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El papel de las emociones en el aula virtual

Shutterstock / r fizkes

En los últimos años, las investigaciones han confirmado que las emociones tienen un papel fundamental en el proceso de adquisición de los aprendizajes. El diseño y funcionamiento de nuestro cerebro establece una íntima relación entre los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje y las emociones.

Sabemos, como nos indican los estudios de Gruber, Gelman y Ranganath, que el procesamiento emocional influye poderosamente sobre la atención y la memoria, haciendo que creemos falsos recuerdos o que ciertos acontecimientos queden grabados para siempre en nuestra memoria. La actividad del sistema ejerce una fuerte influencia en el funcionamiento cerebral en general y en el aprendizaje en particular, por lo que, si conseguimos estimularlo y ponerlo al servicio del aprendizaje, ganaremos un gran aliado.

Educación virtual y emociones

La pandemia por la COVID-19 ha acelerado un proceso que ya venía desarrollándose desde hacía años: la educación virtual. Esta metodología ha irrumpido como una forma distinta de enseñar y aprender con el objetivo dar respuesta a las necesidades que han ido surgiendo en el devenir de nuestra sociedad, acercando a todo el mundo el conocimiento, sin barreras espacio–temporales. Esta metodología ofrece una elevada flexibilidad, pero obliga a la responsabilidad y el compromiso del alumnado, dado que le otorga un mayor control sobre el proceso.

Es aquí donde cobra especial relevancia la implicación de las emociones a través de una metodología realmente innovadora y didáctica que no se limite meramente a la impartición de una clase a través de una cámara, en la que las emociones también juegan un papel relevante.

En este sentido, y para que las emociones jueguen el rol que les corresponde, debemos tener en cuenta algunos aspectos cardinales a la hora de impartir la docencia virtualmente:

  1. Plataforma de fácil acceso. Es necesario disponer de una plataforma “amigable” que permita una navegación sencilla, con fácil acceso a los recursos, para evitar que el simple hecho de acceder o navegar por esta provoque hastío y sensación de rechazo, que nos predisponga negativamente ante la clase o la tarea a desarrollar.

  2. El alumno, centro del proceso de aprendizaje. En los últimos años va adquiriendo más fuerza la tendencia de situar al alumno como responsable de su proceso de aprendizaje, otorgando al docente un rol de orientador, acompañante, guía del proceso. No debemos centrar nuestros esfuerzos en la clase magistral o en la tecnología, por el hecho de ser docencia en línea, sino en que debemos pretender que el alumno desarrolle competencias que le permitan adquirir los conocimientos de una forma mucho más efectiva y significativa.

  3. Conocimiento del profesorado y los estudiantes entre sí. Crear un clima de respeto, de conocimiento y confianza es imprescindible para el buen desarrollo del proceso de enseñanza–aprendizaje. Algo que es posible en la educación virtual. La colaboración entre estudiantes, el trabajo en equipo desde la interculturalidad y la posibilidad de hacer las clases prácticas y participativas es un plus de motivación hacia el aprendizaje. Para ello, los webinars, los chats, los foros y las clases en directo son herramientas que favorecen el proceso.

  4. Diversidad de recursos. Los recursos deben ser variados y permitir la adaptación a los diferentes ritmos e intereses de los estudiantes. Variar los contenidos nos ayuda a llegar más y adaptarnos a las diferentes realidades, lo que nos permite mejorar la satisfacción y motivación de los estudiantes y, por tanto, una predisposición emocional positiva hacia el aprendizaje.

La selección de las herramientas

Por otro lado, el conocimiento y uso de herramientas ofimáticas merece un capítulo aparte, ya que adquiere un valor primordial en la enseñanza en línea. La experiencia en el uso de estas herramientas es una garantía de éxito. Resulta necesario conocer las posibilidades que la tecnología nos brinda.

Actualmente, disponemos de multitud de estas herramientas que ofrecen posibilidades que años atrás ni siquiera hubiésemos imaginado. Podemos encontrar algunos ejemplos que nos enseñan que, donde antes debíamos conformarnos con una imagen bidimensional del cuerpo humano para estudiarlo, ahora tenemos imágenes tridimensionales que podemos manipular, cortar y desmontar, facilitando enormemente la visualización de las estructuras que debemos estudiar; imágenes que podemos proyectar en clase y que cada alumno puede ver allá donde esté. También podemos tener correcciones directas del profesor, de viva voz, sobre un documento que el alumno ha trabajado, y que puede ir reproduciendo, avanzando y retrocediendo a su ritmo. El alumno puede ver la explicación del profesor allí donde esté, preguntando directamente desde cualquier lugar del mundo conectado a internet, evitando desplazamientos y facilitando la gestión del tiempo.

Estas y otras muchas herramientas al servicio de la didáctica facilitan el aprendizaje por varias cuestiones: otorgan un gran control al estudiante sobre su proceso de aprendizaje, lo que aumenta su flexibilidad, generan ambientes de aprendizaje atractivos, emocionalmente positivos, y favorecen el acercamiento del estudiante al conocimiento.

La buena formación del docente, la creación de un espacio agradable y cooperativo, el buen uso de herramientas ofimáticas y la participación activa del estudiante en un aprendizaje práctico van a permitir un estado emocional adecuado que potenciará, de forma muy reveladora, un aprendizaje mucho más significativo en la educación virtual.

The Conversation

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The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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