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La procesionaria del pino es un síntoma, no un problema

Grupo de procesionarias en el momento de enterrarse para pupar. José A. Hódar, Author provided

Cada año, a final de invierno y principio de primavera, hileras de orugas de procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) abandonan los árboles de los que se alimentan y procesionan al suelo para pupar. En esos momentos se maximizan las posibilidades de contacto con personas y animales domésticos, provocando urticarias, dermatitis y otras reacciones alérgicas, aunque en realidad las larvas han estado todo el invierno allá arriba, en los pinos, alimentándose y defoliando los árboles.

Estos efectos de las larvas, así como las espectaculares defoliaciones que pueden provocar en sus plantas nutricias, han otorgado a la procesionaria su catalogación como especie plaga. En consecuencia, se la ha combatido de muy diversas formas, desde fumigación con pesticidas químicos hasta destrucción de sus bolsones con disparos.

Sin embargo, incluso en las zonas reiteradamente tratadas contra la procesionaria, esta sigue apareciendo cuando las condiciones son propicias. Esto sugiere que no es esa la vía adecuada para intentar controlarla.

Pinar con tonos marrones por la pérdida de hojas
Defoliación masiva en el Parque Nacional de Sierra Nevada (Granada), 21 de mayo de 2010. José A. Hódar, Author provided

Un llamativo ciclo de vida

La biología de la procesionaria muestra varias particularidades notorias. La polilla tiene una vida muy corta. Emerge en verano-otoño, en apenas una noche se aparea, hace la puesta y muere. Las hembras depositan sus huevos en un único paquete que contiene unos 200 huevos.

Tras un mes de incubación, de la puesta nacen las larvas, que son gregarias durante todo su desarrollo, manteniéndose agrupadas en sus llamativos nidos de seda. Estos bolsones las ayudan a superar las bajas temperaturas invernales y a reducir la depredación.

Las larvas se alimentan de noche, incluso con temperaturas cercanas a 0 ℃ , cuando no hay depredadores. Durante el día están protegidas por la fuerte seda de los bolsones, digiriendo el alimento. La fase larvaria se desarrolla durante el invierno, lo que la hace muy dependiente de la temperatura, y la ha favorecido en la situación de calentamiento global en que nos encontramos.

Mecanismos de control natural

Muchos depredadores y parasitoides atacan a la procesionaria: su presencia en los ecosistemas mediterráneos es tan antigua como la de los pinos, y cuenta por tanto con una red de interacciones perfectamente establecida.

Tradicionalmente se ha intentado favorecer a las aves insectívoras. Estas pueden alimentarse de las larvas, pero su capacidad para reducir las poblaciones de procesionaria es muy limitada. Más eficaces parecen los depredadores de polillas, murciélagos y chotacabras, aunque su tasa de depredación es muy difícil de cuantificar.

Nido de procesionaria con agujero producido por un ave
Bolsón invernal de procesionaria depredado por párido. Además de las larvas que haya consumido el ave, el boquete reduce la capacidad termorreguladora del bolsón y compromete la supervivencia de las larvas. Se aprecia también la puesta de la polilla, justo encima del bolsón. Jose A. Hódar, Author provided
Insecto en un nido de procesionarias
Icneumónido, himenóptero parasitoide en un bolsón, escogiendo víctima para hacer la puesta en ella. José A. Hódar, Author provided

Asimismo, varias especies de parasitoides atacan a los huevos y a las larvas y pupas, y pueden alcanzar tasas de ataque bastante elevadas. Sin embargo, casi todos ellos son depredadores más o menos generalistas, con una capacidad limitada para incrementar su tasa de depredación conforme la población de procesionaria crece.

Cuando el invierno es cálido y las larvas de procesionaria se desarrollan bien, su población escapa al control biológico y se producen defoliaciones masivas en los pinares. La población decae entonces en la siguiente generación, sobre todo por falta de alimento. Se desarrolla así una dinámica cíclica que alterna inviernos prácticamente sin procesionaria frente a inviernos de fuerte defoliación.

En cuanto a los pinos, por espectaculares que sean las defoliaciones, la realidad es que en general se recuperan bien. Solo muy raramente muere alguno. Los pinos defoliados producen nueva acícula en la primavera que sigue a la defoliación. Aunque a corto plazo muestran una cierta merma en crecimiento y reproducción, después compensan el daño sufrido.

Un componente de los sistemas mediterráneos

El perfecto ajuste entre las particularidades del ciclo de vida de la procesionaria y el escaso daño a largo plazo que los pinos sufren por su ataque son fuertes evidencias de que la procesionaria es un componente perfectamente integrado en el ecosistema mediterráneo: cumple una función y la cumple bien.

Si la catalogamos como plaga y la combatimos como lo hacemos es, sencillamente, porque, cuando el ser humano altera dichos ecosistemas en su propio interés, inadvertidamente crea las condiciones para que la procesionaria prospere fuera de control biológico. Y cuando la procesionaria prospera, se exacerban sus dos efectos más notorios para el ser humano: se hacen visibles las defoliaciones (y sus efectos negativos a corto plazo en los árboles) y se incrementan las posibilidades de afecciones médicas y veterinarias.

Una plantación de pinos poco diversa y homogénea es un caldo de cultivo perfecto para que la procesionaria prospere. En cambio, es un muy mal sitio para todos sus enemigos naturales: murciélagos, parasitoides y aves insectívoras, ya que cuando no hay procesionaria presente no hay recursos alternativos de los que alimentarse.

En estas condiciones, si un invierno cálido favorece la supervivencia de las larvas, la población de la procesionaria crece muy rápidamente y provoca una defoliación masiva, que causa después el colapso de la población por falta de alimento.

Sin embargo, las plantaciones de pinos son productos humanos. Los verdaderos bosques mediterráneos son más diversos. En ellos, los pinos son solo un componente más de la cubierta vegetal, que dota de recursos alternativos a los depredadores de la procesionaria y limita la cantidad de alimento de esta.

Hay, por supuesto, pinares poco diversos de forma natural, pero suelen estar restringidos a hábitats marginales o de alta montaña, en los que algún factor, como la temperatura, limita la capacidad de crecimiento de la procesionaria. No obstante, con el calentamiento global esto está cambiando.

Pinar sin hojas y recuperado
Arriba: defoliación masiva en un pinar cercano a la presa de Rules, en el sur de la provincia de Granada, 25 de marzo de 2018. Abajo: evidencia de que las defoliaciones por procesionaria no matan a los pinos, no al menos si son episódicas y no reiteradas: mismo pinar de la foto anterior cercano a la presa de Rules, en el sur de la provincia de Granada, 9 de agosto de 2018. José A. Hódar, Author provided

La gestión del hábitat como método de control

La procesionaria, por tanto, no es el problema: es el síntoma de los cambios que el ser humano ha introducido en los sistemas naturales, al imponer plantaciones de pinos homogéneas y poco diversas, y al provocar un calentamiento en el clima. La procesionaria se comporta como plaga en los sitios en los que la actividad humana ha creado las condiciones que propician su dinámica explosiva.

En consecuencia, el control de la procesionaria no pasa por un ataque frontal contra ella (aunque muy puntualmente esto pueda ser necesario), sino por reducir o eliminar las condiciones que provocan ese crecimiento desmesurado, mediante una diversificación y naturalización de nuestras masas forestales.

The Conversation

José Antonio Hódar Correa recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Conocimiento (MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

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