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Una ciencia democrática es una ciencia inclusiva

Grabación del corto del humor y divulgación Mitos y Hechos de la Prehistoria. Author provided

Quienes hacemos divulgación científica a menudo asumimos que llegamos a todo el mundo. Nos gusta pensar que llevamos la ciencia a toda la sociedad. Pero la verdad es que esto rara vez se cumple y está muy lejos de la realidad. Habitualmente se divulga para algunos sectores concretos, que casi siempre son los mismos. Nos referimos a familias de clase media y alta que ya tienen un interés previo y al público escolar a través de los canales educativos.

Lógicamente, no tiene nada de malo trabajar con estos sectores. Pero no podemos asumir que con ello estamos llevando el conocimiento y el pensamiento científico al conjunto de la sociedad. Tras acumular mucha experiencia en divulgación hemos constatado que hay grupos que rara vez se acercan a la divulgación. Por ejemplo, la población inmigrante, otras personas en riesgo de exclusión social, colectivos tradicionalmente marginados como el pueblo gitano, personas con discapacidad intelectual, motora o sensorial, la población penitenciaria, las personas hospitalizadas en tratamientos de larga duración, o en residencias por dolencias como la enfermedad de Alzheimer, y un largo etcétera.

¿Por qué sucede esto? Pues hay muchísimas razones, pero nosotros vamos a centrarnos en aquellas que conocemos y sobre las que aportamos nuestro granito de arena para conseguir una divulgación democrática e inclusiva.

El peligro de hacer siempre lo mismo

En primer lugar, están nuestras propias dinámicas en investigación y en divulgación. Tenemos unas ciertas rutinas e ideas preconcebidas sobre cómo llevar a cabo esos procesos. Existen unos cauces y unos medios predeterminados, que nos resultan más accesibles y cercanos. ¿Y qué sucede? Pues que, por defecto, si no le dedicamos una reflexión específica, siempre acabamos en terrenos conocidos. Por desgracia, en esos cauces más estandarizados nunca están presentes los grupos que hemos mencionado. Así nunca llegaremos a ellos.

La solución pasa, como se puede intuir, por realizar una reflexión profunda antes de plantear el programa divulgativo. Es necesario pensar qué grupos tenemos a nuestro alrededor pero nunca acuden a las acciones, y no son nuestro público objetivo.

Tenemos que hacer un esfuerzo consciente por identificar esos grupos y por diseñar actividades en las que puedan y quieran participar. Lógicamente, esto, requiere un trabajo previo con esos colectivos.

En nuestro caso, a pesar de que nuestro centro de investigación está en el barrio del Raval en Barcelona, descubrimos que las personas que viven en esa zona rara vez venían a los eventos para el público. Ni siquiera nos conocían. Así, las comunidades y grupos locales, que incluyen mucha población de la tercera edad, migrantes y del pueblo gitano, nunca estaban en las actividades divulgativas.

Esto nos lleva al segundo problema. Esas personas y grupos a menudo tienen la idea preconcebida de que la ciencia no es para ellos y ellas, y no pintan nada allí. Piensan que es algo que no les importa, o en lo que no tienen nada que decir. Pero esos presupuestos son falsos: todas las personas de una sociedad democrática tienen derecho a conocer la ciencia y a participar de sus beneficios. También tienen derecho a decidir, como parte de la ciudadanía que son, sobre la política científica.

Nuestra responsabilidad, la de quienes hacemos divulgación, es transmitir esas ideas.

Imagen de los autores realizando un taller escolar.
Imagen de los autores realizando un taller.

El tercer problema es la falta de confianza sistémica por la cual asumimos que es imposible la divulgación en ciertos grupos y colectivos. Es decir, a menudo se cree que no es posible explicar la ciencia o el pensamiento científico-crítico a uno u otro tipo de personas, de una forma que sea valioso para ese colectivo. Este es un prejuicio compartido por el personal investigador, los especialistas en divulgación y el público destinatario de las acciones en general. Es algo que todos y todas hemos pensado, por desgracia, en algún momento sobre algún grupo o colectivo particular.

En nuestra experiencia, no solo es posible hacer esa divulgación, sino que es, además, extremadamente positivo y enriquecedor para todas las personas implicadas. No decimos que sea sencillo, pero una vez que se diseñan y se prueban las herramientas divulgativas y la metodología adecuada, es posible hacer divulgación para toda clase de personas y grupos.

Preparación y realización de las Marionetas del Neolítico por la comunidad gitana del Raval.

Varios casos de éxito

En nuestro caso hemos utilizado muy diversas iniciativas y herramientas divulgativas. Por ejemplo, un teatro de marionetas sobre el Neolítico y la arqueología, para implicar a personas de la tercera edad, mujeres jóvenes gitanas, y escolares de primaria de comunidades inmigrantes.

También, talleres de cocina para la inserción laboral de jóvenes en riesgo de exclusión social, que vinculamos a la alimentación en la prehistoria.

O un corto de humor y divulgación sobre tópicos del Paleolítico y el Neolítico. O talleres para alumnos de centros educativos que están situados en el interior de prisiones.

Corto de humor y divulgación Hechos y Mitos de la Prehistoria, por Institución Milá y Fontanals de investigación en Humanidades (CSIC-IMF), Grup Cooperatiu TEB y Cheapfilms.

O, por poner un último ejemplo, el uso de herramientas sensoriales (trabajo cerámico, aromas, elementos táctiles, etc.) para explicar la prehistoria a personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer.

Existen cada vez más experiencias y proyectos como los nuestros que buscan esta divulgación para toda la sociedad: iniciativas que trabajan con colectivos con discapacidad intelectual (PDICiencia), con personas con discapacidades sensoriales (Astronomía Accesible), etc. Sin duda esos ejemplos servirán de inspiración a otras personas y equipos para llevar a cabo una divulgación más inclusiva y democrática.

The Conversation

Millán Mozota Holgueras recibe fondos de la FECYT-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FCT-19-14670) y es miembro de la Asociación de Interés Público Ayudar Jugando.

Juan Gibaja recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Proyecto I+D (PID2020-112513RB-I00)

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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