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La repatriación de empresas a los países ricos supone un duro golpe para África

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La crisis económica mundial desencadenada por la pandemia de la covid-19 en 2020 y la invasión rusa de Ucrania en febrero de este año, ha intensificado el riesgo de una menor integración comercial entre países. Este proceso es conocido como la desglobalización del comercio.

La pandemia ha impactado en las cadenas de suministros de todo el mundo. Por ello, las empresas en economías más avanzadas han empezado a llevar la producción que habían subcontratado en Asia a sus países, o al menos a zonas más cercanas. Con estos cambios, se espera evitar, tanto en la actualidad como en el futuro, interrupciones en las cadenas de suministros para así asegurar un suministro de mercancías constante y fiable.

La invasión rusa de Ucrania ha acelerado la escasez mundial de suministros tras la pandemia. Además, está alentando las expectativas de una menor dependencia de las empresas de las cadenas de suministro mundiales. Esto ocurre especialmente con las empresas en Europa y Estados Unidos.

Esta tendencia corre el riesgo de añadir tensiones en las economías africanas, que ya sufren dificultades económicas en la actualidad, debido a la inflación de los precios de los alimentos y del combustible impuesta por la guerra en Ucrania.

Un mundo desglobalizado plantea riesgos graves para África. Así se ha confirmado en las conclusiones de un informe reciente del Banco Mundial. El documento muestra que revertir la globalización a través de la reubicación de las cadenas de valor puede llevar a otras 52 millones de personas a la pobreza extrema.

Los habitantes del África subsahariana serían los más afectados. Intensificaría la pobreza en África. Como se muestra en el gráfico 1, la integración comercial global (la aportación del comercio al PIB mundial) se aceleró después de 1990, y luego se ralentizó tras llegar a su pico en 2008, cuando la crisis financiera provocó una recesión económica. El notable aumento de la integración comercial global de los años noventa y dos mil está estrechamente ligado al crecimiento acelerado del comercio de cadenas de valor mundiales.

Los movimientos en la integración comercial mundial son igualados por los movimientos en la participación de las cadenas globales de valor (CGV). Nota: los datos sobre el comercio mundial (% del PIB) se obtuvieron a través de los indicadores del desarrollo mundial del banco de datos del Grupo Banco Mundial. Los datos sobre la participación de las CGV en el comercio mundial provienen del Informe sobre desarrollo mundial 2020: El comercio al servicio del desarrollo en la era de las cadenas de valor mundiales. Washington, DC: World Bank.

Por qué es importante estar conectado

La conexión con la economía mundial es vital para estimular el crecimiento y desarrollo en el continente ya que esta crea oportunidades para que las empresas se especialicen en tareas específicas. A su vez, les permite integrarse en partes de una cadena de valor mundial, aunque carezcan de la ventaja competitiva para crear un producto completo a nivel nacional.

Además, una mayor participación en las cadenas de valor mundiales proporciona a las empresas africanas un mejor acceso al capital, a la tecnología y a otros insumos necesarios para mejorar productos y diversificar más. Es importante señalarlo, puesto que las empresas africanas se encuentran con costes significativamente más altos que reducen su capacidad de competir en mercados regionales e internacionales. Estos costes constriñen especialmente a pequeñas y medianas empresas (pymes), el pilar de la mayoría de las economías africanas.

Entrar en las cadenas de mercado mundiales es crucial por varias razones. Primero, impulsa el crecimiento de las pymes africanas. Segundo, apoya al Área Continental Africana de Libre Comercio para avanzar la integración al comercio regional. Tercero, diversifica la producción y las estructuras de exportación. Y por último, promueve el repunte de la industrialización.

Con el tiempo, los resultados económicos positivos reducirían en buena medida la pobreza en África, una situación que recuerda al impacto de la segunda ola de la globalización que se aceleró rápidamente después de 1990. Esta ola ayudó a algunas economías asiáticas y emergentes a sacar a millones de personas de la pobreza al apoyar su integración en las cadenas de valor mundiales y redujo la brecha de desigualdad en los ingresos entre las economías avanzadas y los países en vías de desarrollo.

El cambio

Varias empresas están trasladando sus instalaciones de producción. Entre ellas, el fabricante de motos y bicicletas eléctricas Pierer Mobility, con la construcción de una instalación en Bulgaria para estar más cerca de sus principales clientes en Europa, y el diseñador de trajes Hugo Boss, quién también ha trasladado su producción a zonas más cercanas a su país.

En Estados Unidos, Stanley Black & Decker ha ampliado sus operaciones de producción de herramientas en Norteamérica. Su objetivo es apoyar el desarrollo regional de sus cadenas de suministros y facilitar plazos más cortos. Las empresas de confección de Estados Unidos también ven los problemas con las cadenas de suministros como una oportunidad para reconsiderar llevarlas a su país.

Los gobiernos en economías avanzadas también están fortaleciendo la repatriación de la producción, principalmente por razones geopolíticas. Ahora, la UE pretende impulsar su propia producción de chips y ha prometido respaldar a los fabricantes de chips como Intel Corp, por ejemplo, con subvenciones de miles de millones de dólares. Estados Unidos también planea invertir miles de millones de dólares para reforzar la producción nacional de chips y Japón está destinando fondos descomunales al desarrollo de su propia industria de semiconductores.

Estos gastos tan significativos reflejan la importancia geopolítica de los chips de última generación, vitales para el avance tecnológico en la actualidad y en el futuro. Las inversiones estadounidenses y europeas en chips también están motivadas por la competencia china y el deseo de reducir su dependencia de Taiwán y Corea del Sur como principales proveedores, ya que podrían ser vulnerables a las crisis de suministros y a los conflictos geopolíticos de la región.

Además de la creciente rivalidad geopolítica y las tensiones entre China y Occidente, el aumento del nacionalismo occidental tras la crisis financiera de 2008/2009 también ha frenado el entusiasmo por acelerar la integración en el comercio mundial.

En Estados Unidos, por ejemplo, el programa Make America Great Again (Haz Estados Unidos grande otra vez) del expresidente Donald Trump era esencialmente un programa en contra de la integración económica mundial y promovía específicamente políticas proteccionistas que se centraban en la reducción del comercio entre China y Estados Unidos.

En toda Europa, también se dieron movimientos nacionalistas y antiglobalistas similares, que fueron claves para la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2020.

¿Y ahora qué?

La globalización es un fuerte motor para la integración en la cadena de valor mundial de gran importancia para el crecimiento y desarrollo de África, cuyas economías han sufrido daños aun mayores debido a la pandemia. Además, las diferencias entre la recuperación de las economías avanzadas y de las economías en vías de desarrollo de África (y otras regiones) amenazan con revertir los avances en la reducción de la pobreza.

A falta de una acción decisiva, la repatriación de la producción implica que en el futuro el comercio estará dominado por unos pocos bloques regionales poderosos. Entre ellos, encontraríamos probablemente al bloque asiático dominado por China, al bloque norteamericano liderado por Estados Unidos y al bloque de la Unión Europea.

Si esto ocurriese, el progreso de varias décadas para reducir la pobreza mundial correría alto riesgo de descarrilar aun más. El mundo sería un lugar más pobre y África sería la más perjudicada ya que el continente quedaría apartado de las cadenas de valor mundiales.


Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Lilian Navarro Molina.


The Conversation

Jonathan Munemo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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