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Que no le engañen: la inteligencia artificial no ayudará a descubrir nuevas pandemias

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y Angela Merkel inaugurando el "WHO Hub for Pandemic and Epidemic Intelligence".
Berlin.de

La noticia de la inauguración en mayo de este año del Global Hub for Pandemic and Epidemic Intelligence en Berlín pasó un tanto desapercibida. Esta fue una de las últimas jugadas maestras de estrategia política de la fulgurante carrera ciertamente no académica de la canciller alemana Angela Merkel, quien anunció que Alemania aportará una financiación anual de treinta millones de euros.

El ministro de Sanidad del país germano, Jens Spahn, tuiteaba durante la presentación de este ambicioso centro interdisciplinar: “Tenemos que ser capaces de descubrir epidemias en cualquier parte del mundo lo más rápido posible. Este centro hará que el mundo sea más seguro”.

Aquella fue una declaración de intenciones ciertamente grandilocuente, pero en consonancia con el tono de muchas de las proclamas de nuestro tiempo, cuya lectura en clave sarcástica no tardó en hacer notar un internauta: “¿Ha comenzado ya esta pandemia de la que todo el mundo quiere hablar?”.

Suministrar información captada de manera inadvertida

Llama la atención que la prensa escrita europea se haya hecho eco de esta noticia anunciando sin ambages que la inteligencia artificial ayudará a predecir la próxima pandemia. Nada más lejos de la realidad. Reparemos si no en qué se desprende del hecho de que la canciller alemana insistiera tanto en la urgente necesidad de analizar datos de manera interdisciplinar y a escala global “para ayudar a los líderes políticos a tomar buenas decisiones.”

La mera inteligencia artificial no tiene reservado para sí el cometido de ayudar a los líderes políticos y a las personas en general a tomar buenas decisiones en situaciones de acusada complejidad. Todos sabemos que ese cometido lo tiene adjudicado el buen análisis de inteligencia.

De las declaraciones de Angela Merkel y de la propia inauguración de este centro auspiciado por la Organización Mundial de la Salud se infiere que hay desafíos suscitados por la IA y sus sistemas de vigilancia a gran escala que la sociedad civil global solo podrá desentrañar y anticipar con ayuda del análisis de inteligencia.

El objetivo de hacer frente a emergencias sanitarias a través de la colaboración entre países socios aumentando para ello las herramientas analíticas y profundizando en la fiabilidad de los modelos predictivos es en realidad una de las ilusiones de omnisciencia más persistentes en la historia sobre espionaje masivo internacional. Así nos lo hace saber Diego Navarro Bonilla en su obra Espionaje, seguridad nacional y relaciones internacionales cuando afirma: “El deseo de un gobierno por desarrollar dispositivos capaces de suministrarle toda la información que de manera inadvertida fuera captada es ciertamente una aspiración y una suerte de ilusión por la omnisciencia”.

Cuando todo es espionaje, nada es inteligencia

Así expresado, a la manera de un principio, podría parecer una vieja máxima entresacada de un clásico del pensamiento moral y político como los que suele citar Roberto R. Aramayo en sus artículos para The Conversation. En realidad, se trata de una de las conclusiones presentadas en el mencionado ensayo.

Las acciones emprendidas por estados para penetrar en información secreta, tanto de adversarios o rivales como de aliados o socios, constituyen en el fondo una amenaza porque tienen un impacto difícil de calibrar sobre esos mismos Estados, así como sobre las numerosísimas instituciones que emplean a profesionales del análisis de inteligencia, quienes se deben también al código deontológico de su profesión.

¿Será la IA utilizada como mero espionaje masivo una amenaza insuperable que provocará el declive definitivo tanto de los análisis de inteligencia como de las micronarrativas o petits récits? ¿Es la IA un desafío inmanejable para los profesionales dedicados al análisis de inteligencia? ¿Puede ser asumida la IA como una herramienta? La inauguración del Global Hub for Pandemic and Epidemic Intelligence parece ofrecer una visión conciliadora, pero los discursos empleados para presentar en sociedad la misión de un centro interdisciplinar de estas características tendrían que informar abiertamente sobre desafíos cruciales para el análisis de inteligencia.

Todo parece indicar que el centro de investigación cuyo enclave estará en la Plaza Moritzplatz de Berlín será determinante para dilucidar por qué la Inteligencia Artificial (mucho más que la amenaza de una nueva pandemia) constituye una ventaja, pero también un riesgo para los análisis de inteligencia.

Para comprender lo enigmático de la cuestión planteada puede ser de interés reparar en las denominadas campanas fónicas secretas, artilugios plenos de ingenio concebidos por el jesuita Athanasius Kircher (ca.1603-1680), quien se afanó en proporcionar ilustraciones tan imaginativas como fidedignas. Las campanas fónicas fueron utilizadas por los gobernantes de la época.

Ilustración procedente de la obra Phonurgia Nova (1673) de Athanasius Kircher.

Con ellas escuchaban de manera inadvertida todas las conversaciones que se desarrollaban en las calles, las plazas, los pasillos de las cortes europeas, además de en despachos de secretarios y príncipes de la época.

Se insiste en su obra Phonurgia Nova (1673) en el hecho de que cuanta más información y cuantos más secretos fueran descubiertos de manera indiscriminada y masiva, más absolutos serían los atributos de su poder. Metáforas de la IA de nuestro tiempo, estos artefactos concebidos en el siglo XVII eran en el fondo perfectos aliados del uso del razonamiento lógico: la campana fónica no tenía el poder de capturar el sonido de manera masiva, muy al contrario, funcionaba por resonancia, su eco perfecto conectaba a quien escuchaba con la acústica secreta que se perseguía: la del discurso singular.

La campana fónica secreta era, por consiguiente, una auténtica herramienta del razonamiento lógico empleado en inteligencia y servía a sus objetivos generales: validar la calidad del producto final de inteligencia, evitar la devaluación de la comprensión y la interpretación individuales, transformar informaciones obtenidas por medios y recursos muy diferentes, y desplegarse en situaciones informacionales presididas por unos niveles que oscilan entre el secreto y la discreción.

The Conversation

María G. Navarro recibe fondos del Ministerio de Economía y Competitividad de España como Investigadora Principal 2 del proyecto «El desván de la razón: cultivo de las pasiones, identidades éticas y sociedades digitales» (PAIDESOC) FFI2017—82535—P

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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