25 años de biología Pokémon: ¿evolucionan estas criaturas?

Pikachu en brazos de Darwin. Joaquín Abolafia Cobaleda, Author provided

Los pokémon (contracción de las palabras japonesas “poketto monsuta”, que significan “monstruos de bolsillo”) son una clase de criaturas con caracteres animales, vegetales e incluso objetos, muchos de ellos con apariencia de seres mitológicos. Por supuesto, no son reales: pertenecen a una saga de videojuegos creada por Nintendo que esta semana cumple 25 años.

El grupo de los pokémon incluye numerosas especies cuya peculiaridad es que, cuando alcanzan cierto desarrollo, sufren un proceso conocido como “evolución” y se transforman. Sin embargo, ¿se trata realmente de una evolución en sentido biológico o se trata de otro tipo de proceso?

El término “evolución” puede definirse simplemente como un cambio, pero el caso de los pokémon, al tratarse de unas criaturas que presentan procesos vitales como nacimiento, desarrollo y reproducción, sería más aplicable el concepto de “evolución biológica”. Esta es definida como un proceso de transformación que ocurre en las especies a través de cambios acumulados en generaciones sucesivas.

La evolución biológica consiste en la acumulación de cambios genéticos (genotípicos) y morfológicos (fenotípicos) en las poblaciones de organismos biológicos, generación tras generación, que los hace diferenciarse de sus ancestros. Sin embargo, las transformaciones producidas en los pokémon no son así: no se acumulan de padres a hijos.

Lo que presentan realmente son cambios más o menos profundos en el mismo individuo. Esto concuerda más con la definición de “metamorfosis”, que consiste en una transformación que experimentan determinadas especies y que afecta no solo a su forma sino también a sus funciones y a su modo de vida.

Metamorfosis sencilla

En los animales existen dos tipos de metamorfosis: la sencilla o incompleta y la compleja o completa, ambas también observables entre las especies de pokémon.

De forma similar a como aparece en ciertos animales como cnidarios, moluscos, anélidos, muchos artrópodos, equinodermos y anfibios, en la metamorfosis sencilla las fases iniciales del desarrollo de la especie son similares a las fases finales sin existir un periodo de inactividad, mostrando solo aumento de tamaño en cada una de ellas y un mayor desarrollo de algunas de las partes de su cuerpo.

Este tipo de metamorfosis aparece en pokémon conocidos como Frillish y su forma derivada Jellicent, ambos con aspecto de medusa, en Spinarak y su derivado Ariados, similares a arañas, o en Scyther y su derivado Scizor, con morfología que recuerda a las mantis. Otro ejemplo llamativo sería Charmander, el cual que se va transformando, fase a fase, de un pequeño reptil a uno de mayor tamaño denominado Charmeleon y este se desarrolla, a su vez, en un fabuloso dragón conocido como Charizard que desarrolla alas y protuberancias cefálicas.

También ocurre una transformación curiosa en otro pokémon conocido como Poliwag, que presenta una morfología similar a un renacuajo, el cual se transforma en otra denominada Poliwhirl, que recuerda a una ranita, y esta a su vez se transforma en otra criatura llamada Poliwrath, similar a la anterior pero de mayor tamaño y algo más enojada. Este último tipo de metamorfosis, como se puede apreciar, sería similar a la metamorfosis que muestran los anfibios.

Charmander, Charmeleon y Charizard.

Metamorfosis compleja

Por otro lado, en la metamorfosis compleja, frecuente en insectos, aparecen cambios radicales en la morfología y biología pasando por una etapa de inactividad en la que no se alimentan.

El ejemplo más evidente de este tipo de metamorfosis es el del pokémon conocido como Caterpie, con forma de oruga de mariposa, que se transforma en otra denominada Metapod que recuerda a una crisálida, la cual cambia a la conocida como Butterfree, con forma similar a una mariposa. Estas transformaciones concuerdan con la metamorfosis típica de un insecto lepidóptero.

Además, existen otras transformaciones que desarrollan algunos pokémon que se deben a influencias alimenticias-ambientales, que se producen cuando están en contacto con ciertos elementos. Entre estos casos está la de la criatura denominada como Eevee, que se transforma en otros seres según la exposición a ciertos elementos o dependiendo del momento del día. Estos cambios podían deberse a fenómenos epigenéticos donde factores externos tienen efecto en la expresión de los genes que dirigen. Esto mismo ocurre en las abejas que, según el tipo de alimento que reciben, surgen castas diferentes, como entre las abejas obreras y las reinas, estas últimas desarrolladas al ingerir jalea real, la cual induce cambios celulares.

Slowpoke tras ser mordido en la cola por un Shellder se convierte en Slowbro.

También las relaciones interespecíficas son observadas entre las transformaciones de los pokémon. Una de las más evidentes es la sufrida por Slowpoke que, mordido en la cola por un Shellder, se transforma en la criatura conocida como Slowbro. Esto puede ser considerado como un tipo de parasitismo en su fase inicial que se convierte en un mutualismo ya que ambos seres obtienen un beneficio.

Como se puede apreciar en todo lo mencionado anteriormente, los pokémon mantienen una amplia gama de maneras de transformarse, todas ellas llevadas a cabo sobre el individuo, no sobre la población ni sobre la especie.

Aunque, en general, los pokémon surgen de un huevo producido por la unión de dos progenitores de distinto sexo, las crías sufren cambios drásticos en su forma y tamaño durante su crecimiento. Sin embargo, estos cambios no son heredables por lo que en ningún caso puede considerarse como una evolución biológica como la concibieron Darwin y Wallace, como sí ocurre en animales, plantas y otros seres vivos.

The Conversation

Joaquín Abolafia Cobaleda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

¿Por qué Tanzania juega con fuego al rechazar la vacuna de covid-19?

La oración es uno de los métodos empleados en Tanzania para controlar la propagación del nuevo coronavirus. STRINGER/AFP vía Getty Images

Tanzania ha tenido un enfoque muy particular para controlar el SARS-CoV-2. El año pasado, solo unos meses después del inicio de la pandemia, el presidente John Magufuli declaró a Tanzania libre de covid-19 tras tres días de oraciones nacionales.

Desde entonces, se ha negado a imponer un confinamiento, ha reabierto las escuelas, ha permitido la celebración de grandes eventos deportivos, ha continuado con las reuniones religiosas, ha dejado de hacer pruebas y ha suspendido las campañas de comunicación públicas sobre el virus. El país también ha dejado de notificar casos y muertes.

El argumento era que la gente debía dejar de vivir con miedo y confiar en Dios y en los remedios tradicionales africanos para prevenir contagios. Tanzania podría ser el único país del mundo que haya adoptado este enfoque, que va en contra de todo lo que han recomendado los científicos, otros organismos sanitarios nacionales y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por lo tanto, no es de extrañar que las autoridades hayan dicho que no tienen planes para vacunar a la población, o, al menos, no por ahora.

¿Podrá la gente seguir accediendo a las vacunas?

No. Y sí.

No, porque no se puede utilizar una vacuna en el país sin que esté registrada y autorizado su uso. El proceso normal es que los expertos, junto con los organismos reguladores, revisen los datos sobre la vacuna y aprueben su uso si están convencidos de su eficacia y seguridad.

Para la vacuna de la covid-19, esto se está haciendo mediante el procedimiento de la lista de uso en emergencias de la OMS. La revisión la realiza un equipo internacional de expertos con la participación de otros especialistas de las autoridades nacionales.

Pero si el Gobierno tanzano se niega a registrar la vacuna para su uso, nadie podrá acceder a ella.

No obstante, el país podría registrar la vacuna, pero negarse a importarla. Esto permitiría al sector privado importar algunas, aunque no serían suficientes. Los programas de vacunación contra la covid-19 en cualquier país suponen una gestión masiva y, si el sector privado coge las riendas, muchos no podrán permitirse las vacunas o tener acceso a ellas.

Quienes sí se podrían vacunar serían las personas pertenecientes a la élite de Tanzania (o aquellos que dispongan de medios), que podrían salir del país y vacunarse en otro lugar.

Otros tanzanos que podrían tener acceso a las vacunas son aquellas comunidades fronterizas que, en el pasado, han cruzado a los países vecinos y se han beneficiado de los programas de vacunación. Esto podría suceder si la vacunación generalizada comienza a producirse en Kenia, Uganda, Ruanda y Malaui.

Pero eso será dentro de un par de años.

Todavía existe la posibilidad de que Tanzania registre e importe las vacunas en el futuro. Magufuli ha enviado mensajes contradictorios. Por una parte, el Gobierno ha dicho que no tiene previsto encargar vacunas a través de COVAX (una iniciativa global destinada a lograr un acceso equitativo a las vacunas contra la covid-19) ni de ningún otro mecanismo. De hecho, la lista de distribución de COVAX publicada recientemente no incluye ninguna dosis para Tanzania.

Por otra parte, ha afirmado que los tanzanos solo deberían confiar en las vacunas que hayan sido revisadas por expertos del país y que estos hayan considerado seguras.

¿Tiene Tanzania antecedentes de oposición a las vacunas?

No, que yo sepa.

Tanzania, al igual que otros países, ha puesto en marcha programas de vacunación rutinarios. Están dirigidos especialmente a los niños menores de cinco años y actúan contra enfermedades como la tuberculosis, la poliomielitis, la tos ferina, el sarampión, la rubeola y la difteria. En los últimos años, estos programas se han ampliado para incluir vacunas contra la neumonía bacteriana, la diarrea y la hepatitis B.

En Tanzania, la cobertura de vacunación, es decir, el porcentaje de personas que reciben la vacuna es muy alto: alrededor del 80 % o 90 %. Esto significa que no hay antecedentes de oposición a las vacunas.

Diferencias entre Tanzania y países vecinos como Kenia y Uganda

Kenia, Uganda, Ruanda y Malaui han intentado conseguir desesperadamente la vacuna para sus ciudadanos. Todos ellos se han integrado en el servicio de COVAX y han desarrollado planes de distribución de vacunas, han calculado los costes y los han presentado. Ruanda incluso se ha adelantado y ha obtenido vacunas fuera del servicio de COVAX.

Estos cuatro países también han empezado a informar a la población sobre estos planes. Por ejemplo, han confirmado que la primera fase de distribución se destinará prioritariamente al personal sanitario y a las personas de alto riesgo.

En estos momentos, el mayor problema al que se enfrentan los países africanos es a la escasez de vacunas en el mercado global para vacunar a una parte importante de la población. Muchos países ricos habrán vacunado a todos los que lo necesiten a finales de este año. Pero los países africanos no contarán con total disponibilidad de la vacuna hasta finales del próximo año o, incluso, hasta 2023.

Si los países que han buscado las vacunas con tanto ímpetu están tan atrasados, imagínense un país como Tanzania que, ahora mismo, ni siquiera ha comenzado.

¿Cuál es el riesgo para el país y la región?

El riesgo para el país ya se ha hecho evidente. El método que ha seguido Tanzania ha permitido que el virus se propague sin control entre la población. La gente se está muriendo de lo que se está categorizando como “neumonía” y “dificultades respiratorias”.

La gente que vive en Tanzania no está suficientemente preparada ni protegida, pues no hay protocolos sobre lo que se debe hacer para evitar la propagación del virus si alguien cae enfermo. La mayoría de la información trata sobre hacer vaporizaciones para prevenir la covid-19, pero eso no impide que el virus se transmita de persona a persona.

El segundo gran problema es el impacto en el personal sanitario. Incluso en países en los que se han implementado medidas estrictas, el personal sanitario ha enfermado y muchos han muerto. La desinformación en Tanzania podría provocar que los trabajadores sanitarios no tomen suficientes precauciones en los ambulatorios, en las salas de urgencias e incluso en las consultas donde se atiende a los pacientes. Si el personal sanitario enferma, otros servicios sanitarios también se verán afectados.

Un gran peligro para la región y para el mundo.

En primer lugar, mientras haya casos de covid-19 en Tanzania, resultará imposible que los países vecinos (con los que comparte fronteras permeables) estén libres de la enfermedad.

En segundo lugar, y quizás más importante, existe el riesgo de que se desarrollen nuevas variantes en el país mientras nadie está llevando a cabo un seguimiento. Las nuevas variantes surgen debido a la propagación incontrolada.

Si más delante surge una nueva variante en Tanzania, el peligro reside en que se podría propagar por toda la región e invalidar las vacunaciones que se hayan administrado si no son efectivas contra esa variante.

La pandemia no terminará para nadie en ningún lugar hasta que no esté controlada en todos los países. La postura de Tanzania hará que sea mucho más difícil volver a la normalidad.


Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.


The Conversation

Catherine Kyobutungi es una epidemióloga de Uganda que actualmente trabaja como directora ejecutiva del Centro de Investigación sobre Población y Salud en África. Recibe fondos de Sida, BMGF, Carnegie Corporation en Nueva York, la Academia de Ciencias de África, y la Fundación Hewlett.

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Daft Punk: cómo dos genios disfrazados de robots conquistaron el mundo de la música

Andrea Raffin/Shutterstock

Si bien la ruptura de Daft Punk pudo haber sido inesperada, la naturaleza enigmática de cómo se notificó al público era predecible. Anunciado a través del canal de YouTube del dúo electrónico, el vídeo titulado Epilogue resultó ser una escena sacada de su película Electroma de 2006, junto con una voz tomada de una pista del álbum Random Access Memories de 2013.

La escena fundamental del desierto presenta una larga caminata del dúo con sus cascos reconocibles al instante y culmina en uno de los personajes que se autodestruye mientras el otro se aleja. Continuando con la tradicional tendencia de la pareja a la ambigüedad, señala un final mientras se abstiene de revelar los detalles explícitos.

Durante los últimos 28 años, Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo (los hombres detrás de los cascos) desarrollaron una estrategia de comunicación compleja y contradictoria. Un enfoque que mostró a la pareja escondiéndose detrás de sus alter egos pero, al mismo tiempo, conquistando el mundo de la música electrónica.

Según Bangalter, este método fue fundamental para preservar la imagen de Daft Punk. “Si puedes mantenerte protegido y hacerte notar, entonces todo está bien”, le dijo a la periodista Suzanne Ely en 2006. Lo que comenzó con Bangalter y de Homem-Christo usando varias máscaras para ocultar su incomodidad en las sesiones de fotos, oscureciendo en lugar de proyectar una imagen específica, finalmente se resolvió cuando se reinventaron a sí mismos como androides.

El influjo de Kraftwerk

Como hizo el grupo electrónico Kraftwerk antes que ellos, estos cyborgs celebraron aún más las características electrónicas y automatizadas de su música, mientras que al mismo tiempo orquestaron una mitología a su alrededor junto a la influencia omnipresente de la tecnología.

Bangalter incluso ideó una historia con respecto a su origen, según la cual la aparición del dúo fue el resultado de un accidente. Específicamente, la explosión de un sampler de música electrónica en 1999 los había transformado en sus alter egos robóticos. Sin embargo, junto con esta versión del superhéroe, Daft Punk también habló de su transformación como una respuesta a la fama.

“No creemos en el negocio de la música. Queremos que el foco esté en la música. Si tenemos que crear una imagen, debe ser una imagen artificial. Esa combinación esconde nuestra imagen física y también muestra nuestra visión del star system. No es un compromiso”.

Covers of CDs by Daft Punk
Daft Punk anuncian su despedida después de 28 años: mejor quemarse que desvanecerse. Shutterstock/Kraft74

Superestrellas anticélebres

En este sentido, Daft Punk se ha convertido en un ejemplo de “célebres anticelébres”, porque, a pesar de lo que pudieron haber afirmado, con recorridos por estadios y cameos en las películas de Disney, los miembros del dúo francés estaban lejos de ser “anónimos”.

La suya era una postura llena de contradicciones, y tal vez familiar para muchos de los que trabajan en las artes y la cultura y encuentran su rechazo a la cultura del consumidor operando dentro de las mismas limitaciones impulsadas por el mercado.

En el caso de Daft Punk, esta paradoja derivó en relaciones a menudo incómodas, como la participación de los robots en campañas publicitarias globales, y muchas entrevistas emitidas por los medios de comunicación, a pesar de que repetidamente aseguraron que rara vez concedían entrevistas.

La relación de la pareja con la prensa se ha cultivado particularmente para mantener esta narrativa de “desgana ante los medios”. Y se convirtió en un acuerdo mutuamente beneficioso, que perpetuó la posición antiestrellato de Daft Punk al tiempo que permitió a las publicaciones afirmar que tenían una exclusiva con ellos.

¿Tuvieron suerte?

Para una audiencia que, al igual que ellos, puede quejarse de la saturación de algunos grupos en los medios, y lo que puede indicar en términos de “venderse”, esta noción de que la interacción de Daft Punk es rara, íntima e indiferente a las supuestas demandas de la industria también puede haber resultado atractiva.

Quizás el sociólogo francés Pierre Bourdieu tenía razón cuando dijo que los beneficios pueden derivarse del “desinterés”. De hecho, el marketing de Daft Punk tuvo éxito debido a su destacado rechazo a los mecanismos comerciales más obvios y menos románticos.

El mensaje del vídeo Epilogue es por lo tanto un final apropiado, que destaca la lejanía y el apego, el anonimato y la familiaridad, y todo a cargo de un robot autodestructivo sin un comunicado de prensa adjunto. Concluye acertadamente el legado de Daft Punk de presencia pública asistida por tecnología. Una y otra vez.

The Conversation

Daniel Cookney no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico

Periodismo de calidad contra la desinformación

shutterstock Shutterstock / Billion Photos

“Favorecer la disponibilidad de información fiable”: así se expresaban la Comisión y el Parlamento europeos en la revisión de la Directiva de derechos de autor y afines al justificar la necesidad de regular la relación entre productores de noticias y plataformas digitales reconociendo a las «publicaciones de prensa» –electrónicas o en papel– los derechos de reproducción y comunicación de los que disfrutan artistas, intérpretes o productores.

En estos días, el conflicto entre Facebook y el gobierno australiano ha vuelto a hacer emerger este tema en la agenda pública y aunque la compañía anunció el 22 de febrero un acuerdo sobre el tema, el debate suscitado pone, nuevamente, el foco en un asunto fundamental: cómo garantizar que se siga produciendo información de calidad y que ésta circule libremente distribuyendo los beneficios que genera en las grandes plataformas digitales como Google, Facebook o Twitter. Australia y la Unión Europea –más particularmente, Francia– son los primeros territorios en los que se está resolviendo este conflicto.

En el contexto europeo, el antecedente clave hay que ubicarlo en la Directiva de Derechos de Autor y Derechos Afines aprobada por la Unión Europea en abril de 2019, completada el pasado diciembre por la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA), propuestas por la Comisión Europea para conformar un nuevo marco para la economía de las más de 7.000 plataformas que operan en Europa en todos los mercados.

Este nuevo conjunto de normas europeas –que resultarán operativas en torno a 2022– comienza a reconducir el papel de las tradicionales «publicaciones de prensa» (el «antiguo» mercado de la información de actualidad) en las plataformas digitales (el ya poco «nuevo» mercado global de información), empezando por la adaptación de los derechos de autor y afines que tendrán que actualizarse en toda la Unión antes del 7 de julio de 2021.

News Showcase de Google

Pocos meses después de aprobada la Directiva europea 2019/790, el Parlamento francés modificó en julio de 2019 la ley de propiedad intelectual para garantizar que las plataformas digitales compartieran los ingresos generados por la difusión en ellas de noticias «de información política y general». A raíz de esa modificación legislativa, en abril de 2020, la autoridad francesa de la competencia consideró como posible abuso de posición dominante las prácticas de Google respecto a las noticias de los medios franceses, y solicitó a la compañía estadounidense que iniciara una negociación con los editores. Casi un año después, a finales de enero de 2021, la Alliance de la Presse d’Information Générale (APIG) llegó a un acuerdo con Google para fijar las condiciones de retribución a los editores franceses. La agencia británica Reuters publicó hace unos días que ese acuerdo se había concretado en un pago de 76 millones de dólares por tres años a 121 medios franceses por usar el contenido informativo para su nuevo Google News Showcase respetando la legislación francesa y europea.

Esta respuesta de Google no es únicamente francesa, ni europea. La plataforma lleva varios meses trabajando en News Showcase y firmando acuerdos con medios de todo el mundo, hoy 500 en total según la compañía californiana.

En Australia, News Showcase es accesible desde principios de febrero, y recoge noticias de más de 50 medios con los que se han realizado acuerdos, entre ellos The Australian, Guardian Australia, Nine Entertainment, Seven West Media, The Conversation Media Group y, especialmente, el gigante de la familia Murdoch, News Corp.

Un camino similar ha emprendido Microsoft, que el 22 de febrero anunció que ya trabaja en «una solución que garantice que los editores europeos de prensa sean retribuidos por el uso de sus contenidos» en línea con el sistema que está diseñando Australia.

Australia acelera

Porque ha sido, precisamente, Australia uno de los países que ha acelerado este debate llevándolo a su Parlamento en diciembre de 2020 para «apoyar la sostenibilidad del sector informativo australiano abordando los desequibrios en el poder de negociación entre plataformas digitales y empresas de noticias de Australia».

Aunque el texto está aún en su discusión parlamentaria –ahora en el Senado–, los dos meses de plazo que la norma fija para que haya acuerdo entre plataformas y medios antes de llegar al arbitraje fue contestado por Facebook bloqueando la posibilidad de compartir publicaciones de medios radicados en Australia. Las conversaciones del gobierno de Scott Morrisson con Facebook, Google y Microsoft han calmado, al menos momentáneamente, las aguas.

El “Canon AEDE”

En España, el ministerio que entonces dirigía José Ignacio Wert incluyó en la actualización de la Ley de Derechos de Autor de 2014 la compensación a las empresas informativas por la reproducción de sus contenidos en las plataformas digitales, pero lo hacía obligándolas a canalizar el pago a través de entidades de gestión de derechos –es decir, prohibiendo los acuerdos individuales–.

Este principio, bautizado entonces como «canon AEDE» –las siglas entonces de la asociación de editores de diarios– hizo que Google decidiera cerrar su portal Google News, «debido a la legislación española», como aún explica la página que Google muestra al acceder desde España su portal de noticias. Según Reuters, Google solo volverá a España cuando se reforme la legislación «si los grupos de noticias tienen derecho a firmar acuerdos individuales».

Solo Francia, la República Checa y Hungría han traspuesto, a día de hoy, la nueva Directiva de derechos de autor (el plazo termina el 7 de julio), por lo que el seguimiento de la situación en esos países –y en Australia– va a resultar clave para comprender cómo se transforma el ecosistema informativo y, como dice el texto australiano, los «desequilibrios de poder» entre medios y plataformas.

Esta relación asimétrica entre medios y gigantes de las redes ha favorecido la circulación de informaciones en las redes procedentes de nuevos medios de toda índole, desde iniciativas periodísticas novedosas y valientes hasta estrategias desinformacionales disfrazadas de medios de comunicación.

La transformación vertiginosa de nuestros usos comunicacionales ha dejado a los medios tradicionales en la peor situación económica de su historia, abocados durante años al «todo es gratis» impuesto por la lógica del big data y al tiempo resignados a la sangría que derivaba la inversión publicitaria hacia las nuevas plataformas (en España, en 2019 la inversión publicitaria en el sector digital fue por primera vez líder con el 38,6% del mercado total). Ese desequilibrio de poder es una de las fuentes del orden desinformacional en el que circulan las noticias que nos llegan. Reforzar la producción profesional de noticias garantizando la viabilidad económica de las empresas que las producen es una pieza clave –aunque no sea la única– para combatir la desinformación.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en el blog del Real Instituto Elcano, colaborador de contenido de The Conversation España.


The Conversation

Angel Badillo Matos es Investigador Principal del Real Instituto Elcano.

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¿Podemos contraer covid-19 a través de los ojos?

Shutterstock / Mikhaylovskiy

El primer médico que falleció en el mundo por la covid 19 fue el oftalmólogo chino Li Wenliang: desde sus inicios, esta especialidad médica ha estado muy ligada a la pandemia. Aunque la vía de contagio principal de la covid-19 es la respiratoria, también puede ser transmitida por fómites mediante el contacto humano a través de las manos y de superficies contaminadas.

Menos conocida es la carga viral presente en la lágrima humana, así como en las células corneales y de la mucosa conjuntival. El mecanismo de entrada de los coronavirus en las células se produce mediante el receptor de la enzima convertidora de la angiotensina 2 (ACE2). Este receptor para los coronavirus y el SARS-CoV-2 también está presente en las células oculares, y esta es la razón de que estos pacientes también puedan tener manifestaciones oculares.

Por ello, la transmisión del SARS-CoV-2 a través de la superficie ocular y la lágrima es factible. Los aerosoles infectados por el virus entran en contacto con la superficie ocular y, posteriormente, al sistema respiratorio a través del conducto. Anatómicamente, la mucosa conjuntival (ojo) y la mucosa respiratoria están conectadas a través de este conducto.

¿Cuáles son las manifestaciones oculares de la covid-19?

El SARS-CoV-2 está causando un gran impacto en todo el mundo y sus manifestaciones clínicas todavía no son del todo entendidas.

La mayor parte de las investigaciones clínicas se han centrado en las manifestaciones respiratorias. Sin embargo, hay un creciente número de evidencias de manifestaciones oculares.

Unas producidas por el propio virus y otras derivadas de la pandemia, bien por cambios en los hábitos de vida o bien derivadas del elevado tiempo de permanencia de los pacientes en las unidades de cuidados intensivos (UCI), donde pueden llegar a estar de 3 a 6 semanas con ventilación asistida y en decúbito prono.

En este sentido se han descrito casos de edema de papila bilateral del disco óptico y hemorragias retinianas que pueden estar asociadas con un estado de hipercoagulabilidad. También un aumento de la presión intraocular debido al edema periorbitario por la compresión directa del ojo y la órbita (síndrome de compartimentalización orbitaria) debido a largos periodos en decúbito prono (16 horas diarias).

Por otro lado, los largos periodos de confinamiento y uso de mascarilla obligatorio han supuesto un aumento en la incidencia de ojo seco y otras enfermedades de la superficie ocular.

Las manifestaciones oculares producidas por el propio SARS-CoV-2 publicadas son muy variables e incluyen conjuntivitis, epiescleritis, ojo seco, sensación de cuerpo extraño, picazón, desenfoque de la visión, conjuntivitis y fotofobia.

La más frecuente en la conjuntivitis o inflamación de la mucosa conjuntival, que incluso puede presentarse como un signo temprano para el diagnóstico de covid-19. El periodo de incubación del virus oscila entre 5 y 14 días. Puede ocurrir de forma aislada, como pródromo de la infección respiratoria e, incluso, aparecer tras el comienzo de la clínica sistémica. El tiempo de evolución de la clínica ocular también es variable. La prevalencia de la infección ocular es muy baja (0,8-9,4%, dependiendo de series). En un metaanálisis concluyeron que la conjuntivitis puede estar asociada a una forma más grave de enfermedad.

Además de la afectación de la superficie ocular, se han descrito casos de parálisis de los de los nervios que se encargan de inervar los músculos de los movimientos oculares. También están apareciendo casos aislados de neuritis óptica. Además de en la córnea, también se ha detectado ARN viral del SARS-CoV-2 en la retina de pacientes con covid-19 fallecidos.

Mediante tomografía de coherencia óptica y exploración del fondo de ojo, se han observado lesiones hiperreflectantes a nivel de células ganglionares y capas plexiformes, así como sutiles manchas algodonosas y microhemorragias a lo largo de la arcada retiniana posiblemente relacionadas con la covid-19. A pesar de todo, el debate continúa.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Algunas publicaciones han puesto de manifiesto que los ojos (la mucosa conjuntival) son una puerta de entrada del virus en el cuerpo y una fuente potencial de contagio.

Aunque se haya aislado el virus en secreciones lagrimales de pacientes sin conjuntivitis, el riesgo de transmisión por vía ocular en estos sujetos parece despreciable, ya que la carga viral es mucho menor que en la mucosa respiratoria.

A pesar de estar en estado de pandemia desde hace ya más de 10 meses, no conocemos con exactitud el comportamiento de la infección. Pero es necesario ser muy prudentes. En este sentido, es fundamental el lavado de manos continuo y evitar tocarnos y frotarnos los ojos. Esta medida es especialmente importante en usuarios de lentes de contacto (el lavado y secado de manos escrupuloso antes y después del uso de las lentes de contacto).

En la práctica clínica, además, los médicos oftalmólogos empleamos en las consultas gafas protectoras, pantallas en las lámparas de hendidura y uso de medicación tópica en unidosis.

The Conversation

Cristina Peris Martínez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d'une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n'a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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Universitarios ‘asintomáticos’

Shutterstock / Syda Productions

“Formar para el bien común no solo en pretendida pericia técnica, sino en valores y no solo para la carrera individual, sino para el servicio a la comunidad”.

Así respondió el catedrático de filosofía política de la Universidad de Harvard y premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales, Michael Sandel, cuando se le preguntó recién iniciado este año 2021, sobre qué le falta a la universidad ahora.

Durante los últimos meses, la pandemia del Covid-19 ha rescatado del diccionario la palabra asintomático, por lo menos para muchos de los que no nos dedicamos al ámbito de la salud. Y declaraciones como las del profesor Sandel, que podrían sumarse a las de tantos otros que llevan tiempo observando la formación universitaria, nos hace plantearnos la siguiente pregunta: ¿No estaremos formando universitarios que no muestran síntomas de haber pasado por la universidad?

Desde luego, que nadie piense que la cosa se salva con el aprendizaje de un conjunto de competencias profesionales. Ese es un síntoma universitario, sí, pero no es el único, ni tan siquiera el principal.

Decía el publicista Michael Levine que “tener hijos no lo convierten a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”. Algo así se podría decir con relación al asunto que tenemos entre manos. La realidad se empeña en demostrarnos que tener un título es una cosa y mostrarse como un universitario es otra diferente, ¿o no hemos pensado más de una vez que a aquella doctora, a aquel maestro o al ingeniero del que nos han hablado le falta mucho para ser universitario por mucho título que tenga colgado en la pared?

Nos encontramos ante un curioso panorama. Por un lado, se está consolidando una dinámica que podría resumirse así: toca ir a la universidad porque es allí donde se obtienen títulos que permiten ejercer determinadas profesiones, por poca cosa más. El psicólogo y también profesor de la Universidad de Harvard y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales Howard Gardner afirma que ese es el patrón de pensamiento de los que él llama “estudiantes inerciales”. Por supuesto, no son la mayoría, pero sí bastantes.

Y, por otro lado, nuestras universidades parecen asumir que su principal tarea educativa es la de formar individuos perfectamente adaptados a todos los nichos profesionales que sea posible, los que ya están y los que vendrán. Tampoco son todas las universidades, pero sí muchas. Sería un error criticar esa realidad y necesidad pero, como decíamos, hay otros síntomas universitarios que no reciben la misma atención, ¡y no son cualesquiera!, sino fundamentales y absolutamente necesarios para nuestros días y los que vendrán.

A continuación, señalamos tres que van acompañados de invitaciones para nuestras universidades:

El primer síntoma: sentirse miembro de una comunidad que tiene encomendada una misión social.

Ese fin universitario se puede conocer o sospechar, es más, habrá muchos universitarios que lo acepten de buen grado y lo pongan por obra cuando sea menester. Además, no son pocas las universidades que durante los últimos años han incorporado pedagogías que potencian el aprendizaje del compromiso social.

Sin embargo, aquí se está hablando de un sentimiento, y, para cultivarlo, quizá no tengamos suficiente con mencionar el asunto en los actos de inauguración de curso y en los de graduación; o con ofrecer algunas situaciones de enseñanza y aprendizaje, de manera optativa y puntual, que tengan por objetivo mejorar la realidad. Además de eso, nuestros universitarios merecen saber dónde se han metido, y eso pasa por conocer por qué se crea la universidad, para qué estamos los universitarios y hasta cómo es que ha habido épocas en las que no hemos estado a la altura de nuestra misión social.

Algo nos dice que el sentimiento social universitario germina y crece cuando se conocen esas razones, cuando uno se da cuenta del maravilloso proyecto, tan antiguo como actual, del que forma parte.

Allá va la sugerencia: no estaría de más que nuestros universitarios tuvieran una asignatura para hablar de esas cosas, y, a ser posible, antes de emprender el tabicado camino de la especialización.

El segundo síntoma: querer ser un buen profesional y un profesional bueno.

La formación universitaria, ya se ha dicho, lleva muchísimos años trabajando para formar a los mejores profesionales posibles, y eso está muy bien, pero estaría aún mejor si se dedicara el mismo esfuerzo para formar profesionales buenos.

No se está hablando de moralina ni nada que se le parezca, sino de una formación universitaria que ayude a encontrar respuestas a la pregunta: ¿qué tipo de profesional quiero ser?

Esas respuestas no se encuentran en la ciencia ni en la técnica, sino en las humanidades, en las grandes ideas y producciones culturales de todos los tiempos que nos ayudan a pensar y a pensarnos.

Allá va la segunda invitación: nuestras universidades podrían ofrecer espacios de reflexión y diálogo en torno a esa pregunta, y no al final del camino como una guinda, sino durante la travesía universitaria, junto al resto de asignaturas que conforman un plan de estudios. Quizá sea eso lo que piden no pocos universitarios, y todo sea dicho, muchos ciudadanos que acuden al médico, buscan una abogada o piensan en el maestro de sus hijos.

El tercer y último síntoma: dar imagen de universitario, sea la que sea, pero de universitario.

Estamos ante uno de los síntomas universitarios más demandados, y todo sea dicho, uno de los que más retrata a las universidades. Cuando un titulado no da señales de universitario se le da una patada en el hígado a la universidad. No basta con ser universitario, también hay que parecerlo. La estética universitaria es hoy más necesaria que nunca para el bien de todos. No hace falta hablar de políticos, empresarios o líderes sociales que, a pesar de haber pasado por la universidad, no dan imagen de ello; también podemos fijarnos en titulados que no salen por la televisión, pero que van a comprar, conducen o aparecen en redes sociales sin demostrar su paso por la universidad. Bien sabemos que los universitarios solos no arreglaremos el mundo raro y desordenado en el que nos encontramos, pero podemos ser como brotes verdes si damos síntomas de estética universitaria, eso es, de concordia, diálogo, empatía, respeto, alegría, prudencia y tantas virtudes más.

En fin, los universitarios, como dice Michael Sandel, estamos al servicio de la comunidad y del bien común, eso va con nosotros, está en nuestros genes; y para demostrarlo, no será suficiente con tener un título, también habrá que manifestar otros síntomas, o mejor dicho, no mostrarnos asintomáticos hacia ese servicio y ese bien.

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La cultura del ‘publica o perece’ y sus efectos sobre la investigación

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“Es una cuestión de publicar más, más rápido, no para ser mejor sino simplemente para estar y sobrevivir”.

“…Fragmentar una investigación que tenga una unidad global para que pese más en el currículo académico, repetir una y otra vez el mismo tema con muy pequeñas variantes, publicar diez veces lo mismo en diez sitios diferentes…”

Estas declaraciones son solo unas de tantas que hemos recogido al preguntar por los efectos que genera la cultura del “publica o perece” (la presión por publicar para tener éxito en la carrera académica) sobre el comportamiento ético de los investigadores en filosofía moral y filosofía en España.

Los investigadores perciben que la presión por obtener resultados –sobre todo de cara a los procesos de acceso, acreditación y promoción de plazas– afecta negativamente a la integridad de su investigación. El motivo es principalmente uno: la necesidad de sobrevivir en un ambiente extremadamente competitivo donde al científico se le juzga casi exclusivamente por lo que publica.

Hasta la fecha han sido numerosos los estudios que, a escala internacional, han recogido –con cifras preocupantes– datos sobre la prevalencia de las malas prácticas en la investigación (Fanelli, 2009; Pupovac y Fanelli, 2015). Los estudios son abundantes sobre todo para disciplinas biomédicas.

Sin embargo, nunca antes se había desarrollado un trabajo abordando esta cuestión para áreas de conocimiento como la filosofía o la ética. Quizás porque se podía pensar que estas disciplinas están en cierta medida inmunizadas por los propios presupuestos y competencias cognitivas de estas especialidades. De ahí, el interés que ha guiado nuestra investigación: ¿Es la investigación en ética y filosofía realizada siempre de forma honesta?? ¿Afecta la cultura del “publica o perece” a estas áreas también, o podemos apreciar tendencias diferenciadas con respecto a otros campos de conocimiento?

Respuestas reveladoras

Los resultados obtenidos de una encuesta a 201 investigadores, un foro de debate con 26 participantes y 14 entrevistas en profundidad no han podido ser más reveladores. Así se muestra recientemente en el artículo “Research Misconduct in the Fields of Ethics and Philosophy: Researchers’ Perceptions in Spain” que hemos publicado en la revista Science and Engineering Ethics.

Es más, la alta y activa implicación de los investigadores participantes, así como su enorme generosidad y sinceridad, ha permitido que afloren cuestiones de calado. Aspectos no sólo relativos a la percepción de la proliferación de conductas indeseables en los quehaceres científicos, sino también acerca de las prácticas de publicación y de evaluación científica imperantes en estas áreas. Todo ello ha sido compartido en un extenso informe titulado “Investigación en Ética y Filosofía en España. Hábitos, prácticas y percepciones sobre comunicación, evaluación y ética de la publicación científica”.

Duplicación, autoplagio y manipulación de citas

Un 91,5% de los investigadores encuestados consideran que las malas prácticas están extendiéndose. Entre estas, es la publicación duplicada (66,5%), el autoplagio (59%), el uso de influencias personales (57,5%) y la manipulación de citas (44%) las que más proliferan. Por su parte, la fabricación o falsificación de datos es la que se percibe como la mala práctica de menor incidencia (10,0%).

El material cualitativo del estudio permite observar también que son muchas las dudas que surgen en los investigadores en torno a las normas de publicación científica. Los propios investigadores se preguntaban sobre la idoneidad o no de “reaprovechar” material publicado previamente, o sobre el significado de autoplagio y publicación duplicada, hasta el punto de que esto nos motivó a desarrollar una Guía de buenas prácticas en la publicación científica.

Los participantes del estudio no dudaron en afirmar que:

  1. las malas prácticas se perciben hoy como algo generalizado en sus campos de conocimiento y

  2. la cultura del “publica o perece” supone una inyección de gasolina al fuego que contribuye a calcinar la integridad de la investigación.

El sistema de evaluación en el punto de mira

En la encuesta, un 90,5% de los participantes asocian las malas prácticas con el sistema de evaluación que se basa en el número de publicaciones y su impacto (medido por recuento de citas) como principal criterio de valoración del rendimiento científico.

Los investigadores se quejan de la presión sofocante. Consideran como un sinsentido el evaluar solo con criterios cuantitativos su currículum. Manifiestan las dificultades de estas áreas por generar material novedoso constante y publicar artículos originales de forma periódica (¡y además de alto impacto!). Crudamente, un investigador dijo:

“Lo confiesan mis compañeros y todo el mundo. Uno no puede estar diciendo algo nuevo cada dos por tres. Si tienes que publicar uno o dos artículos al año, te repites, varías ligeramente…”

Ante esta situación, los investigadores optan por buscar réditos en sus carreras y tratar de sobrevivir. Si para ello hay que emplear algún medio de dudosa moralidad, simplemente se hace. Es por lo que, a decir de uno de nuestros informantes, “el sistema actual de valoración de publicaciones está generando vicios y corrupciones en los jóvenes investigadores que perjudica la calidad del profesorado universitario.”

El filosófo también es un ‘homo academicus’

El filósofo o el investigador de ética es, al fin y al cabo, un homo academicus, empleando el concepto usado por Bourdieu (1988). Es decir, este vive como tal, se nutre del mismo entorno y está sometido a las mismas presiones que el resto de los académicos.

Sus presupuestos cognitivos no actúan como vacuna contra los males que le acechan como científico. Ello nos debe hacer pensar en los efectos de un sistema de evaluación de la investigación que coloniza y transforma todas las áreas de conocimiento; incluso las de filosofía y ética.

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