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Lo que ocultaban los guiños del expresidente Rajoy

Mariano Rajoy, en 2013, siendo presidente del Gobierno de España, atiende a medios de comunicación. Wikimedia Commons / European People's Party, CC BY-SA

En enero de 2014, un diario económico desveló lo que parecían intentos del entonces presidente Mariano Rajoy de ocultar información. El periodista aseguraba que en las ruedas de prensa guiñaba el ojo izquierdo cuando no era totalmente sincero o cuando respondía a preguntas difíciles.

El artículo afirmaba que las cámaras de televisión sólo recogían su lado derecho, parece ser que a petición suya o de sus ayudantes. Al responder a preguntas delicadas, como las relacionadas con los recortes o con incumplimientos del programa electoral, podía estar mostrando emociones que no deseaba que se conocieran o, peor aún, podría estar intentando ocultar información.

La explicación a esta curiosa reacción de Rajoy viene de la mano de cómo el cerebro produce los cambios faciales que se dan en las emociones.

Mariano Rajoy, durante una comparecencia en 2013, guiña un ojo mientras declara “nadie podrá probar que no son inocentes” en relación a la implicación del tesorero del Partido Popular Luis Bárcenas en el caso Gürtel.

La cara de las emociones

El rostro es el lugar del cuerpo donde las emociones se expresan de forma más clara. Las expresiones faciales de la emoción son el resultado de las contracciones de unos cuarenta músculos y de los movimientos de la piel en ciertas combinaciones que crean arrugas, líneas y ángulos. Se producen en diferentes lugares de la cara, como las cejas, la frente, la nariz y los labios. En algunas expresiones participan también otros cambios como la sudoración, el rubor o la palidez.

Se reconoce una emoción concreta por un conjunto de cambios específicos. Nos dan a entender, por ejemplo, si una persona está contenta, triste o enfadada.

La mayoría de las expresiones faciales de afectos son espontáneas e involuntarias. Aparecen rápidamente e intervienen las regiones del cerebro de las que dependen las emociones. No se pueden controlar a voluntad en todas las ocasiones, al menos del todo, por lo que es difícil ocultarlas y las pueden ver los demás. A veces, son precisamente los demás quienes nos dicen cuál es nuestra expresión. Es lo que ocurre cuando oímos la frase: «Tendrías que ver la cara que se te ha puesto».

¿Por qué la ceja nos delata?

Los músculos de la frente y parte superior de la cara expresan con más intensidad emociones involuntarias que los de la parte inferior. Por eso los ojos y la zona que los rodea son la región más expresiva del rostro. Además, los músculos de la parte superior son más difíciles de regular a voluntad que los de la parte inferior.

Así, las cejas de mueven hacia arriba, hacia abajo o al centro, pero los labios pueden moverse casi en cualquier dirección. También se pueden ver estas diferencias en la conciencia que tiene una persona del estado de sus músculos: el simple gesto de arrugar la frente, que indica preocupación, concentración o interés, puede pasar desapercibido para quien lo muestra, pero no para quien lo observa.

A lo anterior se une que se tiene más práctica con los músculos de la parte inferior del rostro: hablar, masticar y sonreír son actividades frecuentes. En la zona del cerebro que inicia los movimientos, la parte inferior de la cara ocupa una mayor extensión que la parte superior. Esto explica el mayor control voluntario y, en parte, por qué la sonrisa es más fácil de fingir y se emplea con frecuencia para disimular una mentira.

¿Y por qué en el lado izquierdo de la cara?

Los dos grandes divisiones, o hemisferios, del cerebro controlan la musculatura de la cara y pueden producir expresiones involuntarias. Pero es el hemisferio derecho el que se ocupa principalmente de reconocer y expresar emociones. Éstas se muestran con más fuerza en el lado izquierdo del rostro, y más aún cuando son negativas como el temor o el desagrado. Además, este efecto sobre la musculatura facial es más marcado en la parte superior del rostro.

El resultado final es que ojos, cejas y frente expresan con más intensidad las emociones negativas, especialmente en el lado izquierdo. Esto parecía ocurrirle al expresidente de Gobierno, quien al parecer se ponía muy nervioso al responder a preguntas comprometidas.

Una emoción intensa y desagradable podría provocar cambios faciales espontáneos guiados principalmente por el hemisferio derecho, con el guiño inoportuno e incontrolado del ojo izquierdo.

En cambio, en las emociones positivas se puede encontrar mayor actividad en el lado derecho del rostro, pero no es un dato tan claro como el de la asociación entre mayor actividad del hemisferio derecho y del lado izquierdo de la cara durante las emociones negativas.

Hay que añadir a lo anterior que cada uno tiene su propio estilo o manera de expresar emociones. Interviene además la situación en la que se encuentre, por ejemplo si hay personas delante y qué relación se tiene con ellas. La experiencia, la educación y los aspectos sociales y culturales desempeñan también su papel. Hay regiones del planeta donde es habitual expresar emociones en público, incluso cuando son intensas, y otras donde no es adecuado hacerlo.

El guiño de Rajoy era, según todos los indicios, una reacción emocional automática y de difícil control voluntario. Indicaría tensión, preocupación o miedo, pero no se puede asegurar que sea una señal de engaño. Con su gran experiencia en la vida pública, el político debería estar acostumbrado a situaciones y preguntas de todo tipo y, posiblemente, a controlar mejor sus reacciones y disimular las emociones, si ese era su deseo.

Para todos los demás es útil saber que otras personas pueden leer señales de emociones en nuestro rostro sin que seamos conscientes de ellas. Sobre todo en la parte superior y en el lado izquierdo.

The Conversation

José María Martínez Selva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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