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El Barça en la Europa League: la crisis deportiva y económica fuerza al club a empezar de cero

Xavi Hernández, entrenador del FC Barcelona, en el centro. Shutterstock / Saolab Press

Empezar de cero. De esta manera el entrenador del FC Barcelona, Xavi Hernández, se refirió a cómo el equipo tiene que afrontar su trayectoria deportiva después de caer eliminado en la Champions League al finalizar la fase de grupos, y volver a la Europa League después de casi veinte años.

De hecho, la historia se repite, porque el presidente Joan Laporta llegó al Barça en 2003 teniendo un equipo que jugaba la segunda competición continental, tal y como pasará ahora. La diferencia, no obstante, es que cuando Laporta asumió la presidencia en su primera etapa, el club tenía margen para crecer y ser el mejor en poco tiempo.

De hecho, solo el Manchester United y el Real Madrid habían dado pasos decisivos para convertirse en multinacionales del entretenimiento y buscar la proyección de sus marcas hacia mercados internacionales. El Barça tenía margen de reacción, incluso a corto plazo, y lo hizo abrazado al “círculo virtuoso” que muy bien explica Ferran Soriano en La pelota no entra por azar (2009).

Aquel libro es necesario también para entender el presente del Barça. De hecho, Soriano planteaba que, al final, una buena gestión permitía no dejar la suerte de una entidad deportiva a expensas exclusivamente del azar propio de la competición.

Es también lo que nos enseña la gestión deportiva de herencia norteamericana. Si las organizaciones se comportan de manera eficiente y eficaz desde el punto de vista de la gestión, aumentan significativamente sus probabilidades de tener éxito en el terreno de juego. Y aquí es donde se encuentra el FC Barcelona: recuperar un Barça ganador pasa indiscutiblemente por no tomar decisiones equivocadas en los despachos, más que por el rendimiento a corto plazo del equipo dirigido por Xavi Hernández.

Multinacionales del entretenimiento

La industria del fútbol ha cambiado mucho desde aquel lejano 2003, y el Barça ha de remontar desde cero cuando todos los grandes de Europa (¡y algunos no tan grandes!) ya se han transformado en multinacionales del entretenimiento. E, incluso, cuando el club aún no sabe si la masa social avalará su proyecto de financiación de la reforma del estadio que, ahora mismo, es imprescindible para que el Barça vuelva a crecer y aumente su valor de marca.

Cierto: todas ellas son aún empresas que tienen marcas muy globales, pero generan un negocio muy pequeño si lo comparamos con otros competidores en la misma industria, como Disney, Amazon o News Corporation.

El Barça juega con la ventaja de tener aún una de las marcas más valoradas del mundo del deporte, con 4 800 millones de euros según la revista Forbes. Pero en la industria del deporte el valor de la marca depende mucho de los resultados, más en Europa donde el modelo competitivo de ascensos y descensos se convierte en una espada de Damocles para los gestores de las organizaciones.

La marca blaugrana, por suerte, ha encontrado otros elementos que la hacen lucir al margen del primer equipo de fútbol masculino: el Barça es ya un gran embajador del fútbol femenino. El balón de oro a Alexia Putellas es la guinda del pastel.

Alexia Putellas, jugadora del FC Barcelona femenino recién galardonada con el Balón de Oro. Shutterstock / Christian Bertrand

Pero, desgraciadamente para el deporte femenino, esto no es suficiente, y dependerá del éxito de la alianza entre Joan Laporta y Xavi Hernández, entre las oficinas y el banquillo masculino, que el Barça vuelva a sentarse en la misma mesa que los adultos. Entre otras cosas, porque de los éxitos de Xavi Hernández y los suyos depende poder superar la crítica situación económica que vive la entidad.

Poder valorar y conseguir un socio comercial para Barça Studios (la previsión es de 50 millones de euros) o incrementar los ingresos por patrocinio (la previsión es de 25 millones más) es directamente proporcional a la consecución de éxitos deportivos por parte del primer equipo de fútbol masculino.

Pero, viendo el contexto, se hace especialmente difícil que el Barcelona pueda conseguir igualar estas previsiones a corto plazo, que van muy condicionadas a la propiedad intelectual que el club pueda gestionar y poner a disposición de sus socios comerciales.

Empezar de cero desde los despachos

Empezar desde cero, pues, también afecta a la gestión en los despachos. Y la primera misión es aplicar una idea general de la gestión que, históricamente, no ha sido muy habitual en el fútbol español: para crecer, las organizaciones necesitan estabilidad y paciencia.

Ciertamente, la junta directiva de Joan Laporta ha de conseguir estabilidad institucional, social y económica, mientras que los aficionados se han de armar de paciencia para poder superar la larga travesía del desierto que se vislumbra.

La debacle de la Champions deja al club con remotas opciones de mejorar sus ingresos a corto plazo –los equipos que juegan la Champions ingresan entre un 30% y un 50% más en patrocinios que los de la Europa League, explica el economista Marc Ciria–, y exclusivamente ganando la Europa League el club podría cumplir con la previsión presupuestaria de 20 millones de euros por llegar a cuartos de la Champions.

En este escenario, se hace muy difícil pensar qué podrá hacer el Barça en las próximas ventanas de fichajes. Así pues, el escenario más realista y racional obliga a potenciar el gran talento de su plantel (La Masia), asumiendo el riesgo de competir con jugadores jóvenes que, por mucho talento que tengan, carecen de experiencia competitiva en la élite del fútbol profesional.

Para ser optimistas, una lección que nos deja Robert Iger, CEO de Disney desde 2005, en su libro de memorias The ride of a lifetime (2019) es que el crecimiento de cualquier compañía no se puede hacer sin talento. Y menos las compañías que pretenden ser líderes del sector del entretenimiento.

La Masia es una fábrica enorme de talento, y la marca Barça continúa siendo un elemento tractor. Aquí podríamos encontrar el botón rojo que inicie la recuperación, pero añadiendo un elemento absolutamente necesario e imprescindible para que todo este talento pueda llegar a explotar: la gestión de la entidad desde un punto de vista racional, coherente, planificado y buscando la estabilidad a medio y largo plazo. Algo que, desgraciadamente, no ocurre desde hace algunas temporadas.

The Conversation

Xavier Ginesta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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