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Lo que mató a Prince: medicamentos para el dolor crónico que crean adicción

Homenaje póstumo a Prince frente a Paisley Park Studios (Minnesota, 2016). Shutterstock / Steve Skjold

¿Recuerdan al personaje del Doctor House? Para combatir el dolor crónico que sufría en una pierna tomaba vicodina. Poco a poco fue perdiendo el control y aumentando el consumo. Hasta tal punto que con frecuencia utilizaba el medicamento para regular su estado de ánimo y llegó a falsificar recetas con la firma de un compañero.

La realidad es que este problema traspasa la ficción. Sin ir más lejos, el famoso cantante Prince murió el 21 de abril de 2016 a causa de una sobredosis de vicodina, después de pasar años padeciendo dolor crónico. Otro músico, Tom Petty, falleció el 2 de octubre de 2017: aparte del parche de fentanilo –un opiáceo– que llevaba puesto, también había ingerido oxicodona y alprazolam. Y todo para intentar aliviar un fuerte dolor en la cadera, que se había fracturado unos meses antes.

Son la cara visible de un problema que no solo afecta a personajes famosos. Miles de personas fallecen cada año debido a una sobredosis de los medicamentos que les han recetado para combatir el dolor crónico.

Es evidente que no todas las personas a las que se les prescriben opioides para aliviar un dolor crónico abusarán de ellos. Pero ¿es posible, a priori, determinar qué personas están en riesgo? ¿Saber quiénes son más vulnerables? La investigación psicológica tiene ya algunas respuestas.

¿Cómo funcionan los analgésicos opioides?

Antes de entrar en materia, conviene recordar que los opioides son fármacos que, al interactuar con cierto tipo de neuronas de nuestro sistema nervioso central y periférico, surten efecto analgésico. Algunos de estos analgésicos o agonistas opioides son naturales (como la morfina, que se obtiene del opio) y otros son sintéticos (como el fentanilo).

Además de su efecto analgésico, estos fármacos pueden provocar un alto grado de relajación y también de euforia, lo que puede fomentar que se consuman en exceso.

Al principio, los opioides se recetaban exclusivamente para tratar el dolor agudo, postoperatorio y oncológico. Sin embargo, cada vez es más frecuente que se prescriban para tratar el dolor crónico no oncológico.

De hecho, la prescripción de medicamentos opioides ha ido aumentando considerablemente a nivel mundial. En España, el último informe elaborado en el año 2020 por el Observatorio del Uso de Medicamentos (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) evidencia un claro incremento en las dosis diarias de estos fármacos (definidas por 1.000 habitantes y día). Así, mientras que en 2010 se situaban en 10.728, en 2020 la cifra alcanzó 19.974 dosis. Casi el doble.

Utilización de medicamentos opioides en España 2010-2020. AEMPS

Medicar sin abusar

El aumento del uso de opioides en tratamientos a largo plazo no solo incrementa el riesgo de muertes por sobredosis no intencionadas, sino también los fallecimientos por problemas cardiorrespiratorios. Teniendo en cuenta el gran poder adictivo de algunos opioides, ahora parece más necesario que nunca detectar patrones de consumo inadecuados que permitan prevenir el abuso.

Con ese fin, un grupo de investigadoras de la Facultad de Psicología y Logopedia de la Universidad de Málaga hemos iniciado un nuevo proyecto para ayudar a los profesionales de la medicina a detectar el riesgo de abuso de fármacos opioides en los pacientes con dolor crónico no oncológico.

Ni que decir tiene que dos pacientes con el mismo diagnóstico e intensidad de dolor no responden exactamente de la misma forma. Las características y situaciones personales nos conducen a tomar decisiones distintas y a desarrollar patrones de comportamiento diversos. Esos diferentes modos de comportarse explican que algunas personas se adapten mejor a su dolor que otras.

El perfil de una persona en riesgo extremo de abuso de los opioides prescritos sería el de alguien impulsivo, con pensamientos catastrofistas acerca de su dolor, con un elevado miedo a los síntomas de ansiedad (lo que se denomina sensibilidad a la ansiedad) y que presenta síntomas de depresión, ansiedad o estrés postraumático. En estos casos, antes de comenzar el tratamiento con analgésicos opioides es imprescindible intervenir en el estado anímico del paciente.

Mientras, los profesionales de la medicina podrían contemplar la posibilidad de recetar analgésicos con un menor poder adictivo. O, en caso de que se considere imperativo el inicio de la toma de opioides, habría de hacer un seguimiento estrecho del paciente y observar los signos de consumo excesivo.

A estas variables psicológicas cabe unir otras características de riesgo, como una edad comprendida entre los 16 y 45 años, una historia previa de adicciones, el consumo de tabaco y una elevada ingesta de alcohol.

Aceptar el dolor para encontrar la salida

La buena noticia es que, si bien las características psicológicas del individuo lo pueden hacer más vulnerable a la adicción, también hay variables y circunstancias que dotan a la persona de recursos que la hacen más fuerte ante el riesgo de abuso de la medicación recetada.

La más relevante es la aceptación del dolor. Más allá de la intensidad, localización o tipo de dolor, aceptar que posiblemente no va a desaparecer (porque es crónico) y entender, por tanto, que será un inevitable compañero de vida, permite al paciente mirar más allá, volver a hacer aquello que abandonó en la batalla perdida y recuperar parte de la vida aparcada. Aceptar no es fácil y muchas personas se sienten incapaces de hacerlo sin ayuda. Afortunadamente, la psicología cuenta con recursos para conseguirlo.

La correcta detección y clasificación del paciente en función del riesgo de mal uso de los opioides de prescripción ayudaría a los profesionales de la medicina a tomar decisiones acerca de los medicamentos idóneos a recetar y del seguimiento pertinente, en un acercamiento individual y personal al paciente. De igual forma, ayudaría a prevenir la adicción a los opioides de prescripción.

Esta labor debe ser efectuada por profesionales de la psicología, que son quienes cuentan con la formación adecuada para ello. Incluir a estos especialistas, a ser posible con instrucción específica en el ámbito del dolor crónico, como parte del equipo profesional que atiende a estos pacientes es, a estas alturas, una necesidad urgente.

The Conversation

Rosa Esteve Zarazaga recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El proyecto del que se deriva este artículo con el código PID2019-106086RB-I00, recibe financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Alicia E. López Martínez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El proyecto del que se deriva este artículo con el código PID2019-106086RB-I00, recibe financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Carmen Ramírez Maestre recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El proyecto del que se deriva este artículo con el código PID2019-106086RB-I00, recibe financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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