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¿Salud o dinero o salud y dinero? Los mercados se rinden a la evidencia de la efectividad de las vacunas

Shutterstock / biDaala_studio

La pandemia de covid-19 ha cambiado drásticamente la forma de vida de la sociedad, modificando las preferencias, las formas de relacionarse, las costumbres y la economía.

Por supuesto que los mercados financieros también se han visto alterados, adaptando las estrategias de inversión tanto de los grandes fondos como de los inversores particulares.

A pesar de las dificultades, existen determinados sectores al alza en este periodo de pandemia. Uno de ellos es, indudablemente, el sector farmacéutico.

Un sector que siempre crece

Antes de la llegada del virus este sector ya contaba con un importante potencial de crecimiento a nivel global. ¿Los motivos? principalmente las valoraciones positivas de los analistas, el aumento en la demanda de sus productos y la calidad de los mismos, y el esfuerzo realizado por las distintas compañías en materia de innovación.

En los años previos a la pandemia, todo ello se vio reflejado en un incremento en la tasa de aprobación de medicamentos por parte de la Food and Drug Administration (FDA).

La covid-19 ha dado ahora un impulso adicional a esta industria, situándola como garante del sector sanitario y motor de la recuperación económica global.

Los distintos laboratorios que tienen vacunas aprobadas por los órganos de control sanitario tienen cerrados cuantiosos acuerdos de venta para todo el año 2021.

Su valoración positiva en los mercados se basa en la evidencia empírica de que las vacunas –elemento diferencial de esta industria– son una solución efectiva para controlar la transmisión del virus.

Todo esto ha facilitado a las farmacéuticas el acceso a fuentes de ingresos con las que no contaban en años anteriores.

Valores farmacéuticos y mercados financieros

Una de las primeras vacunas en recibir luz verde para su comercialización fue la de la empresa biotecnológica Moderna.

A comienzos de 2021 ya tenía contratos para comercializar su producto (con una tasa de eficacia inmunizadora de alrededor del 94,5%), por un valor total de 18 400 millones de dólares. Tras más de un año de pandemia, a principios de abril de 2021, las acciones de esta compañía registraban una subida de alrededor del 300%.

En plena expansión de la variante delta del virus, a finales de junio de 2021, Moderna informaba de la alta eficiencia inmunológica de su vacuna respecto a dicha variante. Esto provocó que sus acciones se disparasen en Bolsa hasta alcanzar un máximo histórico de 234,46 dólares.

El gigante norteamericano Pfizer, en colaboración con la firma alemana BioNTech, es otro de los grandes implicados en el proceso de vacunación. A comienzos de 2021 su producto contaba con una tasa de eficacia de alrededor del 95%.

Las empresas asociadas esperan contabilizar ventas por un valor aproximado de 51 mil millones de dólares para el cierre del ejercicio 2021. Las excelentes expectativas de venta y la alta tasa de eficacia de la vacuna se reflejan en un ostensible aumento del valor de la acción (sobre el 50% desde marzo de 2020 hasta mayo de 2021).

Otra de las farmacéuticas que lucha por dominar el mercado de vacunas contra la covid-19 es Novavax. Antes de iniciarse la pandemia, la empresa se enfrentaba a su exclusión del Nasdaq. Había invertido cientos de millones de dólares en investigación y desarrollo de vacunas sin que se llegase a aprobar ninguna de ellas.

A principios de 2021 los datos provisionales señalaban que la vacuna de Novavax tenía una eficacia superior a la de las inyecciones de Pfizer y Moderna. Las buenas expectativas iniciales, unidas a la eficacia de la vacuna en las nuevas variantes, provocaron un incremento exponencial en el precio de las acciones del 4 900% entre principios de 2020 y marzo de 2021. En los últimos meses su valor ha sufrido un cierto retroceso, motivado principalmente por la demora en los plazos de entrega.

¿El boom de las farmacéuticas se debe solo a las expectativas de los analistas?

Las compañías farmacéuticas, además de obtener liquidez del mercado de capitales también han sido financiadas parcialmente por entidades públicas. La vacuna desarrollada por Moderna –empresa farmacéutica que no tenía ningún producto aprobado antes– recibió financiación del Gobierno estadounidense.

En esta misma línea, la compañía Novavax recibió financiación del programa estadounidense de vacunas, Operation Warp Speed (OWS), y del programa Covax de la Organización Mundial de la Salud, que le encargó más de mil millones de dosis.

Parece evidente que la subida en los valores de las compañías implicadas no se debe solo a sus altas expectativas de colocación de vacunas en el mercado, sino también al respaldo que tienen de entidades con escasa o nula probabilidad de insolvencia. Esta circunstancia las hace muy atractivas de cara a inversores y gestores de carteras por la considerable reducción en su exposición al riesgo.

Datos que confirman la fortaleza de las farmacéuticas

No solo ha aumentado el valor de las acciones de las compañías farmacéuticas y sanitarias. Los grandes fondos que asignan la mayor parte de su cartera a dichos sectores también han tenido un mejor desempeño durante las primeras olas de la pandemia.

El índice iShares S&P 500 Health Care Sector UCITS ETF, que mide la rentabilidad de empresas del sector salud estadounidense, registró un claro alza en su valor de mercado entre finales de marzo de 2020 y mayo de 2021, subiendo desde los 5,55 hasta los 7,44 dólares.

Otra evidencia que confirma que este sector batió al mercado durante la pandemia es que el Health Care Select Sector SPDR Fund, que rastrea el sector de la salud norteamericano, apenas sufrió una bajada del 4,4% en su valor de cotización durante el mes de marzo de 2020, mientras que en el mismo periodo el Vanguard Total Stock Market ETF, un fondo cotizado que representa el global del mercado bursátil estadounidense, se desplomó un 15%.


Sergio Lozano, alumno del Máster Universitario en Consultoría y Asesoría Financiera y Fiscal de la Universidad de Castilla-La Mancha, ha colaborado en la elaboración de este artículo.

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Carlos Esparcia Sanchís no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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