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‘Vivir es acojonante’ en las navidades del coronavirus

Fotograma del anuncio de Navidad de Campofrío de 2021. YouTube

El lenguaje (verbal, de signos, multimodal) es como el aire que respiramos. Es nuestro medio. Al estar inmersos en él no somos conscientes de hasta qué punto influye en nuestro pensamiento.

La lingüística y las ciencias cognitivas llevan décadas analizando su uso como herramienta de persuasión. El chiste del cura fumador ilustra la influencia del lenguaje en nuestra toma de decisiones:

Un cura le pregunta al obispo si puede fumar mientras reza. El obispo le contesta tajantemente que no. Al día siguiente, el cura ve a un seminarista fumando mientras reza y le afea su comportamiento, preguntándole si ha pedido permiso. El seminarista le contesta que sí: “Le pregunté al obispo si podía rezar mientras fumaba y me contestó que por supuesto, que cualquier momento es bueno para rezar”.

La misma acción, presentada desde dos encuadres diferentes, motiva reacciones opuestas. Esto es lo que nos revela la Teoría del encuadre o de los marcos. La lingüística cognitiva ha analizado los marcos lingüísticos de la pandemia desde sus comienzos. Varios estudios han cuestionado, por ejemplo, que se abuse del marco de la guerra para hablar de la lucha contra la COVID.

¿Qué marcos se están usando en la actualidad? ¿Son los más efectivos?

Según crece la sexta ola, los gobiernos han incrementado las medidas de control para frenarla. Simultáneamente, el rechazo social aumenta. Incluso la publicidad refleja el hastío que producen en la gente.

Lo que da miedo

El anuncio navideño de Campofrío nos muestra a un triste Karra Elejalde aislado del mundo para evitar peligros, entre otros el coronavirus. Sin embargo, el testimonio de una superviviente del volcán de La Palma le motiva a volver a la vida social. Karra se da cuenta de que “lo que más acojona es que la vida es acojonante” y de que él se la estaba perdiendo…

Anuncio de Campofrío 2021.

Sin entrar en la pertinencia de un anuncio que parece animar a la relajación, lo cierto es que nos ofrece un buen material de reflexión. Nos motiva a pensar en la situación actual de la pandemia y en las posibilidades de éxito de las nuevas medidas de control. Pero sobre todo, nos permite explicar lo importante que puede ser manejar bien los marcos conceptuales para que la sociedad las acepte y sean efectivas.

La historia comienza con Karra siguiendo fielmente los consejos sanitarios para evitar el contagio. Pero el anuncio termina con el personaje volviendo a asumir riesgos a cambio de recuperar la felicidad. Nos vemos instantáneamente reflejados en él. Al inicio de la pandemia, nadie dudó en acatar las medidas de control: confinamientos, mascarillas, gel hidroalcohólico… Dos años después, muchas conversaciones cotidianas reproducen los sentimientos de Elejalde: “Este año no me quitan la Navidad…”, “Hay que vivir…”, “Pues estas fiestas nos juntamos sí o sí…”. A pesar de ómicron, de que podría escapar a las vacunas y de que los casos aumentan sin parar, la gente parece dispuesta a arriesgar.

¿Qué ha cambiado?

La variante ómicron nos ha devuelto a la casilla de salida. Pero el contexto actual, tras dos años de pandemia, es diferente y determina cómo reaccionamos.

Hay dos adjetivos que vertebran el anuncio: acojonado y acojonante. Cada uno se corresponde con un marco mental: el de pérdida y el de ganancia. Curiosamente, los psicólogos Tversky y Kahneman demostraron que tendemos a evitar el riesgo si nos encontramos en un marco de ganancias. Por el contrario, si experimentamos un contexto de pérdidas, lo asumimos.

En el inicio de la pandemia veníamos de un marco de ganancias. Teníamos nuestra vida, nuestras rutinas, nuestras vacaciones y pequeños vicios. En ese encuadre positivo (acojonante) nadie dudó en actuar para evitar el riesgo y mantener las ganancias. Todos aceptamos las restricciones impuestas por las autoridades.

Ahora el marco es muy diferente. Mucha gente ha perdido su trabajo, a sus seres queridos, su salud… Todos hemos perdido parte de nuestra libertad, nuestra tranquilidad… Estamos en un marco de pérdidas. En esta situación tendemos a arriesgar porque, como dice el refrán, de perdidos, al río. Eso hace Karra y eso es lo que las conversaciones a pie de calle nos sugieren que la sociedad hará esta Navidad.

En un marco de pérdidas, las nuevas medidas de control chocan contra la tendencia natural al riesgo de quién va perdiendo la partida. Quizás por ello, como percibimos en la calle y leemos en los periódicos, la oposición hacia ellas está aumentado.

¿Y ahora cómo nos comunicamos?

El lenguaje permite crear nuevas realidades. Como el seminarista del chiste, podemos usarlo para influir en las reacciones de la gente. Si queremos que sean efectivas, las nuevas medidas de control del virus –tan necesarias– tienen que comunicarse desde marcos apropiados. Pero, ¿cuáles se están utilizando?

En general, los mensajes institucionales están dibujando un marco de pérdidas al que ligan la necesidad de adoptar medidas adicionales. Nos piden que nos vacunemos porque llega otra ola, porque ómicron puede escapar a las vacunas, porque sube la incidencia, porque las UCIs se llenan… Nos sitúan en un marco casi exclusivamente negativo en el que nos sentimos acojonados. Su objetivo es apelar a nuestra razón. Pero en una situación de pérdida, también perdemos el miedo al riesgo y lo que hacemos es buscar alguna ganancia –por pequeña que sea–, como cenar con la familia y los amigos en navidad.

Por eso es importante diseñar campañas con marcos positivos, de ganancias. Porque entonces sí estaremos dispuestos a evitar riesgos para evitar también nuevas pérdidas.

Es necesario subrayar todo lo que hemos conseguido durante los últimos meses. Hay que enfatizar todas las parcelas de nuestras vidas que hemos podido recuperar. Hay que recordar todas las vidas salvadas por el uso continuado de las mascarillas y por las vacunas. Gracias a estas y otras medidas (ventilación en los colegios, medidores de CO2, uso de terrazas), hoy podemos tomarnos un café con los amigos, celebrar los cumpleaños de nuestros hijos, visitar a nuestros abuelos, viajar, asistir a clases presenciales…

Las recomendaciones de uso de mascarillas, distancia, ventilación y vacunación han sufrido un desgaste natural con el paso del tiempo. La sociedad está cansada. Pero todas estas medidas son aún necesarias. Son esenciales. Si se formulan dentro del marco positivo de las ganancias que nos han traído, serán seguramente más fáciles de aceptar. Simplemente porque seremos conscientes de que aún tenemos muchas cosas buenas que conservar y disfrutar.

Karra lleva razón. Vivir es acojonante. Es necesario situar el discurso de la pandemia en este marco. Solo así querremos protegernos y evitar riesgos, porque desearemos seguir con vida.

The Conversation

Lorena Pérez Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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