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El efecto invernadero

En este artículo explicaremos qué es el efecto invernadero y cuál es la diferencia con el cambio climático. Hablaremos también de pequeñas soluciones, que pueden pasar por un alquiler de motos en Tenerife, comer más fruta o verdura, poner una lavadora con agua fría o descargar una app para alquilar una moto eléctrica.

El efecto invernadero es un fenómeno que ocurre en la Tierra gracias al cual la temperatura del planeta es compatible con la vida. El proceso es similar al que se da en un invernadero utilizado para el cultivo de plantas, pero a nivel planetario. Se inicia con la llegada de la radiación procedente del Sol a la superficie terrestre, siendo una parte absorbida por la atmósfera, otra parte es reflejada por las nubes, y otra llega a la superficie del planeta, calentándolo.

Cuando la radiación calienta la superficie terrestre, la tierra devuelve la energía en forma de “onda larga” y es reflejada y enviada de nuevo a la atmósfera. Los llamados“gases de efecto invernadero” retienen parte de esta energía en el interior del planeta y no dejan que salga al espacio exterior. Es esta radiación, que no puede escapar del planeta, la que hace que la temperatura de la superficie se eleve. Si este proceso funciona el equilibrio de temperaturas medio en la superficie del planeta es de 14º C, y gracias a él la vida se hace posible.

Cuando la concentración de gases de efecto invernadero aumenta en la atmósfera, la cantidad de energía que no puede escapar al espacio es cada vez mayor, y vuelve a ser reflejada a la superficie aumentando la temperatura de ésta de manera gradual, siendo esta la principal causa del denominado Cambio Climático, proceso que está sufriendo una enorme aceleración por el aumento artificial y desmedido de los denominados gases de efecto invernadero debido a las acciones del hombre.

El cambio climático

La Revolución Industrial dio inicio a un nuevo modelo de producción y consumo y fue el punto de inflexión en el que las emisiones de gases de efecto invernadero arrojadas a la atmósfera empezaron a dispararse. El crecimiento de la población desde ese momento se disparó, pasando de 800 millones de habitantes en la Tierra en en 1750 a los más de 7.500 millones que somos hoy. Esto supuso un consumo de recursos cada vez más desmedido, el aumento en la demanda y producción de energía obtenidas a través de combustibles fósiles… por lo que la tierra entró en el periodo denominado como el Antropoceno: la nueva era geológica motivada por el impacto del ser humano en la Tierra.

El principal resultado ha sido el aumento de la temperatura global del planeta, que desde ese período ha aumentado en 1,1 0C, si bien se estima que al final del presente siglo el termómetro pueda aumentar todavía más aun cumpliéndose los compromisos de reducción de emisiones fijados por los países.

Tres consejos para hacer tu parte para detener el cambio

Todos podemos contribuir a limitar el cambio climático de manera individual. Desde el modo en que nos desplazamos, hasta la electricidad que utilizamos y los alimentos que comemos, podemos marcar la diferencia. Comienza con estas tres acciones:

Menos energía. Gran parte de nuestra electricidad y calefacción funciona con carbón, petróleo y gas. Utiliza menos energía reduciendo la calefacción y el aire acondicionado, cambiando a bombillas LED y electrodomésticos de bajo consumo, lavando la ropa con agua fría o tendiendo la ropa mojada en lugar de utilizar la secadora.

Desplazamientos con cabeza. Desplácese caminando, en bicicleta, en moto eléctrica o en transporte público. Las carreteras del mundo están saturadas de vehículos, la mayoría de los cuales usan diésel o gasolina. Caminar o ir en bicicleta en lugar de conducir reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, y supone un beneficio para la salud y la forma física. Para distancias más largas, considera la posibilidad de alquilar vehículos eléctricos como motocicletas o viajar en tren o autobús.

Alimentación. Comer más verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas, y menos carne y productos lácteos, puede reducir considerablemente tu impacto medioambiental. La producción de alimentos de origen vegetal suele generar menos emisiones de gases de efecto invernadero y requiere menos energía, tierra y agua.

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