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¿Puede un robot enseñarnos empatía?

Dmytro Zinkevych / Shutterstock

La empatía es un concepto bien arraigado en la investigación que ha tomado una nueva dirección en los últimos veinte años. Anteriormente, los trabajos sobre la empatía se centraban casi exclusivamente en la comprensión del fenómeno, ya sea mediante el estudio de los comportamientos o por los correlatos fisiológicos y neurofisiológicos.

Hoy en día, además, la inteligencia artificial intenta reproducir e introducir la empatía en entidades físicas y reales, especialmente en robots, que realizan tareas características del ser humano. Dado que las máquinas tendrán roles sociales y compartirán entornos con nosotros en el futuro, es esencial comprender qué tipo de diseños podrían suponer un beneficio para la educación socioemocional de los niños con los que interactúen.

El mecanismo percepción-acción

La empatía cubre un amplio número de procesos, desde los más simples y automáticos hasta los más sofisticados. El mecanismo percepción-acción es relativamente sencillo. Está presente durante los primeros meses de vida y ya se ha implementado con éxito en la inteligencia artificial. Este mecanismo permite a un niño acceder al estado emocional de otro a través de sus propias representaciones neurales y corporales.

A partir de los dos años de edad, se observa el desarrollo temprano de la toma de perspectiva. Los niños están en el nivel I cuando entienden que el contenido de lo que ven puede diferir de lo que otro ve en la misma situación. Alcanzan el nivel II cuando entienden que ellos y otra persona pueden ver la misma cosa simultáneamente desde diferentes perspectivas. Este tipo de empatía permite estar motivado por las necesidades sociales o de otras personas en ausencia de beneficios para uno mismo.

Los robots sociales siguen un camino de desarrollo similar al de la empatía humana. Se pueden esbozar tres tipos de robots en función de la complejidad de sus componentes y del proceso empático para el que están diseñados. Según el propósito, el contexto y las tareas que vayan a realizar estas máquinas, pueden variar los factores críticos de empatía que implementemos en ellos.

Identificar emociones

Cuando se habla del desarrollo de la empatía en educación infantil, el objetivo es que los niños sean capaces de identificar las emociones y verbalizarlas.

Los robots de tipo I están basados en procedimientos de aprendizaje práctico. Es decir, aprenden la emoción practicándola. El robot asocia las expresiones faciales imitadas o exageradas de un instructor con su módulo computacional emocional-cognitivo para aprender una respuesta empática.

A veces, la empatía es el resultado de una red cognitiva basada en el lenguaje.

Después de aprender, el robot puede reconocer el estado emocional del niño a través de su expresión, imitarla y etiquetarla verbalmente. De esta manera, además, sensibiliza al niño hacia sus propias señales emocionales y le proporciona los nexos necesarios en la toma de conciencia entre las respuestas emocionales y sus estados subjetivos. Por ejemplo, puede decirle: “Estás enfadado, ¿verdad?” o “¡te veo contento!”.

Las similitudes entre el proceso del robot y el niño es que en ambos se producen asociaciones directas durante el aprendizaje. Cuando el robot o el niño percibe las señales empáticas del otro, sienten las emociones asociadas solamente si estas coinciden con la experiencia pasada. Los robots sociales pueden tener memorias episódicas con emociones asociadas y usarlas para “sentir” la situación actual.

Así, ubicado en una situación interpersonal adaptada a su edad, el niño puede aprender el gesto emocional y la postura, a nombrar un estado emocional, a precisar en lo que está pensando y a mostrar la cara que le conviene a los demás. Su actividad emocional, a su vez, está condicionada por lo que recibe del contexto. El niño es al mismo tiempo actor de la expresión emocional y observador del efecto emocional que produce.

En esta situación, distingue gradualmente el significado de estas acciones emocionales y su atención puede centrarse en los efectos de sus propias actividades emocionales y las de los demás.

Relaciones de empatía

A veces, el objetivo no es provocar en el robot reacciones similares o congruentes al estado emocional del niño. Para establecer una relación empática a largo plazo, un robot social puede requerir mostrar estados de ánimo y emociones que varíen con el tiempo.

Los robots sociales de tipo II están diseñados para desarrollar un estado emocional general con la experiencia. De esta manera, el robot puede responder y adaptarse a las expresiones emocionales de los niños al mismo tiempo que desarrolla su propio “estado de ánimo”.

La contingencia de las respuestas y la imprevisibilidad de la conducta son factores que logran imitar más naturalmente el comportamiento humano y favorecen una interacción y un aprendizaje más positivo entre el niño y el robot.

Toma de perspectiva

La toma de perspectiva se considera el proceso cognitivo más avanzado entre los procesos de empatía. Consiste en imaginar la perspectiva del niño y suprimir la del robot. Este proceso, junto con la asociación mediada por el lenguaje, es lo que muchos investigadores llaman empatía cognitiva.

El resultado de la toma de perspectiva no implica necesariamente lazos emocionales con el niño. Un robot social tipo III podría proyectar escenarios imaginarios construidos a partir de las señales empáticas, el contexto e historia del niño, anticipar su comportamiento, mostrar preocupación y sugerir nuevas alternativas de respuesta.

Esta capacidad de imaginación proyectiva permitiría al niño detectar claves relevantes en diferentes situaciones sociales y anticipar patrones de acción propios y ajenos. Sin embargo, se requiere mucho más avance tecnológico para que un robot social haga juicios atributivos para identificar las causas detrás de los pensamientos, sentimientos y características del niño.

Actualmente, los robots empáticos de tipo I están apareciendo en la industria y han mostrado su eficacia en el ámbito clínico. La mayoría de las investigaciones empáticas sobre robots sociales se están moviendo lentamente hacia los robots de tipo II y, como la investigación precede a la comercialización, se espera ver un mayor número de investigaciones sobre robots de tipo III en un futuro próximo.

The Conversation

María Isabel Gómez León does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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