La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, trabajó para tapar los primeros indicios de corrupción que afectaban al que entonces era vicepresidente, Ignacio González, que más tarde fue encarcelado en la operación Lezo.

En una exclusiva de eldiario.es, el medio publica como Díaz Ayuso envió un correo el 12 de abril de 2012 al empresario imputado en el caso Púnica Alejandro de Pedro, un supuesto experto en reputación on line que cobraba de la Comunidad del Madrid para combatir informaciones críticas a través de páginas web zombies y perfiles falsos en las redes sociales.

Ayuso era por aquel entonces diputada en la Asamblea de Madrid. El mensaje que envía al mail del empresario de la trama era muy escueto. Constaba solo de este enlace a una noticia publicada el mismo día en el diario El Mundo: https://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/12/madrid/1334228478.html

El artículo hace referencia a una investigación policial que en ese momento se llevaba a cabo contra el vicepresidente Ignacio González por su ático en Estepona. No hacía falta más información en el correo porque De Pedro, cuya empresa trabajaba en mejorar la reputación de los políticos del PP, ya sabía lo que había que hacer: crear noticias manipuladas y positivas que contrarrestaran las negativas.

El correo enviado por Ayuso muestra que las relaciones de Ayuso con De Pedro fueron más allá de 2011 y más allá de mejorar la imagen de Aguirre. Envió el correo para contrarrestar cualquier huella de corrupción de González sobre el escándalo de su ático de 500 metros en Marbella.

El sistema de trabajo era el usado por Ayuso, enviar mails por correo con informaciones que había que promocionar o contrarrestar. Esta forma de operar aparece descrito en una pieza del sumario de la Púnica que incorpora testimonios de trabajadores, correos electrónicos y llamadas: se trataba de responder a cualquier información sensible sobre distintos cargos de los Gobiernos de Esperanza Aguirre e Ignacio González inundando la web con informaciones falsas o manipuladas en diarios que luego se amplificaban con cuentas falsas de Twitter.

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