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¿Engordan los niños por culpa de las pantallas?

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En las últimas décadas, los diferentes estilos de vida a nivel global han sufrido grandes modificaciones. El tiempo diario que invertimos en estar sentados ha aumentado exponencialmente, especialmente en los países occidentales e industrializados. Lo mismo sucede con otros comportamientos sedentarios similares, como ver la televisión y practicar ocio a través de dispositivos con pantalla.

Estos cambios han ido de la mano de un aumento de la incidencia y prevalencia de la obesidad, enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y, en general, con más comorbilidades, gastos sanitarios y mortalidad prematura.

De hecho, se espera que en 2030 la cantidad de niños de cinco años con sobrepeso u obesidad alcance los 41 millones. Este dato es de especial relevancia porque cuando la afección se instaura durante la infancia es más probable que persista hasta el final de la vida del individuo, en comparación con la obesidad adquirida en la etapa adulta.

Con estas cifras, la promoción de estilos de vida activos y saludables en la población general, y especialmente en los niños, se ha convertido en una prioridad de instituciones sanitarias y de salud pública.

¿Por qué es importante que los niños hagan deporte?

Recordemos que la práctica de actividad física durante la niñez tiene múltiples consecuencias beneficiosas. Una de las más relevantes es la secreción de neurotransmisores y hormonas que favorecen el desarrollo intelectual y cognitivo.

Durante este proceso, se generan nuevas neuronas y se multiplican y fortalecen las conexiones neuronales que existen entre las áreas cerebrales relacionadas con la memoria y el aprendizaje .

En realidad, estos mecanismos son consecuencia de la práctica de ejercicio independientemente de la edad. Pero se vuelven especialmente relevantes durante el crecimiento.

Es más destacado en este periodo porque la actividad física mejora las capacidades intelectuales básicas como el control emocional, la memoria y la capacidad de adaptación a diferentes tareas y entornos, que son fundamentales para un óptimo desarrollo integral como individuos.

La llegada de las pantallas, ¿un obstáculo para el crecimiento?

Sin embargo, los dispositivos electrónicos y las pantallas de televisiones, ordenadores, tabletas y teléfonos móviles promueven comportamientos sedentarios. Además, están vinculados a la mayor incidencia de problemas emocionales, como ansiedad, depresión y menor autocontrol en los niños.

Por eso, en un reciente estudio, realizado por un grupo de investigadores españoles del que formo parte, hemos analizado el grado de exposición a pantallas de todo tipo (televisiones, ordenadores, tabletas, móviles y videojuegos) de los menores de edad y su relación con la práctica de actividad física y el descanso. Además, también hemos determinado si alguno de estos comportamientos influye en su salud mental.

En primer lugar, en lo relacionado con los hábitos de actividad física fue donde encontramos los resultados más controvertidos. Los datos reflejaban que, a mayor práctica de ejercicio, más frecuencia de uso de pantallas, sobre todo durante el fin de semana.

Dicha asociación, especialmente fuerte en el subgrupo de niños, puede deberse a que el uso de dispositivos con pantalla se emplee en el hogar como recompensa positiva o de refuerzo ante el cumplimiento de ciertas conductas positivas, como realizar deporte.

Además, también hay que destacar que esta investigación ha revelado que la exposición a pantallas de los niños españoles es mucho menor que la detectada en otras poblaciones.

¿El uso de pantallas empeora el descanso de los niños?

Por otra parte, en la población de niños y niñas españoles no se detectó que hubiera una asociación entre el tiempo dedicado al ocio mediante dispositivos con pantalla y el tiempo dedicado al descanso nocturno.

Esto puede resultar raro dado que los últimos estudios aconsejaban evitar las pantallas para facilitar el descanso. Pero hay que señalar que dicha recomendación se ha establecido en base a menores que tenían pantallas en su habitación (es decir, con libre acceso y disponibilidad de estos dispositivos).

Así que puede ser que la clave para asegurar el buen descanso de niños y adolescentes sea evitar las pantallas en sus habitaciones de descanso.

Además, la asociación entre el uso de pantallas y menos horas de descanso nocturno tiene su origen en un estudio en el que el uso promedio de dispositivos con pantalla era superior a las 30 horas semanales. Pero el promedio de uso en la infancia y adolescencia en España es de 15 horas semanales. Es decir, dedican, de media, algo más de dos horas diarias al ocio con dispositivos con pantalla.

En general, el estilo de vida de los menores españoles, aunque mejorable, entra dentro de los estándares de salud en cuanto a horas de descanso nocturno y hábitos de actividad física.

Salud mental

Por último, el estudio mostró peores resultados en variables relacionadas con los hábitos de descanso nocturno y la salud mental: a menos horas de sueño, más incidencia de problemas conductuales, hiperactividad y de problemas con otros niños.

Particularmente, los niños mostraron peores resultados en salud mental que las niñas. Esto concuerda con que, en el análisis diferenciado por sexos, los niños mostraron una mayor exposición a pantallas que las niñas en todas las franjas de edad estudiadas. Aunque la diferencia entre sexos se fue reduciendo conforme avanzó la edad de los participantes.

Concretamente, los niños son más sensibles al desarrollo de problemas conductuales y de hiperactividad, sobre todo cuando son más pequeños (menores de siete años). Sin embargo, no se halló relación entre alteración de la salud mental y menor práctica de actividad física.

Finalmente, tras todo lo aquí expuesto, es importante destacar que, aunque la oferta de ocio con dispositivos con pantalla como recompensa a conductas positivas o hábitos saludables como puede ser, por ejemplo, practicar deporte, puede ser una estrategia válida, es importante inculcar estilos de vida positivos en la infancia con la recompensa de promover la salud y prevenir enfermedades como finalidad fundamental.

The Conversation

Raquel Leirós Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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