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Pandemia: la formación en Salud Pública, una necesidad cada vez más evidente

Shutterstock / Gorodenkoff

Parece que vamos saliendo en nuestro entorno de la pandemia causada por el SARS-Cov2. Es el momento de empezar a prepararse para la próxima que se producirá, con la regularidad estadística de este tipo de eventos, en un plazo de entre 10 y 15 años.

La situación global causada por el coronavirus ha suscitado numerosas reacciones en diversos campos. Los avances de la medicina para tratar las complicaciones asociadas a la enfermedad han sido notables. Además, el desarrollo de nuevas vacunas para frenar su expansión ha resultado también asombroso.

Sin embargo, a pesar de que el apoyo de la ciencia permite vislumbrar el final de este periodo, hay una impresión generalizada de que no se ha hecho todo lo que se debía, como se debía y cuando se debía.

Una crisis de abordaje multidisciplinar

La enfermedad causada por el patógeno en cada enfermo individual es un problema médico. Pero la enfermedad que se derrama sobre la comunidad es un problema de otra índole diferente. Es decir, una pandemia producida por un nuevo patógeno es un problema de Salud Pública.

Las enfermedades infecciosas seguirán presentes en nuestra sociedad permanentemente. El contacto con mamíferos y aves, la vida en densas comunidades urbanas, la gran movilidad de personas y mercancías alrededor del mundo favorecen la aparición de nuevos patógenos y su diseminación rápida a escala global.

Cuando el nuevo microorganismo invasor es poco virulento, se producirá una dispersión silenciosa o poco ruidosa. Cuando el patógeno presenta una mayor virulencia, el problema se tornará mundial. Como ha ocurrido.

Los agentes infecciosos son probablemente el principal factor selectivo de origen biológico para nuestra especie. Al mismo tiempo, paradójicamente, nuestra salud individual y colectiva depende de muchos otros microorganismos que forman parte de nuestro ecosistema y cuya dinámica también se ve afectada por las epidemias y por las medidas que tomamos para luchar contra ellas.

En el momento que surge una pandemia, hay una cascada de consecuencias que afecta a diversos ámbitos de la vida cotidiana: el número de contagios aumenta, los sistemas sanitarios se colapsan, la actividad económica se detiene, los flujos de personas y bienes se ralentizan o detienen, la información –en esta época de redes sociales– se resiente y se mezclan la propaganda y el miedo con los datos científicos y con las consideraciones éticas y políticas.

Los recursos se agotan y se toman decisiones que, en muchos casos, parecen fruto de la improvisación. La sociedad tiende a desconfiar de sus autoridades y esto dificulta el control de la pandemia. El abordaje de todos estos matices requiere una estrategia conjunta que incluye medidas médicas, sanitarias, económicas, políticas e informativas, entre otras.

Así nos han ayudado los avances en epidemiología

Por otra parte, la vigilancia epidemiológica requiere esfuerzos científicos y económicos de gran envergadura. Pero es necesaria para la detección de nuevos patógenos, para el seguimiento de los microorganismos que forman parte de nuestro ecosistema y para el desarrollo de nuevas vacunas y estrategias de vacunación.

Sin embargo, como en el caso de otras medidas de Salud Pública, estos esfuerzos son menos percibidos por la sociedad cuanto más efectivos son.

Por último, los avances combinados de la genética, genómica y la ciencia de datos dan lugar a una nueva genómica poblacional que informa sobre la prevalencia de factores genéticos asociados a riesgos de patologías y susceptibilidades en la comunidad en el momento actual y en el futuro.

Para este abordaje multidisciplinar es necesario contar con profesionales formados específicamente. Además, también es imprescindible tener un cuerpo de reflexión e investigación capaz de prever problemas y de plantear soluciones.

Formación en Salud Pública para prevenir problemas epidemiológicos

En definitiva, esta pandemia nos muestra la necesidad de contar con estudios formativos específicos en Salud Pública a nivel de grado en nuestras universidades. Esta pandemia, también, nos da la oportunidad de mostrar a la sociedad la conveniencia del esfuerzo que requiere la Salud Pública y de su importancia para garantizar nuestro modo de vida.

La Salud Pública, por otra parte, no es sólo la prevención de enfermedades infecciosas epidémicas, sino que comprende otros campos entre los que se incluyen, de forma no exhaustiva, las patologías no infecciosas asociadas a estilos de vida, la economía, sociología y educación para la salud, las políticas de salud pública, y la gestión de riesgos y su comunicación a la sociedad.

No es este el lugar ni el momento de desarrollar un currículum provisional para un grado universitario de estas características. Pero sí lo es para señalar la urgencia de tener personal preparado de forma multidisciplinar para hacer frente, no solo a la próxima pandemia infecciosa, sino a otros problemas epidémicos más locales. También a otros problemas de Salud Pública no infecciosos que afectan a nuestra sociedad.

Es el momento de ser proactivos y de poner en marcha los estudios universitarios de Salud Pública no como especialidad, sino como núcleo central de la formación de los especialistas que nos ayudarán a superar emergencias y a mejorar la calidad de vida de la comunidad.

The Conversation

Antonio G. Pisabarro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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