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La extrema crueldad de la violencia vicaria: Anna y Olivia, Asunta, Gabriel, Ruth y José…

La violencia vicaria es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la madre, y se suele ejercer haciendo daño a los hijos.

La violencia vicaria es esa violencia que se ejerce sobre los hijos de la pareja o matrimonio por el hombre, con el fin último de hacer daño a la mujer. Los menores pueden ser objeto de maltrato físico o psicológico; así como ser asesinados para infringir a la madre el máximo dolor posible. «Te daré en donde más te duele».

El término violencia vicaria lo acuñó la psicóloga clínica Sonia Vaccaro hace casi una década. Es una violencia secundaria para amenazar a la víctima principal, que es la madre. Cuando estas amenazas se cumplen, los niños se convierten en indefensas víctimas de esta otra cara de la la violencia machista: Son filicidios por venganza o utilitaristas. Es la violencia vicaria.

La violencia vicaria es un tipo de violencia contra la mujer, una de las más dolorosas, que es silenciosa y que solo se suele evidenciar cuando se dan desenlaces terribles como ha sucedido en el conocido como ‘Caso Bretón’. Es una expresión del maltrato de género extremadamente cruel y sádico en la que la muerte del menor es utilizada como un mero instrumento de tortura y venganza

El objetivo del agresor en estos casos es deshumanizar a los hijos y utilizarlos como mero instrumento a través del que hacer daño a la madre.

Asimismo, se incluye como violencia vicaria la instrumentalización de otros colectivos vulnerables sujetos a la tutela o guarda y custodia de la mujer víctima de violencia de género, como pueden ser las personas mayores, las personas con discapacidad o en situación de dependencia.

Violencia vicaria

Olivia y Anna

Según han confirmado fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC), el cuerpo hallado este jueves a una profundidad de 1.000 metros en las costas de Tenerife es el cuerpo de Olivia Gimeno Zimmermann, la mayor de las dos hermanas secuestradas por su padre hace más de un mes. El cuerpo de Olivia se encontraba en el interior de una bolsa de deportes que estaba atada a la cadena y al ancla de la lancha de su padre, el presunto asesino Tomás Gimeno. Junto a esa bolsa, había otra bolsa vacía. El cadáver fue trasladado a tierra sobre las 18.00 y llevado al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en San Cristóbal de La Laguna Las autoridades aún buscan a Olivia y a su padre por mar y tierra.

Tal y como denunció Beatriz, la madre de Olivia y Anna, Tomás Gimeno no aceptaba que sus hijas convivieran con ella y el empresario belga que se había convertido en su nueva pareja. Le costó digerir la separación y más aún la aparición del novio de Beatriz, de 60 años. «No quiero que ese viejo cuide a mis hijas», repetía el presunto asesino. Un claro caso de violencia vicaria.

Gabriel, Asunta, Ruth y José…

En los últimos años, España ha sido testigo de trágicos desenlaces de otras desapariciones de niños de muy corta edad, que fueron encontrados sin vida tiempo después tras ser asesinados por un familiar, ya sea padre o madre.

El caso Bretón sucedió en Córdoba. Los niños Ruth y José, de seis y dos años, desaparecieron y su padre, José Bretón, fue finalmente condenado a 40 años de prisión por su asesinato. Sus cadáveres fueron calcinados por este mismo, sin apenas dejar restos identificables de los menores. La Audiencia Provincial de Córdoba condenó finalmente el 22 de julio de 2013 a José Bretón a 40 años de cárcel por un doble asesinato donde mediaron como agravantes el parentesco, la premeditación y el carácter despiadado demostrado por Bretón en la ejecución de los hechos. En marzo de 2015 la condena se vio rebajada hasta un máximo de 25 años.

Ana Julia Quezada fue condenada a prisión permanente revisable por el asesinato de Gabriel Cruz, un niño de ocho años, ocurrido en Almería el 27 de febrero de 2018. Ella era la pareja del padre, que pidió al pequeño que le acompañara a la finca de Rodalquilar. Fue allí donde, según la sentencia, «logró vencer su resistencia y provocar su fallecimiento». La propia Quezada colaboró en el proceso de búsqueda.

Los padres adoptivos de la pequeña Asunta Basterra, de 12 años, denunciaron la desaparición de la menor en 2013, y el 12 de noviembre de 2015, la Audiencia Provincial de A Coruña condenó a los progenitores a 18 años de prisión por asesinato. Funcionarios de la cárcel de Brieva (Ávila) encontraron muerta en su celda, colgada de un cinturón de tela atado a la ventana, a Rosario Porto, la madre.

En el caso Godella, Gabriel y María, los padres de los niños asesinados en Godella (Valencia), fueron condenados como culpables del crimen cometido sobre los dos pequeños en la noche del 14 de marzo de 2019. Los forenses que practicaron la autopsia a los dos niños asesinados por sus padres en un ritual en una casa de campo dictaminaron que los menores murieron tras impactos «repetitivos» y con una «tremenda violencia».

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