarse siempre que fuera posible.❞ (Buchheim y Scherner, 2006, pp. 405-406).

En 1939 solo el 8,7% del capital del total de las sociedades por acciones y de las sociedades de responsabilidad limitada estaban en manos estatales en la Alemania nazi (Bettelheim, 1972). En 1938 solo el 5% de la riqueza nacional estaba en manos del Estado (Bettelheim, 1972).

La propiedad privada se respetó en la mayoría de los casos durante la Alemania nazi (Agosto, 2008). El propio Hitler declaró el 24 de marzo de 1942:

❝Insisto absolutamente en proteger la propiedad privada. […] Debemos promover la iniciativa privada.❞ (Hitler, 1953, pp. 294).

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Adolf Hitler, líder de la Alemania nazi, estrechando la mano al capitalista alemán Gustav Krupp von Bohlen y Halbach, propietario de la empresa privada Friedrich Krupp AG. Krupp luce la Goldene Parteiabzeichen der NSDAP (en español, Placa Dorada del NSDAP). 13 de agosto de 1940. Fotografía cortesía de Stapf Bilderdienst/Archivos Nacionales de los Países Bajos.

Muchos defensores de la tesis de que la Alemania nazi era socialista sostienen que, aunque existía propiedad privada de los medios de producción, esta estaba supeditada al Estado, es decir, era meramente nominal. Esto no es cierto, como señalan Buchheim y Scherner (2006):

❝La propiedad privada en la industria del Tercer Reich es a menudo considerada una mera disposición nominal sin mucha sustancia. Sin embargo, eso no es correcto, porque las empresas, a pesar del racionamiento y actividades de licenciamiento del Estado, todavía tenían amplio alcance para diseñar sus propios perfiles de producción e inversión. Incluso con respecto a proyectos relacionados con la guerra, la libertad de contratación se respetó en general; en lugar de usar la fuerza, el Estado ofreció a las empresas una serie de opciones de contrato para elegir. Había varios motivos detrás de esta actitud del régimen, entre ellos la convicción de que la propiedad privada proporciona incentivos importantes para aumentar la eficiencia.❞ (pp. 390).

Las empresas privadas durante la Alemania nazi tenían libertad para rechazar los proyectos estatales, sin ninguna consecuencia o sin temor a sufrir represalias o ser nacionalizadas. E incluso, en algunas ocasiones, como en el caso de Froriep GmbH, el Estado acataba las decisiones de las empresas privadas:

❝Las empresas normalmente podrían negarse a participar en un proyecto de inversión diseñado por el Estado, sin ninguna consecuencia. Hay bastantes casos en que lo hicieron, incluso después de la implementación del plan de cuatro años y el comienzo de la guerra, ambos considerados en algunas publicaciones como cruciales en la política económica del régimen. Y, de hecho, la retórica a veces pudo haberse vuelto más agresiva después de 1936. Pero el comportamiento real del Estado nazi en las relaciones con las empresas privadas parece no haber cambiado, porque las empresas continuaron actuando sin ningún tipo de temor a ser nacionalizadas o puestas de otra manera bajo una presión insoportable.

Así, de Wendel, una empresa minera de carbón, se negó a construir otra planta de hidrogenación en 1937. En la primavera de 1939 IG Farben rechazó una solicitud del Ministerio de Economía para ampliar su producción de rayón para el uso en neumáticos. Tampoco estaba preparado para invertir una cantidad sustancial en una tercera fábrica en Fürstenberg/Oder de buna (caucho sintético), aunque este era un proyecto de gran urgencia para el régimen. Otro ejemplo interesante es el de Froriep GmbH, una empresa que producía máquinas para el armamento y las industrias relacionadas con la autarquía, que también encontraron un mercado listo en el exterior. En la segunda mitad de la década de 1930 la demanda de los propósitos anteriores era tan alta que las exportaciones amenazaban con ser totalmente desplazadas. Por lo tanto, la compañía planificó una ampliación de la capacidad, pero solicitó al Reich que compartiera el riesgo otorgando un crédito subsidiado y permitiendo cargas de depreciación excepcionales para reducir su carga impositiva. Cuando la última demanda no fue aceptada al principio, la empresa reaccionó al negarse a invertir. Entonces, al final, el Estado se rindió por completo a las solicitudes de la empresa.❞ (Buchheim y Scherner, 2006, pp. 401-402).

Las empresas privadas actuaron con sus inversiones sabiendo que los nazis nunca implantarían un sistema económico socialista:

❝El comportamiento de las empresas en todos estos casos también demostró que previeron la eventual reducción del intervencionismo y de la demanda estatal, que conduciría a la reaparición de una economía de mercado y a una mayor competencia. Si hubiera sido de otra manera, la formación de expectativas a largo plazo diferente de las expectativas a corto plazo habría sido sin sentido. Por lo tanto, la industria misma no consideró que el desarrollo del sistema económico nazi se dirigía hacia la planificación central y el socialismo. Más bien, el papel muy importante del Estado en la preguerra y en la economía de guerra se consideraba relacionada con la guerra- y por lo tanto temporal.❞ (Buchheim y Scherner, 2006, pp. 405).

En 1939, solamente la empresa privada IG Farben controlaba el 25% de los trabajadores de la industria química alemana, el 33% del capital nominal de ese sector, el 33% de la producción y el 66% de las exportaciones, sin tener en cuenta sus filiales extranjeras en Suiza y Suecia o sus contratos con la Standard Oil (Crouzet, 1961). Los beneficios empresariales de las empresas privadas como Krupp o IG Farben crecieron considerablemente durante el nazismo:

Tabla 2: Beneficios de las empresas privadas alemanas IG Farben y Krupp, en millones de reichsmarks:

1933-19341935-19361938-1939193819391940
Krupp6,6514,3421,11
IG Farben47191240298

Fuente: Pauwels (2017).


Las filiales alemanas de las empresas privadas General Motors y Ford Motor Company poseían el 70% del mercado automovilístico alemán en 1939 (Agosto, 2008), además de suministrar material bélico a la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial (Agosto, 2008). Göring por su parte, dejó que las empresas privadas financiarían la industria de la aviación para que la iniciativa privada se fortaleciera (Buchheim y Scherner, 2006). Es por ello, que no era raro que empresas privadas de la aviación militar como Messerschmitt AG, Ernst Heinkel Flugzeugwerke AG o Junkers Flugzeug- und Motorenwerke AG fueran los principales proveedores de la Luftwaffe.

A diferencia de lo que se cree, la Alemania nazi no llevó una política autárquica, en cambio aumenta sus relaciones comerciales con distintos países como Bulgaria, Hungría, Grecia, Rumanía, Yugoslavia o Turquía (ver tabla 3 y tabla 4).

Tabla 3: Porcentaje de las importaciones alemanas en distintos países europeos:

BulgariaGreciaYugoslaviaTurquíaHungría
193422%19%16%15%20%
193858%32%50%51%48%

Fuente: Crouzet (1961).


Tabla 4: Porcentaje de las exportaciones dirigidas a Alemania de distintos países europeos:

BulgariaYugoslaviaTurquíaHungría
193430%8,5%13%12%
193863,5%50%47,5%50%

Fuente: Crouzet (1961).


También esto ocurre en Latinoamérica. Entre 1932 y 1937 el volumen de las exportaciones alemanas a esa región se cuadriplica y para 1936 Alemania se convierte en el principal proveedor de Chile y Brasil, así como el segundo de Perú, Bolivia, Venezuela, Guatemala y México (Crouzet1961).

La Alemania nazi aumentó sus relaciones comerciales con prácticamente todos los países, salvo excepciones como la Unión Soviética, durante el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial (ver tabla 5).

Tabla 5: Importaciones de la Alemania nazi en millones de reichsmarks (1934-1938):

Unión SoviéticaPolonia y DanzingFinlandiaEstoniaLetoniaLituaniaEstados UnidosReino UnidoAmérica del Sur
193422378,142,38,221,115,1372,7238,3a440,6
1935201,775,541,41331,12240,7558,6
193693,27446,113,833,29,1232,2536,5
193763,180,770,123,745,717,2281,9308,6850,3
193847,4109,488,62443,527,6404,6282,7809,7

a. 1933

Fuente: Hehn (2005).


La empresa privada estadounidense IBM ayudó mediante sus tarjetas perforadas a las autoridades nazis con la indentificacón de judíos durante el Holocausto (Agosto, 2008). Thomas Watson, presidente de la compañía IBM recibió la Cruz al Mérito del Águila Germana en 1937 (Agosto, 2008).

Vídeo 1: Fragmento del documental La corporación (2003):

Vídeo 2: Las empresas que colaboraron con Hitler de History Channel:

Por último, cabe destacar que los que realmente ganaron con la llegada de los nazis fueron los grandes capitalistas alemanes. Los salarios reales por hora de los trabajadores alemanes entre 1933 y 1939 crecieron solo alrededor de un 7,41% (Kirk, 1995), mientras que los salarios semanales reales crecieron cerca de un 20,11% (Kirk, 1995), esto fue el resultado del aumento de las horas de trabajo. Mientras tanto, el PIB per cápita en ese periodo creció un 54,53% (Maddison, 1997). El resto de crecimiento que no fue a parar a los salarios de los trabajadores fue, por defecto, al rendimiento del capital, que como se puede ver en esta gráfica del libro The Wages of Destruction: The Making and Breaking of the Nazi Economy (2006) de Adam Tooze (pp. 109), creció de forma espectacular durante el nazismo. Como resultado de esto, la desigualdad de ingresos rápidamente aumentó con los nazis. Entre 1933 y 1938, el 10% más rico de Alemania pasó de poseer el 11% de la renta nacional, a poseer el 16% (Atkinson y Piketty, 2007). Por su parte el 0,01% más rico, entre ellos los grandes capitalistas, pasaron, en el mismo periodo, de poseer el 1,25% de la renta nacional a poseer el 2,5%, un aumento del 100% (Atkinson y Piketty, 2007). El aumento en la desigualdad fue debido a que el rendimiento del capital fue mayor al crecimiento económico (r>g). Como señala Piketty (2014):

❝Es interesante señalar que la participación del decil superior progresó mucho en Alemania entre 1933 y 1938, totalmente a contracorriente de los demás países: esta situación refleja sobremanera el aumento de los beneficios industriales (estimulados por los pedidos gubernamentales a la industria de armamento) y, de manera más general, el restablecimiento de las jerarquías de ingresos características del periodo nazi.❞ (pp. 357).


  • Bibliografía:

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2 comentarios

  1. Cuando uno recuerda que la palabra “nazi” era una abreviatura para “der Nationalsozialistische Deutsche Arbeiters Partei” (en traducción española Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes), la identificación de Mises no podría parecer tan notable. Pues ¿qué debería uno esperar como sistema económico de un país gobernado por un partido con “socialista” en su nombre salvo socialismo?

    Sin embargo, aparte de Mises y sus lectores, prácticamente nadie piensa en la Alemania nazi como un estado socialista. Es mucho más común creer que representaba una forma de capitalismo, que es lo que han afirmado los comunistas y otros marxistas.

    La base de la afirmación de que la Alemania nazi era capitalista era el hecho de que la mayoría de las industrias en la Alemania nazi aparentemente quedaban en manos privadas.

    Lo que identificó Mises fue que la propiedad privada de los medios de producción existía solo nominalmente bajo los nazis y que la sustancia real de la propiedad de los medios de producción residía en el gobierno alemán. Pues era el gobierno alemán, y no los propietarios privados nominales, el que ejercía todos los poderes sustantivos de propiedad: él, no los propietarios privados, decidía que se iba a producir, en qué cantidad, por qué métodos y a quién se iba a distribuir, así como los precios que se cobrarían y los salarios que se pagarían y qué dividendos u otras rentas se permitiría percibir a los propietarios privados nominales. La posición de los supuestos propietarios privados, como demostró Mises. se reducía esencialmente a la de pensionistas del gobierno.

    La propiedad de hecho del gobierno de los medios de producción, como la llamaba Mises, estaba implícita lógicamente en principios colectivistas fundamentales adoptados por los nazis como que el bien común está por encima del bien privado y que el individuo existe como medio para los fines del Estado. Si el individuo existe como medio para los fines del Estado, por supuesto, lo mismo pasa con la propiedad. Igual que lo posee el Estado, su propiedad también la posee el Estado.

    Pero los que estableció concretamente el socialismo de hecho en la Alemania nazi fue la introducción de los controles de precios y salarios en 1936. Se impusieron como respuesta a la inflación de la oferta monetaria llevada a cabo por el régimen desde el momento de su llegada al poder a principios de 1933. El régimen nazi infló la oferta monetaria como medio de financiar el enorme aumento en el gasto público que requerían sus programas de obras públicas, subvenciones y rearme. Los controles de precios y salarios se impusieron en respuesta al aumento de los precios que empezó a producir la inflación.

    El efecto combinado de la inflación y los controles de precios y salarios es la escasez, es decir, una situación, en la que las cantidades de los bines que intenta comprar la gente exceden de las cantidades disponibles para comprar.

    A su vez, las escaseces se convierten en caos económico. No es solo que los consumidores que aparecen en las tiendas antes están en disposición de comprar todas las existencias y dejar sin nada a los clientes que lleguen más tarde (una situación a la que los gobiernos normalmente responden con racionamiento). Las escaseces generan caos en todo el sistema económico. Introducen arbitrariedad en la distribución de suministros entre áreas geográficas, en la asignación de un factor de producción entre sus diferentes productos, en la asignación de trabajo y capital entre las distintas ramas del sistema económico.

    A la vista de la combinación de controles de precios y escasez, el efecto de una disminución en la oferta de una cosa no es, como pasaría en un mercado libre, aumentar su precio e incrementar su rentabilidad, operando así para detener la disminución de la oferta o invertirla si ha ido demasiado lejos. Los controles de precios impiden el aumento en la oferta al reducir el precio y la rentabilidad. Cuando hay una escasez, el efecto de un aumento en la oferta es simplemente una reducción en la severidad de la escasez. Solo cuando se elimina totalmente la escasez, un aumento en la oferta necesita una disminución en el precio y genera una disminución en la rentabilidad.

    Como consecuencia, la combinación de controles de precios y escasez hace posible movimientos aleatorios de la oferta sin ningún efecto en los precios y la rentabilidad. En esta situación, la producción de los bienes más triviales y poco importantes, incluso las mascotas de piedra, puede expandirse a costa de la producción de los bines más urgentemente necesitados e importantes, como medicinas que salven vidas, sin efecto en el precio o la rentabilidad e cada bien. Los controles de precios impedirían que la producción de medicinas se hiciera más rentable al disminuir su oferta, mientras que una escasez incluso de mascotas de piedra impediría que su producción se hiciera menos rentable al aumentar su oferta.

    Como demostró Mises, para ocuparse de los efectos no pretendidos de sus controles de precios, el gobierno debe o bien abolir los controles de precios o añadir más medidas, como precisamente el control sobre lo que se está produciendo, en qué cantidad, por qué métodos y a quién se distribuye, a lo que me referí antes. la combinación de controles de precios con su mayor serie de controles constituye la socialización de hecho del sistema económico. Pues significa que el gobierno ejercita entonces todos los poderes sustantivos de propiedad.

    Éste fue el socialismo instituido por los nazis. Y Mises lo llama el socialismo de patrón alemán o nazi, frente al socialismo más evidente de los soviético, al que llama socialismo de patrón ruso o bolchevique.

    Por supuesto, el socialismo no acaba con el caos causado por la destrucción del sistema de precios. Y si se introduce sin la existencia previa de controles de precios, su efecto es iniciar el propio caos. Porque el socialismo no es realmente un sistema económico positivo. Es meramente la negación del capitalismo y su sistema de precios. Como tal, la naturaleza esencial del socialismo es una y la misma que el caos económico que resulta de la destrucción del sistema de precios por controles de salarios y precios. (Quiero apuntar que la imposición del socialismo del estilo bolchevique de un sistema de cuotas de producción, que incentiva siempre exceder la cuotas, es una fórmula segura para una escasez universal, igualo que la que existe bajo todos los controles de precios y salarios).

    Como mucho, el socialismo simplemente cambia la dirección del caos. El control público sobre la producción puede hacer posible una mayor producción de algunos bienes de especial importancia para él, pero lo hace solo a costa de crear el caos en el resto del sistema económico. Esto pasa porque el gobierno no tiene forma de conocer los efectos en el resto del sistema económico de su aseguramiento de la producción de bienes a los que atribuye una importancia especial.

    Los requisitos de aplicar un sistema de control de precios y salarios dan mucha luz sobre la naturaleza totalitaria del socialismo (por supuesto, más evidentemente en la variante alemana o nazi, pero también en la del socialismo al estilo soviético).

    Podemos empezar por el hecho de que el interés propio de los vendedores que operan bajo controles de precios es evadir los controles de precios y aumentar sus precios. Los compradores, incapaces de otra forma de obtener bienes, están dispuestos a pagar estos precios más altos como medio de de conseguir los bienes que quieren. En estas circunstancias, ¿qué va a impedir que aumenten los precios y se desarrolle un mercado negro masivo?

    La respuesta es una combinación de sanciones severas combinadas con una gran probabilidad de ser atrapado y luego sufrir realmente esas sanciones. Unas simples multas no es probable que supongan una gran disuasión. Se considerarían solo como un gasto de negocio adicional. Si el gobierno es serio respecto de los controles de precios, es necesario que imponga sanciones comparables a las de un delito grave.

    Pero la mera existencia de dichas sanciones no basta. El gobierno tiene hacer realmente peligroso realizar transacciones en el mercado negro. Tiene que hacer que la gente tema realizar tales transacciones que pudieran ser descubiertas de algún modo por la policía y acaben realmente en prisión. Para crear ese miedo, el gobierno debe desarrollar un ejército de espías e informadores secretos. Por ejemplo, el gobierno debe hacer temer al vendedor y a los clientes que si realizan una transacción de mercado negro, algún otro cliente en la tienda pueda denunciarles.

    A causa de la privacidad y secreto con que deben realizarse muchas transacciones del mercado negro, el gobierno debe asimismo hacer que todo el que vea una operación del mercado negro temeroso de que la otra parte resulte ser un agente policial tratando de encarcelarle. En gobierno debe hacer que la gente tema incluso a sus socios más veteranos, incluso a sus amigos y parientes, no sea que resulten ser informadores.

    Y finalmente, para obtener condenas, el gobierno debe poner la decisión acerca de la inocencia o culpabilidad en el caso de las transacciones de mercado negro en manos de un tribunal administrativo o sus agentes de policía en el momento. No puede confiar en juicios con tribunales, porque es improbable que puedan encontrarse muchos jurados dispuestos a dar veredictos de culpabilidad en casos en el un hombre tenga que ir a la cárcel por muchos años por el delito de vender unas pocas libras de carne o un par de zapatos por el encima del precio máximo.

    Por tanto, en resumen, los requisitos simplemente para aplicar las regulaciones de control de precios son la adopción de las características esenciales de un estado totalitario, es decir, el establecimiento de la categoría de “delitos económicos”, en la que la búsqueda pacífica del interés propio se considera un delito criminal, y el establecimiento de un aparato policial totalitario lleno de espías e informadores y el poder de un arresto y prisión arbitrarios.

    Está claro que la aplicación de controles de precios requiere un gobierno similar al de la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin, en los que prácticamente cualquiera podía resultar ser un espía policial y en los que existe una policía secreta que tiene el poder de arrestar y encarcelar a la gente. Si el gobierno no está dispuesto a llegar tan lejos, entonces, hasta ese punto, sus controles de precios resultarán inaplicables y sencillamente no funcionarán. Entonces el mercado negro asume proporciones enormes. (Por cierto, que nada de esto sugiere que los controles de precios fueran la causa del reino de terror institutito por los nazis. Los nazis empezaron su reino de terror mucho antes de la aprobación de los controles de precios. Por consiguiente, aprobaron controles de precios en un entorno listo para su aplicación por la fuerza).

    La actividad del mercado negro conlleva la comisión de más delitos. Bajo el socialismo de hecho, la producción y venta de bienes en el mercado negro conlleva el desafío de las regulaciones públicas respecto de la producción y distribución, así como el desafío a sus controles de precios. Por ejemplo, los propios bienes que se venden en el mercado negro pretendía el gobierno que se distribuyeran de acuerdo con su plan y no en el mercado negro. Los factores de producción utilizados para producir esos bienes igualmente pretendía el gobierno que se utilizaran de acuerdo con su plan y no para el fin de aprovisionar el mercado negro.

    Bajo un sistema de socialismo de derecho, como el que existía en la Rusia soviética, en el que el código legal del país hace abierta y explícitamente al gobierno del país el propietario de todos los medios de producción, toda actividad de mercado negro conlleva necesariamente el uso indebido o el robo de la propiedad del estado. Por ejemplo, se consideraba que los trabajadores o directores de fábricas de la Rusia soviética que se llevaban productos que vendían en el mercado negro estaban robando las materias primas proporcionadas por el estado.

    Además, en cualquier tipo de estado socialista, nazi o comunista, el plan económico del gobierno es parte de la ley suprema del territorio. Todos tenemos una buena idea de lo caótico que es el llamado proceso planificador del socialismo. Su mayor distorsión por trabajadores y directores drenando materiales y suministros para producir para le mercado negro, es algo a lo que un estado socialista está lógicamente autorizado a considerar como un acto de sabotaje de su plan económico nacional. Y como sabotaje es como lo considera cualquier código legal de un estado socialista. Coherentemente con este hecho, la actividad del mercado negro en un país socialista a menudo conlleva la pena capital.

    Creo que un hecho fundamental que explica el reino absoluto de terror que se encuentra en el socialismo es el increíble dilema en el que se sitúa un estado socialista en relación con las masas de sus ciudadanos. Por un lado, asume una responsabilidad completa del bienestar económico individual. El socialismo al estilo ruso o bolchevique reconoce abiertamente esta responsabilidad: es la fuente principal de su atractivo popular. Por otro lado, de todas las formas que puedan imaginarse, un estado socialista resulta una chapuza increíble en esta tarea. Hace de la vida del individuo una pesadilla.

    Todos los días de su vida, el ciudadano de un estado socialista debe gastar tiempo en colas de espera inacabables. Para él, los problemas que experimentaron los estadounidenses en relación con las escaseces de gasolina en la década de 1970 son normales, solo que no los experimenta en relación con la gasolina (pues no posee un coche y no tiene esperanza de tener nunca ninguno), sino en relación con las cosas sencillas de la vestimenta, de las verduras e incluso del pan. Aún peor es que se le obliga frecuentemente a trabajar en un empleo que no ha elegido y que por tanto debe indudablemente odiar. (Pues bajo la escasez, el gobierno decide la asignación del trabajo igual que hace con la asignación de los factores de producción). Y vive en una condición de increíble hacinamiento, que apenas deja posibilidades de privacidad. (A la vista de la escasez de vivienda, se asignan huéspedes a las casas; se obliga a las familias compartir pisos. Y se adopta un sistema de pasaportes y visados internos para limitar la severidad de la escasez de vivienda en las zonas más deseables del país). Por decirlo suavemente, una persona obligada a vivir en esas condiciones debe bullir de resentimiento y hostilidad.

    Entonces, ¿contra quién sería más lógico que los ciudadanos de un estado socialista dirijan su resentimiento y hostilidad que contra el mismo estado socialista? El mismo estado socialista que ha proclamado su responsabilidad por su vida, le ha prometido una vida de felicidad y es de hecho responsable de una vida infernal. De hecho, los líderes de un estado socialista viven un dilema mayor, ya que cada día animan al pueblo a creer que el socialismo es un sistema perfecto, cuyos malos resultados solo pueden ser obra de gente malvada. Si eso fuera verdad, ¿quiénes podrían ser razonablemente esos hombres malvados, salvo los propios gobernantes, que no solo han hecho infernales sus vidas, sino que han pervertido un sistema supuestamente perfecto para hacerlo?

    De esto se deduce que los gobernantes de un estado socialista deben vivir aterrorizando a la gente. Por la lógica de sus acciones y sus enseñanzas, el bullente resentimiento del pueblo puede hacerle levantarse y tragárselo en una orgía de sangrienta venganza. Los gobernantes sienten esto, incluso aunque no lo admitan abiertamente, y por tanto su mayor preocupación es siempre mantener a raya a la ciudadanía.

    Consecuentemente, es verdad por muy inadecuado decir simplemente cosas como que al socialismo le falta la libertad de prensa y de expresión. Por supuesto, le faltan estas libertades. Si el gobierno posee todos los periódicos y editoriales, si decide para qué fines va a estar disponibles el papel, entonces evidentemente nada puede imprimirse que el gobierno no quiera que se imprima. Si posee todas las salas de reuniones, no puede realizarse ninguna conferencia o discurso público que el gobierno no quiera que se realice. Pero el socialismo va mucho más allá de la mera falta de libertad de prensa y expresión.

    Un gobierno socialista aniquila totalmente estas libertades. Convierte a la prensa y a cualquier foro público en un vehículo de propaganda histérica en su favor y se dedica a la incansable persecución de todo el que se atreve a desviarse un centímetro de su línea oficial del partido.

    La razón de estos hechos es el terror del pueblo de los gobernantes socialistas. Para protegerse, deben ordenar que el ministro de propaganda y la policía secreta trabajen constantemente. Uno, para desviar continuamente la atención del pueblo de la responsabilidad del socialismo, y de los gobernantes del socialismo, por la miseria del pueblo. La otra, para secuestrar y silenciar a cualquiera que pueda sugerir siquiera sea remotamente la responsabilidad del socialismo o de sus gobernantes (secuestrar a cualquiera que empiece a mostrar señales de pensar por sí mismo). Es a causa del terror de los gobernantes y su desesperada necesidad de encontrar cabezas de turco para los fracasos del socialismo, por lo que la prensa de un país socialista está siempre llena de historias acerca de conspiraciones y sabotajes extranjeros y acerca de la corrupción y mala dirección por parte de los oficiales subordinados y por lo que es necesario destapar periódicamente conspiraciones nacionales a gran escala y sacrificar a altos funcionarios y facciones completas en purgas gigantescas.

    A causa de su terror y su desesperada necesidad de aplastar cualquier respiro incluso de una potencial oposición, los gobernantes del socialismo no se atreven a permitir ni siquiera actividades puramente culturales que no estén bajo el control del estado. Pues si la gente va a reunirse para un espectáculo artístico o un recital de poesía que no esté controlado por el estado, los gobernantes deben temer la diseminación de ideas peligrosas. Cualquier idea no autorizada es una idea peligrosa, porque puede llevar al pueblo a empezar a pensar por sí mismo y por tanto empezar a pensar acerca de la naturaleza del socialismo y sus gobernantes. Los gobernante debe temer la reunión espontánea de un puñado de personas en una sala y utilizar la policía secreta y su aparato de espías, informadores y terror o para detener esas reuniones o para asegurarse de que su contenido es completamente inocuo desde el punto de vista del estado.

    El socialismo no puede prevalecer mucho tiempo excepto bajo el terror. Tan pronto como se relaja el terror, el resentimiento y la hostilidad empiezan lógicamente a brotar contra los gobernantes. Así que la situación esta lista para la revolución o la guerra civil. De hecho, en ausencia de terror o, más correctamente, de un suficiente grado de terror, el socialismo se caracterizaría por una serie inacabable de revoluciones y guerras civiles, ya que cada nuevo grupo de gobernantes resultarían tan incapaces de hacer que el socialismo funcionara con éxito como sus antecesores. La consecuencia inevitable a realizar es que el terror realmente experimentado en los países socialistas no era simplemente obra de hombres malvados, como Stalin, sino que deriva de la naturaleza del sistema socialista. Stalin podría pasar a primer plano porque su inusual voluntad y astucia en uso del terror eran las características concretas más necesarias para un gobernante socialista para mantenerse en el poder. Subió al poder por un proceso de selección natural socialista: la selección de los peores.

    Tengo que advertir acerca de una posible mala comprensión respecto de mi tesis de que el socialismo es totalitario por su naturaleza. Esto afecta a los países supuestamente socialistas gobernados por socialdemócratas, como Suecia y los demás países escandinavos, que está claro que no son dictaduras totalitarias.

    En esos casos, es necesario apreciar que al tiempo que estos países no son totalitarios, tampoco son socialistas. Sus partidos gobernantes pueden propugnar el socialismo como su filosofía o su objetivo último, pero no es el socialismo lo que han implantado en su sistema económico. Su sistema económico real es el de una economía intervenida de mercado, como la llamaba Mises. Aunque más intervenida que la nuestra en aspectos importantes, su sistema económico es esencialmente similar al nuestro, en que la fuerza motriz característica de la producción y la actividad económica no es el decreto del gobierno, sino la iniciativa de los propietarios privados motivada por la perspectiva de un beneficio privado.

    La razón por la que los socialdemócratas no establecen el socialismo cuando llegan al poder es que no están dispuestos a hacer lo que hace falta. El establecimiento del socialismo como sistema económico requiere un acto masivo de robo (deben apropiarse los medios de producción de sus propietarios y entregarse al estado). Dicha apropiación es prácticamente seguro que provocaría una resistencia importante por parte de los propietarios, resistencia que solo puede superarse por el uso de fuerza masiva.

    Los comunistas estaban y están dispuestos a aplicar dicha fuerza, como evidenciaba la Rusia soviética. Su carácter es el de los ladrones armados dispuestos a matar si es necesario para realizar el robo. Por el contrario, el carácter de los socialistas se parece más al de los rateros, que pueden hablar de dar un gran golpe algún día, pero en realidad no están dispuestos al homicidio necesario, así que renuncian ante la más mínima señal de resistencia seria.

    Respecto de los nazis, generalmente no tenían que matar para incautarse de la propiedad de otros alemanes que no fueran judíos. Esto pasó porque, como hemos visto, establecieron el socialismo furtivamente, a través de controles de precios, que servían para mantener el disfraz externo y apariencia de propiedad privada. Los propietarios privados se veían así desprovistos de su propiedad sin saberlo y por tanto no sentían la necesidad de defenderla por la fuerza.

    Creo haber demostrado que el socialismo (el socialismo real) es totalitario por su propia naturaleza.

  2. Vamos, que intentáis contarnos que llegaron al poder diciendo que eran socialistas y cuando llegaron renegaron de ello. ¿Y qué diferencia hay en esto con el socialismo actual?

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