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Vídeo | Daniel, con cáncer avanzado y obligado a caminar por prescripción médica, increpado por sus vecinos: ¡Muérete!

La historia de Dani va desde lo más miserable del ser humano hasta la esperanza de que queda una brizna de bondad y reparación.

La historia de Dani va desde lo más miserable del ser humano hasta la esperanza de que queda una brizna de bondad y reparación.

Daniel Martínez, o Daniel Sam como le gusta que le llamen, tiene 45 años y padre de dos niñas de 10 y 6 años. Tiene cáncer avanzado con una perspectiva de vida, según los médicos, de un año.

Desde la aplicación del estado de alarma para evitar el contagio del coronavirus no se puede salir a la calle, pero en Barcelona Dani sale cada día a andar sin bolsas de la compra ni tampoco ningún perro para pasear. “Tengo coágulos en las piernas y me han mando que camine”, explica en un vídeo que se ha hecho viral.

Anda, e incluso se sienta alguna vez en algún banco a descansar, cuando su cuerpo maltratado por la enfermedad no le deja seguir. En una de esas veces que se sentó, relata que “todo mi puto barrio ha salido a insultarme. Gente en los balcones gritando: ‘¡Muérete! Insolidario. Pones en peligro la vida de los demás’”.

Dani hizo este vídeo para explicar que tiene que andar mucho porque tiene tendencia a desarrollar coágulos y, si no mueve las piernas, puede tener una embolia. “He querido hacer un llamamiento a la reflexión de la gente, que se pregunten que esa persona tiene una razón de peso para estar ahí en pleno estado de alarma. Quería que comprendieran que la situación es complicada, que debo salir a caminar. De todo esto quiero sacar lo bueno y que mis hijas estén orgullosas de su padre”, explica.

“¿La vida vuestra pongo en peligro? ¿Creéis que con el frío a las 9 de la noche me apetece salir con dolor a ningún sitio, no ver a nadie o no tomarme nada tengo que aguantar que la masa me diga “muérete”? Si solo tengo que esperar”, lamenta en el vídeo.

El vídeo ha cumplido su función y ha llegado a donde tenía que llegar. Ya no lo regañan desde los balcones y ahora sus vecinos lo aplauden cada vez que sale a estirar las piernas. «La historia ha cambiado totalmente y es muy bonita Ahora «la masa» nos trae el desayuno a casa, nos apoya en todo,etc..», nos cuenta.

Esta es una historia de sufrimiento durante el confinamiento, pero también es una llamada a la atención para que seamos más comprensivos, que preguntemos antes de gritar, que cada persona tiene un mundo dentro y cada relato es único. Dani nos ha enseñado también que queda una brizna de esperanza y empatía entre la población y que los errores pueden corregirse. Te deseamos lo mejor, compañero. Gracias por todo.

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