Sin categoría

Encuentros TELOS: Los problemas no resueltos de la democracia

Elsa Arnaiz, Antonio Garrigues y Juan M. Zafra durante el Primer Encuentro Intergeneracional por el Futuro. Telos

En esta crónica, firmada por la politóloga y profesora de Sociología en la Universidad de Zaragoza Cristina Monge, se resume la segunda sesión del Primer Encuentro Integeneracional por el Futuro, organizado por TELOS en colaboración con Talento para el Futuro, que contó con la participación del presidente de la Fundación Garrigues Walker, Antonio Garrigues Walker; la presidenta y directora general de Talento para el Futuro, Elisa Arnaiz y Juan M. Zafra, director de TELOS.


Este segundo diálogo del ciclo recorrió una enorme variedad de temas que hoy preocupan a las sociedades actuales desde una perspectiva diferente; no dar nada por sabido ni por descontado.

Lo primero que se cuestionó fue la propia idea de un acuerdo intergeneracional. ¿Es posible? ¿y necesario?, se preguntó en voz alta Antonio Garrigues Walker. La observación no es baladí, porque como bien señaló, tensiones entre jóvenes y mayores ha habido siempre y forman parte del devenir habitual de las sociedades. Entre otras cosas, apuntó un elemento de lo más relevante. “Yo tengo 87 años. La muerte es un dato en mi vida. Para los jóvenes, sin embargo, este dato no existe.”

En efecto, la perspectiva no puede ser la misma. Además, añadió dirigiéndose a Elsa Arnaiz: “Nosotros somos analógicos y vosotros digitales”, lo que supone enormes diferencias tanto en la forma de pensar como a la hora de comunicarse. Diferencias que además se están incrementando con la ampliación de la brecha digital. De ahí su propuesta de apostar más por diálogos intergeneracionales que por pactos como tal.

Empezar a cuestionar todo ayuda a definir los términos en cualquier conversación, y eso fue lo que hizo Elsa Arnaiz al subrayar el sentido del acuerdo intergeneracional como una herramienta para trabajar la empatía entre ambas partes.

“Muchas veces no se entiende a los mayores porque no se está dispuesto a escuchar” afirmó Elsa, no sin añadir que “tampoco los jóvenes se sienten escuchados”, lo que dificulta la comprensión de problemas que son complejos y que requieren reflexión y voluntad de entendimiento.

Por si había alguna duda, Antonio Garrigues Walker pasó la pelota al público interpelando directamente a la generación más lejana: ¿Vosotros habláis con vuestros padres, les entendéis? ¿Tenéis esto tipo de conversaciones en vuestras casas? La respuesta no pudo ser más alentadora por parte de una asistente al evento: “Convivo con la abuela de mi pareja y todos los días aprendemos la una de la otra”. Lo que no quedó claro es hasta qué punto esto era extensivo al conjunto de la sala.

Ilustración: Enrique Flores

La falta de entendimiento con las instituciones

Constatada, no obstante, la posibilidad y la pertinencia de un diálogo intergeneracional –en el aire quedó lo del pacto–, llegó el momento de entrar en materia. Para entonces, Elsa Arnaiz había situado ya el debate en un problema de confianza con las instituciones: “El 80 por ciento de los jóvenes menores de 35 años considera que el Gobierno no está atendiendo a sus necesidades. Confiamos en la democracia pero tenemos un problema con los partidos y las instituciones.”

Aunque estas cifras no difieren mucho de los problemas de desconfianza que existen en el conjunto de la sociedad, –como muestran insistentemente los datos del CIS o el espeluznante último barómetro–, el motivo de la mismas apela, según Elsa Arnaiz, a problemas que requieren cambios sistémicos –la crisis climática, la falta de empleo, los asuntos relacionados con el género o la identidad sexual…– que no se pueden abordar con el cortoplacismo que impera en la política institucional.

¿Y tienen mejor acogida modelos como el chino?, preguntaba sorprendido Antonio Garrigues Walker, no sin advertir que la supuesta eficacia de China puede evaporarse en poco tiempo descubriéndose como un gigante con pies de barro. No obstante, ambos coincidían en que la situación económica es de crisis global, aunque ahora las expectativas a corto y medio plazo parecen indicar que se puede estar cambiando de etapa y empezar a salir de la crisis de forma vigorosa.

En este aspecto, la experiencia y la perspectiva histórica le hacen ser más optimista a Garrigues Walker. “No tenemos muchos motivos para quejarnos, España lo está haciendo bien”. Sobre todo, si se observa de forma comparada respecto a otros países del lado pobre del mundo, donde ni siquiera se plantean este tipo de debates estando como están urgidos por la necesidad del día a día. “Les parecería una frivolidad”, añadió.

En este contexto, los tres participantes coinciden en que hay dos elementos que van a condicionar enormemente la evolución de la economía y la estabilidad del sistema: el incremento de la longevidad y el descenso de la natalidad.

Respecto a lo primero, como recordaba Garrigues Walker, ya hay estudios que hablan de 120, 121 años, etc. de esperanza de vida. Incluso de una longevidad indefinida. Sea como fuere, dicha longevidad va a ir creciendo de forma permanente. Y si se mantienen las tendencias actuales, la natalidad seguirá también descendiendo, entre otras cosas, por lo que supone para la vida de muchas mujeres, que siguen encontrando problemas de desarrollo profesional y de conciliación personal si deciden tener hijos.

Esto en sí mismo tiene también un lado positivo, ya que, como afirma Garrigues Walker, “El cambio más importante ha sido el de las mujeres y España es un ejemplo en este aspecto en toda Europa.” Y confiesa: “Cuando yo empecé a trabajar en mi despacho no había ninguna mujer. Era impensable que hubiera mujeres abogadas. Ahora son mayoría”. En efecto, este aspecto, que entronca muy bien con las preocupaciones de los y las jóvenes expresadas por Elsa Arnaiz, es uno de los asuntos que necesitan de mucho diálogo intergeneracional para entender las distintas perspectivas.

La desigualdad en el centro del debate

La conversación empieza a discurrir por descensos abruptos y no tarda en toparse, esta vez provocado por Juan Zafra, con otro de los temas del momento. “Según vuestra visión –interpela con esto a los jóvenes–, en nuestro modelo se han roto muchas cosas. Sin embargo, ese mismo modelo genera admiración en personas que migran para venir aquí”, lo que hace que sea imprescindible considerar la integración de otras culturas. ¿Deberíamos hablar, por tanto, de un pacto intergeneracional e intercultural a la vez?, se pregunta Zafra.

Ninguno de los participantes duda en asentir. Garrigues Walker, por su parte, añade que el debate clave sigue siendo la desigualdad. España es el país más desigual de Europa según el índice de Gini. En el extremo opuesto están los países nórdicos, que tienen una sociedad mucho más sostenible en diversos términos. Los jóvenes lo conocen bien. No en vano, la desigualdad se cebó con ellos en la crisis del 2008, y no parece estar tratándoles mejor en estos momentos, con tasas de desempleo que rondan el 40%.

Para acabar, una llamada a la implicación personal y al compromiso, compartida por toda la mesa. Conscientes de que descargando las culpas sobre los hombros del Gobierno no se van a arreglar los problemas, los tres participantes optaron de forma clara por apelar a la aceptación de la responsabilidad individual y evitar delegar culpas. Esto supone construir una sociedad más formada, más informada, más dinámica y vigorosa, y, en esa medida, más capaz de contribuir a la búsqueda de soluciones a los problemas del momento.


La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Cristina Monge es colaboradora de Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

A %d blogueros les gusta esto: