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Ya lo decía don Quijote: Rusia y los imitadores de Cervantes

_Don Quijote y Sancho en Sierra Morena_. Grabado de Gustave Doré, 1876. BNE -Biblioteca Digital Hispánica

La lectura de las recreaciones del Quijote depara en ocasiones alguna que otra sorpresa. Salvo excepciones, no son obras de gran interés literario, pero en muchos casos sirven para entender el peso de las ideas y los acontecimientos de su tiempo.

En el extenso inventario de las obras de la narrativa hispánica que recrean el Quijote desde el siglo XVII hasta nuestros días hay dos novelas publicadas en momentos diferentes del siglo XX que dan alguna pista sorprendente, en algún caso casi profética, sobre la actitud de la Rusia actual y la postura de otras potencias. Se trata de Don Quijote y tío Sam de Nicasio Pajares (1930) y ¡Don Quijancho, maestro! de José Larraz (1961).

Más allá de la literatura

Es evidente que Cervantes tuvo una clara vocación militar. Así lo demuestra, entre otros hechos, su participación heroica en la batalla de Lepanto, acontecimiento histórico de cuya trascendencia es muy consciente. Esta vocación se proyecta de una forma muy clara en el discurso de las armas y las letras (Quijote, I, 37 y I, 38). En esa extraordinaria pieza retórica, don Quijote expone las virtudes de la milicia y hace suya la idea de Vegecio (siglo IV) cuando dice que “las armas tienen por objeto y fin la paz”.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, algunas obras narrativas inspiradas en el Quijote reflejan las inquietudes, el pensamiento y las tensiones del momento. La guerra, en concreto, está muy presente en algunas continuaciones quijotescas, como las escritas por Rubén Darío, Antonio Ledesma Hernandez, Juan Manuel Polar y Francisco Navarro y Ledesma. Otro tanto ocurre con las imitaciones de José Joaquín Fernández de Lizardi, el padre Jerónimo Montes y Mariano Sánchez de Enciso.

Por lo que respecta a la paz, el narrador de las Semblanzas caballerescas, de Luis Otero y Pimentel (1886), reclama que don Quijote resucite para combatir los males de un mundo azotado por la guerra. Ese mismo azote, renovado con la Segunda Guerra Mundial, motiva que nuestro caballero obtenga el permiso divino para visitar el mundo en La última salida de don Quijote de la Mancha, de Carolina Peralta (1952).

La alianza entre Rusia y China

Portada de Don Quijote y Tío Sam, de Nicasio Pajares (Ed. C.I.A.P., 1930).

En Don Quijote y tío Sam, el narrador de la novela, que para más señas es espiritista, acude al auxilio de una médium. Esta le revela algunas profecías que, sorprendentemente, tienen pleno sentido en nuestros días. Podríamos hablar del Brexit y del liderazgo franco–alemán en Europa, pero nos centraremos en el actual conflicto derivado de las aspiraciones de Rusia y su sintonía con China. Así, el tío Sam y John Bull, símbolos de Estados Unidos y Gran Bretaña, deben sumar sus esfuerzos para curar el “grano rojizo” que le brota a Japón en la nariz: la alianza entre el Mandarín y el oso blanco siberiano, símbolos de China y Rusia.

Según la profecía, una “gran avalancha roja” amenaza Europa en 1970 por la entente entre estos dos países. La resistencia a este peligro se ve favorecida por la intervención de España, liderada por Alonso Quijano, que renuncia generosamente a Gibraltar para abonar la concordia internacional. Por fin, en 2025 se firma en El Toboso, entonces capital de España, la alianza entre Estados Unidos, Gran Bretaña y España.

La expansión rusa

Portada de Don Quijancho, maestro!, de José Larraz (Aguilar 1961).

José Larraz, ministro de Hacienda entre 1939 y 1941 en el segundo gobierno de Franco, reflejó sus singulares ideas políticas en Roberto Núñez de los Godos Hasparren, el protagonista de ¡Don Quijancho, maestro!.

Roberto es un europeísta convencido que reclama las raíces cristianas de la identidad de Europa. Conoce el proyecto para la creación de una confederación europea impulsado en 1900 por Anatole Leroy–Beaulieu en el Congrès des Sciences Politiques celebrado en París. También aprecia el valor del esperanto como un instrumento de paz, al tiempo que deplora el declinar de Europa tras la Primera Guerra Mundial.

La definición de Europa que propone el protagonista se concreta en la Fundación Civitas Europa, cuyo primer punto doctrinal invoca la creación de una confederación de estados europeos que debe comprender también a Rusia.

De acuerdo con las atinadas predicciones de Roberto, Rusia superará el marxismo y su pertenencia a la confederación será fundamental para conjurar lo que él llama el “peligro amarillo” que encarna China. Si no se produce esta integración “la situacion podrá ser muy difícil y aun mortal para Rusia y Occidente”. Para ello, además del marxismo, Rusia deberá superar su eslavofilia, base de lo que en su momento fue la construcción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En su obra como pensador –concretamente en El bien común (1971)– Larraz recoge las ideas que ya había formulado en 1955 acerca de los factores que justificaban el liderazgo de la URSS frente a lo que él denominaba “las lamentables democracias occidentales” y de los cambios necesarios para facilitar la convergencia de Rusia y su papel para neutralizar a China. Esta es la razón por la cual nuestro autor sostiene la conveniencia de una “europeización rusa”.

Llama la atención la carga profética de la novela y del pensamiento de Larraz si tenemos en cuenta los acontecimientos transcurridos en Europa, Rusia y China desde 1961 hasta hoy. El avance de la hegemonía china, que no deja de percibirse en cierto sentido como una amenaza, hace innecesario cualquier argumento.

Es cierto, por otra parte, que la perestroika y la glasnost supusieron un impulso evidente para el fin del comunismo, pero la eslavofilia sigue inspirando la Federación Rusa, nada sospechosa de europeísmo como demuestran el conflicto con Ucrania y su trascendencia internacional.

Que dos obras de ficción como Don Quijote y tío Sam y ¡Don Quijancho, maestro! nos pusieran en la pista de todos estos hechos tantos años antes es una buena muestra, como empezamos afirmando, de que la literatura inspirada en el Quijote es en muchas ocasiones un termómetro muy fiable de las circunstancias que, con su evolución muchas veces imprevisible y sorprendente, definen la historia de nuestra época.

The Conversation

Santiago Alfonso López Navia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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