El viernes pasado, una mujer ingresó en el hospital de Piedimonte Matese, situado a 80 km de Nápoles, con fuertes dolores abdominales y rápidamente le detectaron una gastritis hemorrágica.

Por su edad, 70 años, era necesario hacerle una transfusión de sangre. Con lo que no contaban los médicos es que esta mujer era testigo de Jehová, por lo que ha muerto desangrada tras negarse a recibir la transfusión.

Para este grupo religioso es preciso «abstenerse de la sangre» por mandato de Dios porque, dicen, «representa algo sagrado para él».  Los hijos de la paciente, también practicantes de esta religión, han afirmado que su madre ha dado «una lección a todos los médicos y todo el departamento», según apunta en una publicación de Facebook el jefe del departamento de Cirujía General del hospital, Gianfausto Iarrobino. 

Los testigos de Jehová aseguran que abstenerse de la sangre es tan necesario como hacerlo de la «inmoralidad sexual y la idolatría». En este caso la complicidad de la familia, también testigos de Jehová, impidió que pudieran convencer a la mujer. 

Oggi sono triste e contemporaneamente incazzato nero. Una paziente è venuta meno nel mio reparto perché ha rifiutato…

Posted by Gianfausto Iarrobino on Friday, 27 September 2019

Los médicos llegaron a consultar con un juez si era posible intervenir sin tener el consentimiento de la paciente, pero el magistrado resolvió que los profesionales no podían anular el deseo de la persona tratada. 

El juramento hipocrático obliga a los médicos a proteger la vida del paciente «por encima de todo», pero al mismo tiempo la voluntad de los tratados debe respetarse incluso más allá de criterios profesionales. El paciente está en su derecho a rechazar una intervención médica. Para eso existen documentos de declaración de voluntades, aún así hay que recoger siempre la historia clínica y notificar, en su caso, ante un juez los riesgos que conlleva rechazar una transfusión. 

En su cuenta de Facebook, Gianfausto Iarrobino se pregunta cómo todavía hoy una religión puede permitir el suicidio y, por otra parte, cómo es posible que él, que juró salvar vidas humanas, se haya visto obligado a presenciar y garantizar un suicidio asistido, aunque por estrictas razones religiosas y de «fe». 

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