Ridículo y vergüenza nacional e internacional de la extrema derecha con la moción de censura

Vox ha conseguido solo los 52 ‘síes’ de sus diputados, lo que implica que sea la moción de censura con menor grado de apoyo de la democracia, de las cinco que se han debatido

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Santiago Abascal se ha quedado solo en el Parlamento con su discurso de odio. El Congreso de los Diputados ha tumbado la propuesta ultra de forma apabullante, por 52 síes y 298 noes. La moción de censura que planteaba al presidente de Vox como una alternativa a Pedro Sánchez se transformó en la moción de censura con menor grado de apoyo de la democracia.

La ocurrencia de la extrema derecha ha acabado en una vergüenza, tanto nacional como internacional. Abascal se plantó en Parlamento consciente de que su propuesta no saldría adelante y se limitó a descalificar a sus rivales, sin desplegar ni un solo punto del programa de Gobierno con el que pretendía dirigir España desde la ultraderecha.

El líder de Vox abusó de que el reglamento del Congreso permitía hablar sin límite de tiempo para soltar todo tipo de insultos, descalificaciones y recriminaciones hacia el Gobierno, a quien acusó de ser «unos traidores». Nadie esperaba otra cosa de la formación Ultra. Mucha bandera en la muñeca, en las palabras y el la mascarilla; poca profundidad de discurso.

Una pérdida de tiempo

Mientras España superaba el millón de contagios de coronavirus convirtiéndose en el primer país de la Unión Europea que sobrepasa esta cifra y la cifra global de fallecidos por coronavirus se eleva hasta las 34.366 personas, tuvimos que escuchar un interminable discurso fascista desde la tribuna de oradores.

Incluso la prensa internacional se ha hecho eco de esta situación. Lo resumía perfectamente el doctor Rafael Bengoa, cofundador del Instituto de Salud y Estrategia de Bilbao, en declaraciones a The Irich Times: «Estos políticos solo se sienten cómodos con la simplicidad de los debates a corto plazo… motivados ideológicamente, pero al virus no le importa la ideología».

Voice of America recogía también la frustración de la sociedad hacia los políticos por considerar que no se están centrando en implementar las medidas adecuadas para combatir la Covid19 y están perdiendo un «tiempo precioso» en batallas políticas.

Incluso Iglesias aplaudió a Casado

Tan fue el nivel de la extrema derecha , que el secretario general de Unidas Podemos felicitó a Casado, líder del PP, por «un discurso brillante, canovista, de la tradición conservadora de la derecha española más inteligente».

Casado mantuvo en suspense qué votarían los 89 diputados del Grupo Parlamentario Popular hasta su turno de intervención. En su turno de palabra lo dijo alto y claro: el PP votaba «no a la España de trincheras» que defiende Vox, «no a la furia y al ruido» y un rotundo «no» a la España «en blanco y negro». 

La derecha traicionaba de esta forma a su parte extrema y dejaba vendido y tocado a su líder, Abascal, a quien se le han descosido las costuras de un discurso ya manido y lleno de odio que no caló más allá de su grupúsculo de fieles. Un gran paso atrás para la intolerancia, ¿podemos centrarnos ya en lo importante?

Vídeo | La respuesta de Montero a una vergonzosa pregunta del PP: «Me meto en la cama con quién me da la gana»

«Me meto en la cama con quién me da la gana», ha replicado Montero.

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La senadora del PP por Alicante, Adela Pedrosa, ha superado una línea roja de la ética y ha preguntado a la ministra de Igualdad, Irene Montero, “de mujer a mujer”, si “siente vergüenza por compartir su vida con un machista, o se siente humillada como compañera trabajo” de Pablo Iglesias.

Lo ha hecho durante la sesión de control al Gobierno celebrada esta tarde en el Senado, donde ha preguntado a Montero por el “agravante de género” por el que será investigado Iglesias en el Tribunal Supremo.

La senadora conservadora ha reclamado a Montero que explique si su Ministerio “va a investigar a Iglesias por violencia de género” y le ha recordado las campañas difundidas por su departamento para que las mujeres denuncien a los hombres que controlan su teléfono móvil: “Acosar o controlar a tu pareja usando el móvil es violencia de género”; “si tu chico te controla el móvil, cuéntalo”.

“¿Va a seguir defendiendo al vicepresidente en el machismo salvaje que desarrolla?, ¿está contenta con las formas machistas que utiliza?”, ha continuado preguntado a Montero.“Tenemos al macho alfa de la política acusado de machismo”, ha sentenciado Pedrosa.                    

La réplica de Montero ha sido clara y directa: «Me meto en la cama con quién me da la gana, y se lo digo con esta claridad porque puedo permitírmelo, pero hay millones de personas que por su orientación sexual o por ser mujeres y por sus legislaciones y por sus actitudes discriminatorias han tenido que ver frustrados sus proyectos vitales porque ustedes son unos intolerantes».

Sobre ello se ha pronunciado también el periodista y escritor Antonio Maestre, quien ha sido duro con la actitud de la senadora, indicado en su cuenta de Twitter que «la crispación política es eso donde te llaman hijo de la gran puta y la culpa la tienen los dos».

40 años de neoliberalismo: de Thatcher a Díaz Ayuso. De la marginalidad al Common Sense

¿Cuándo comienza a entrar en funcionamiento este modelo que ahora demuestra habernos privado de una herramienta fundamental en la lucha contra el Covid?

Por David Benayas Sánchez

Con sorna expresaba Isabel Díaz Ayuso, presidenta de una Comunidad Autónoma consumida por la segunda ola de contagios, que Madrid no dispone de médicos, ofreciendo unos precarios contratos laborales como incentivo para poner en peligro la propia vida y la del entorno de un personal sanitario que lleva años sufriendo la externalización y los ataques continuos al servicio público de salud. Pero ¿Cuándo comienza a entrar en funcionamiento este modelo que ahora demuestra habernos privado de una herramienta fundamental en la lucha contra el Covid? ¿Cómo llegamos a tragar ese sapo? 

EL RENACIMIENTO EUROPEO DE POSTGUERRA 

El pensamiento económico neoliberal se constituyó como una respuesta al marco de consenso keynesiano que imperó en Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo del trabajo y las diferentes patronales nacionales llegaron a un entendimiento tras el fin de la conflagración mundial. Debido a una situación de profunda inestabilidad, los ecos de una guerra de clase que amenazaba desde abajo y la pujante popularidad (manifestada en los resultados electorales) que había adquirido el comunismo tras la “liberación” de Europa del Este y la caída del nazismo, Europa vivía un clima convulso en el que era imperativo llegar a la consolidación de un nuevo pacto social, hacia un capitalismo embridado que permitiese la supervivencia del sistema. Este nuevo orden se consolidó alrededor de la construcción de un neo-corporativismo basado en 3 actores fundamentales: Los sindicatos (como representantes de los intereses de los trabajadores), las patronales (como representante de los intereses de los empresarios) y los Estados (estos últimos como mediadores entre ambos mundos). 

Con la llegada al poder de los laboristas en Reino Unido en 1945, comenzaba una etapa de la Historia de Europa que, a día de hoy, parece un sueño lejano y trasnochado. La constitución de unos sindicatos fuertemente movilizados y con herramientas de actuación permitió llegar a una serie de consensos con el mundo de la empresa en cuanto a regulación laboral: salarios y jornadas laborales fundamentalmente. La construcción simultánea de los sistemas del bienestar (wellfare states), nacidos a la luz de los escritos de William Beveridge (1943), permitió que surgiera una nueva clase media, cuyo sustento educativo y sanitario ya no dependía de ellos mismos y de los sistemas asistenciales basados en la caridad, sino de un Estado que encontraba en la solidaridad y el “common weal” el pilar de la construcción del contrato social. 

En los países europeos occidentales la memoria de estos años está muy presente. En Francia, por ejemplo, se recuerdan como los “30 gloriosos”. La construcción memorial de esta etapa se consolidó gracias al desarrollo de un modelo social más equitativo, en el que la cohesión social era un elemento sustantivo de la buena salud democrática. Además, suponía una tercera vía frente al Socialismo de Estado de la URSS y el modelo capitalista estadounidense. 

DE LA ESTANFLACIÓN A UN NUEVO MODELO

Durante la década de 1970 se produjo una grave crisis, producto del estancamiento económico generado tras el bloqueo de la OPEP y la crisis del petróleo 1973. Es lo que se dio en llamar la “estanflación”, ya que el estancamiento económico vino acompañado de una inflación de los precios. Esto provocó la caída del consumo, junto a un incremento del paro, y, por ende, nuevas dinámicas en la relación entre los sindicatos y el mundo empresarial. Parecía que los consensos alcanzados 30 años antes comenzaban a resquebrajarse por arriba. 

Junto a esta situación, el think tank de la Universidad de Chicago, los famosos Chicago Boys, comenzaban a hacer virar, con una poderosa financiación privada, los vientos hacia nuevas corrientes económicas y sociales. Un pensamiento económico marginal como el de la Escuela Austriaca (cuyos máximos representantes habían sido Ludwig Von Misses y Friedrich Hayek) estaba empezando a encontrar su espacio, desde la militancia activa. Sus cultivadores se habían preocupado de mantener vivas las ideas, a través de la Sociedad Mont Pelerin (fundada en 1947), para iniciar una ofensiva de los de arriba contra los de abajo, todo presentado como una aséptica «ciencia» económica, argumentando que sus ideas eran puramente técnicas y estaban desprovistas de cualquier consideración política. Al mismo tiempo, el modelo soviético experimentaba un momento de pérdida de apoyos en Occidente: las revoluciones de Hungría (1956) y Checoeslovaquia (1968) habían provocado la ruptura con los partidos comunistas occidentales, que desarrollaron la fórmula del Eurocomunismo, ideada por Enrico Berlinguer. 

Pero estos nuevos vientos comenzarían soplando en el ecuador del planeta. En 1973 estallaba el golpe de Estado del general Pinochet en Chile, momento en el que se articuló un proyecto de implantación del nuevo modelo económico desarrollado por los Chicago Boys, con Milton Friedman, discípulo de Hayek, a la cabeza. Las reformas económicas venían parejas al establecimiento de un sistema dictatorial, que proponía el endurecimiento del orden público y la guerra abierta contra la izquierda política. El neoliberalismo nacía, de esta manera, como modelo económico aplicable alumbrado a la sombra de un golpe militar y una operación de limpieza política a través del terror. 
Naomi Klein lo explica a través de la doctrina del shock, en el sentido de que la ofensiva era tan radical que los shocks permitirían acometer cambios profundos, tal y como sucedió en Chile (1973), Rusia (1991) o Irak (2003). Los cambios se comenzaron a operar primero en la “periferia global”, para después implantarlos en Europa tras el progresivo desmantelamiento del estado del bienestar y los servicios públicos ofrecidos por el mismo. La crisis financiera de 2008 supuso una ocasión magnífica para ahondar en estos campos, a través, incluso, de dudosas operaciones de rescate que ocultaban una suerte de neocolonialismo económico, incluso dentro de la propia Unión Europea, como demostró el caso griego. La todavía desconocida, aunque segura, profundidad de la crisis del COVID traerá operaciones de este tipo al tablero de juego, aunque aún no sabemos ni cómo ni con qué rotundidad. 


LA GUERRA CONTRA LOS SINDICATOS: EL FIN DEL CONTRATO SOCIAL; LAS NUEVAS RELACIONES LABORALES Y LA PRECARIEDAD. 

Ahora bien, eso pasó hace mucho tiempo y en una tierra lejana… ¿Cómo conecta con nuestro día a día, con la experiencia cotidiana del neoliberalismo? Bien, para contestar a esa pregunta tenemos que remontarnos al final de la década de 1970, a Reino Unido, cuando Margaret Thatcher accedió al poder a la cabeza del Partido Conservador Británico en 1979. Comenzaba entonces la contrarrevolución liberal, orquestada por el tándem Thatcher-Reagan. Thatcher, tal y como afirma Tony Judt, era una mujer que provenía de la clase media, pero que encarnaba los valores del pensamiento neoliberal. Durante su mandato desarrolló todo un vuelco moral y de perspectiva en cuanto al orden social. Si durante años se había tejido un entramado de protección social en el que la solidaridad era la base moral del mismo, Thatcher insufló en la descontenta sociedad inglesa un espíritu individualista, en el que destacarse sobre el resto, en el que ver los impuestos como una carga y a aquellos que caían en el paro o la pobreza como una lacra. Pero para ello, su objetivo primordial fue desarticular el equilibrio de la balanza del pacto social a favor del mundo de la empresa, lo cual pasaba fundamentalmente por el derribo del sindicalismo. 

Una sociedad en la que la cooperación es sustituida por la competición implica la lucha frontal contra los órganos fundamentales de asociacionismo obrero. Si bien es cierto que la teoría neoliberal minimiza la intervención del Estado en el mercado, no aboga por su desaparición en otros ámbitos. Unos de los sectores fundamentales en los que el Capitalismo neoliberal busca la intervención estatal es la organización del orden público y político. Esto se vio, por ejemplo, muy claramente en la guerra contra los sindicatos mineros de Reino Unido durante la época Thatcher, un período que pasó a la Historia por la profunda huella que dejó en la sociedad inglesa. Si bien es cierto que en aquel momento se optó por el empleo del poder coercitivo del Estado, la dominación de los gobernados no proviene sólo del uso de la violencia, la legitimidad es algo que hunde sus raíces en el consentimiento, incluso la benevolencia y la colaboración. La guerra de las Malvinas vino a demostrar que el nacionalismo podría funcionar como el impulso a un segundo mandato de Thatcher, y, de hecho, así fue. Después de la guerra localizada, las políticas neoliberales de Thatcher recibieron el “go on” de los ingleses a través de un segundo mandato de la Dama de Hierro, que seguía prometiendo bajadas impositivas que, a priori, parecían ventajosas. 

En España, por su parte, estas dinámicas afloraron de manera un poco más tardía durante los gobiernos socialistas de Felipe González, cuando la desindustrialización, la liberalización de sectores clave y la deslocalización de empresas provocaron una situación laboral más precarizada e incierta para miles de personas. Figuras como la de González, Blair o François Hollande, bien demostraron que no hacía falta pertenecer a una élite conservadora para implantar las medidas económicas neoliberales. Esto no ha hecho sino agravarse a lo largo del tiempo en un proceso común que se vive a nivel global. En EEUU la era Reagan supuso una inversión estatal desorbitada en el programa espacial (la famosa Guerra de las Galaxias), que desplazó un presupuesto inmenso de la sanidad o la educación, una suerte de keynesianismo militarizante. En Suecia, el Estado sufrió también una merma importante debido a las políticas de desregulación y lucha contra los sindicatos… 

La clave del proceso reside fundamentalmente en la desvertebración del pacto social de postguerra (principalmente en el caso de Europa Occidental), o bien la implantación de políticas económicas neoliberales a través del neocolonialismo y los órganos de gobernanza económica mundial: El Banco Mundial y El FMI. Como pasó en Argentina, durante los gobiernos primero de Menem y posteriormente de Kirchner, el recibo de ayudas económicas estuvo condicionado por la aplicación de medidas de flexibilización y desregulación, que finalmente acababan afectando con virulencia a ras social. Un proceso similar, que en ocasiones se llevó a cabo de manera “incruenta”, pero que en otras muchas (como tras la caída del Muro de Berlín y la desintegración del bloque soviético) implicó una autentica depredación por medio del shock (como afirma Naomi Klein) y, en determinados contextos, incluso llegó a suponer el auge de una suerte de neofeudalismo: como sucedió durante los años 90 en la República Rusa de Boris Yelstein, una situación que posteriormente “se corrigió” gracias a la recentralización del poder en la figura de Vladimir Putin y la implantación de la “democracia iliberal”. 

ORDEN, VIGILANCIA E INTERIORIZACIÓN DE LA CULPA EN EL ESTADO NEOLIBERAL 

En 1984, George Orwell afirma que “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”. Tal vez en los discursos culturales sobre la Segunda Guerra Mundial o el Bloque Soviético veamos un destello de este pensamiento. El modelo de control social que inspira 1984 se basa en un Estado totalitario, que por medio de la violencia y la represión controla a sus gobernados. Sin embargo, es más fácil identificar muchos de los elementos de nuestra sociedad contemporánea con la obra Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En esta segunda distopía, Huxley presenta el soma, una droga que inhibe al sujeto de la realidad en la que vive, que acomoda a este a una realidad que le es hostil. El soma es una claudicaciónante una lucha que ni siquiera se sabe que existe, ante un mundo complejo e incomprensivo, en el que el orden del mismo exprime física y psicológicamente a sus individuos. 

El Estado neoliberal tiene un poco de Orwell y un poco de Huxley. La desarticulación de las certidumbres del pasado, como afirma Bauman, ha provocado una profunda crisis en la que el individuo se siente solo ante el mundo. El sindicato como medio de asociación y reivindicación de las demandas sociales ya no supone un espacio de comunidad como antes lo hacía. Si bien es cierto que no han dejado de existir los sindicatos, ahora se busca desde la individualidad la respuesta a problemas que son de orden sistémico, y que afectan en lo más profundo a la persona: “lo personal es político”. El coaching y la terapia se han convertido en las respuestas comunes de una sociedad cada vez más descohesionada, en la que la pobreza, la precariedad y la ansiedad ante un mundo en el que la posibilidad de vivir dignamente se desvanece, se han materializado en la espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas. 

Y, sin embargo, como afirma Byung Han, la sociedad del clickbyte y las interacciones es consciente de esta situación sin capacidad de articular una respuesta coherente y unívoca. La biopolítica foucaultiana se ha transformado en una psicopolítica en la que la culpa se interioriza como respuesta y explicación a una situación que no se puede concebir más allá del fracaso individual. Lo sistémico se esconde tras un manto fantasmal, que señala de manera furtiva los modelos a imitar (Amancio Ortega, Steve Jobs, Elon Musk…), mientras criminaliza y expulsa de la sociedad a aquellos que han caído del carro. La sociedad del 70-30%, como afirma Joaquín Estefanía, ha consolidado la criminalización del extraño, del otro, que encarna nuestros miedos más profundos y velados: el miedo a la pobreza, el miedo a la precariedad, el miedo a una vida sin dignidad… Algo que se manifiesta incluso en el entramado de las ciudades, en la disposición del mobiliario urbano y en la aporofobia que trasluce del mismo, incluso en épocas de supuesto gobierno progresista como es el caso de la alcaldía de Manuela Carmena. 

Y, sin embargo, el sueño sigue operando: lo onírico del mundo empresarial sigue siendo un modelo a imitar, el emprendimiento se constituye como materia educativa en la LOMCE wertiana y una de las competencias fundamentales y transversales de la ley se erige en el concepto de “espíritu emprendedor”. El funcionalismo educativo trabaja a toda máquina, en un modelo social en el que el emprendimiento supone un sueño, en el que el mundo de la empresa y los negocios se constituye como horizonte laboral desde la más tierna infancia, y en el que la culpa y la criminalización por el fracaso es la penitencia a sufrir por no cumplir las expectativas. 

Y en contradicción extrema a estos principios fundamentales: “el funcionariado, los reguladores, los parásitos que chupan de la manguera impositiva que esquilma a los buenos ciudadanos”. Pero la realidad no es otra que la consolidación del egoísmo y la individualidad como ethos del neoliberalismo; la caridad como principio rector de las relaciones verticales de la sociedad; el darwinismo social como elemento vertebrador de la justificación de la desigualdad. “No hay médicos en la Comunidad de Madrid” exclama sorprendida Isabel Díaz Ayuso, mientras enarbola una pomposa escenografía nacionalista y una soflama de arengas a la libertad. La cuestión es, ¿Se puede ser libre con el agua al cuello? 

LA SOCIEDAD DESCOHESIONADA 

Stiglitz o Varufakis, economistas de los que escasean en estos tiempos bárbaros, afirman que una sociedad desigual es una sociedad en la que pueden aflorar una caterva de peligros. La globalización capitalista ha supuesto la desarticulación del entramado productivo de muchos países para que las empresas desplazaran su producción a lugares en los que las legislaciones laborales son mucho más laxas. Esto, unido a la desaparición de las fronteras financieras ha generado una fuga de capitales a paraísos fiscales en los que los Estados nacionales no pueden intervenir. La soberanía económica se ha diluido frente a organismos transnacionales como el Banco Mundial, la Unión Europea o el FMI. Ante este mundo global, la maniobra de acción que tienen los ciudadanos es bastante limitada. Hoy día los ciudadanos adquieren el rol preferente de consumidores, y sus decisiones cotidianas se toman en base a la elección: ¿Estos o aquellos cereales de chocolate, esta u esta otra marca de leche, la chica rubia de Tinder o la chica morena de Tinder? Nuestras decisiones cotidianas se articulan alrededor de una lógica de consumo, en la que todo es efímero, en la que se desarticula cualquier tipo de elección consciente, porque la oferta es tan amplia que hay infinidad de decisiones posibles y nunca hay ninguna definitiva, siempre hay opciones, de manera sugerente aparecen constantemente ante nosotros. 

Esto no hace sino acentuar la soledad de los individuos en la sociedad neoliberal, en la que las relaciones con los demás son cada vez más frágiles, más superficiales, más “líquidas”. Cuando los lazos comunitarios se desarticulan se tiende a un proceso de guetificación, tal y como sucede en muchas ciudades. Las sociedades desiguales son sociedades descohesionadas, en las que las experiencias compartidas van desapareciendo poco a poco. 

En muchas ocasiones este proceso viene acompañado de un racismo y un clasismo sistémicos. Las palabras de Ayuso sobre el crecimiento de la delincuencia, la “ocupación” y la inmigración ilegal como consecuencia de la crisis sanitaria, encuentran ecos distantes en el tiempo y el espacio más allá del océano Atlántico. Durante la década de los años 70 Richard Nixon pudo llevar a cabo su agenda económica no porque fuera un proyecto de élites, sino como parte de la retórica de la guerra cultural y racial por el alma de América. A finales de los años 60 se creó el mito de que el Estado del Bienestar era la quinta columna soviética para destruir América y que ayudaba sólo a la población negra. Esta filosofía se filtraba también en el pensamiento de personajes como Thatcher o Clinton, que incluso remontaba a épocas aún anteriores, a los escritos sobre economía política de Bernard Mandeville (1732): “No tienen nada que le induzca a ser útiles más allá que sus necesidades, que es prudente mitigar, pero absurdo eliminar”. Si los trabajadores no están desesperados, ¿Por qué van a trabajar? Las palabras de Ayuso esconden un clasismo y un racismo que resuena en el tiempo y que quedan sancionados, entre otras cosas, con la educación. En el neoliberalismo todo se concibe como una elección desde la libertad. La escuela concertada y privada y sus defensores muestran con virulencia esta incoherencia democrática. 

Siguiendo el silogismo: Si la educación se convierte en un mercado competitivo, aquellos productos que mayor precio tengan deben sin duda alguna ofrecer una mejor formación, más eficiente y competitiva, que garantizará unas mejores oportunidades para aquellos que la cursen. Un infalible ascensor social. 

Nada más lejos de la realidad: La compartimentación educativa en un sistema público, uno semi- público (concertado) y otro privado no hace sino alejar a la comunidad de un sentido de identidad basado en la solidaridad y las experiencias comunes. Este segregacionismo suele mostrar a aquellos que optan libremente (a través de su inflado poder adquisitivo) por el sistema privado que pertenecen a una suerte de casta aristocrática. Esta experiencia desigual de la educación implica asimismo una experiencia desigual ante las normas comunes de convivencia social y la experiencia en diversidad que ofrece la escuela pública. 

Esto no sólo es nocivo en el sentido de que vaporiza cualquier pretensión de crear una sociedad diversa y plural en la que inculcar valores cívico-sociales en un marco de convivencia y cooperación entre personas procedentes de lugares, realidades sociofamiliares y económicas diferentes; sino que ataca principios básicos de la convivencia democrática. La descohesión social es un terreno fértil en el que puede aflorar la otredad y el odio al extraño, que, como en la novela de Orson Scott Card, El juego de Ender, se basa en el desconocimiento y la alterización de un enemigo sin rostro. 

COMMON SENSE NEOLIBERAL 

Nuestros deseos y esperanzas, anhelos y aspiraciones nos han sido impuestos no por la fuerza, sino por la seducción. La “racionalidad” objetivista del neoliberalismo plantea que no hay otra vía, que “es lo que hay que hacer”, que es el camino idóneo por el que transitar la vida. Las operaciones de cirugía social y económica se aceptan, con mayor o menor reticencia, gracias a un proceso de colonización del pensamiento, como afirmaba Gramsci, que ha sancionado una serie de modus vivendi y un ethos social común. Una forma de ver la sociedad y la economía que incluso llega a colonizar el pasado a través de visiones edulcoradas y estéticas del mismo. ¿Cuántas veces hemos escuchado que de manera escatológica el comunismo estaba destinado a desaparecer como modelo socio-político? ¿O hemos asociado los tonos grises y decadentes que vemos en el cine hollywoodiense con los regímenes de la Europa del Este?

A día de hoy, las facultades están inundadas de alumnos que guiados por las promesas de una vida de emprendimiento deciden estudiar economía y administración de empresas. Se ha generado un habitus social (Bourdieu) en el que la eficacia, la productividad y la autodisciplina se han convertido en valores compartidos. El mundo de la empresa ha colonizado las experiencias sociales, llegando incluso a aplicar lógicas empresariales a las relaciones humanas, deshumanizándolas e instrumentalizándolas. Esta ética neoliberal ha llegado incluso a plantear que todos podemos ser empresarios, emprender, arriesgar y ganar. El capitalista ya no precisa, como afirma Javier Díez Gutiérrez, de arriesgar su capital: “Sé tu propio jefe y define tu horario” es el mantra de compañías como Uber, Cabify o Deliveroo, que han impuesto un modelo laboral basado en la hiper-precariedad y el autodisciplinamiento. Isabel Díaz Ayuso planteaba en una de sus disparatadas intervenciones la alternativa: 

“Cuando la gente habla de empleo basura me parece que es ofensivo para esa gente que come basura o que es, efectivamente, una basura. Hay gente que es basura absoluta y que preferiría que habláramos de la basura como de algo bueno. Es verdad que, si efectivamente son gente que es una basura, pues que les den mucho por culo. Pero vaya, que empleo basura- basura no hay. ¿Quién pagaría a alguien por fingir que es una bolsa de basura? Nadie, o muy poca gente”. 

Cuando la alternativa a una vida precaria es una vida sin dignidad, la respuesta parece evidente. Arriesgarse a perder la fina cornisa a la que uno se aferra parece una conducta suicida. Quién sabe qué nos deparará el futuro… Sólo espero que nuestros hijos no escriban en sus redacciones escolares: “Yo de mayor quiero ser como Amancio Ortega”, sólo para descubrir que el mito del emprendimiento deja miles de cadáveres espirituales a su paso.

 

Mi voto no vale una mierda

Si se confirma que desde el poder judicial se puede derribar a gobiernos legítimos si tienes los contactos adecuados, ¿qué certeza nos queda?

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Karim Mohamed Puente

No puedo evitar una mezcla de enfado y frustración tras conocer la noticia de que el Juez García-Castellón ha pedido, una vez más, la imputación de Pablo Iglesias por el caso Dina. Ya en la primera ocasión el fiscal anticorrupción le recordó que si Bousselham no denunciaba a Iglesias, no había proceso posible. Aun así lo elevó a la Audiencia Nacional (AN), dónde hace tres semanas, se le obligó al juez encargado del caso Villarejo a devolver la condición de perjudicado a Pablo Iglesias. El mismo García-Castellón es el juez del que hablaban, en una conversación grabada, los encarcelados Zaplana e Ignacio González para sustituir al juez Eloy Velasco, cuando investigaba casos de corrupción del PP.

En estas  semanas ha pasado algo que le permite a García-Castellón volver con su acometida, sin importarle el tirón de orejas de la AN y a pesar de los informes policiales que exculparían al vicepresidente. Ha pasado que el ya caducado Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), campo de batalla político en las últimas semanas, ha nombrado a Ángel Hurtado nuevo juez en la sala de lo penal del Tribunal Supremo, y por tanto el que decidirá el futuro de Pablo Iglesias. El mismo juez que trató de que Mariano Rajoy no fuese a declarar durante el juicio de la Gürtel, el mismo juez que emitió un voto particular tratando de exculpar al PP a pesar de las evidencias de la contabilidad en B, los sobresueldos y el pago de la sede con dinero negro. 

Conociendo los antecedentes de este juez, conociendo los pulsos que se están manteniendo entre el PP, el Gobierno y Lesmes por la renovación del CGPJ y sabiendo que la derecha ha centrado su estrategia de oposición en el ataque a Unidas Podemos, ¿podemos tener la certeza de que recibirá un trato justo?

Y algo que me enfada aún más es que llevamos diez años descubriendo la pestilencia de las tuberías del poder y esto es un escándalo más. Comenzó en 2010 con los ataques especulativos, donde los fondos de inversión eran más soberanos que los ciudadanos y se cambió la sagrada constitución para su apaciguamiento, llegaron Gürtel, Lezo, Kitchen, Púnica y ERE, casos a destacar entre varios cientos de investigaciones más. Se rescató una estafa como fue la salida a bolsa de Bankia, y años después se liberó a los estafadores. Más tarde, como peligraban algunas cabezas, se creó una policía “patriótica”, que se encargó de inventar pruebas contra enemigos políticos, se hicieron escuchas, se robaron móviles y qué cosas no sabremos todavía. Pero en todo eso, a pesar de lo mal que olía todo, siempre parecía que había en la justicia algo de esperanza, una posibilidad de que recibiesen el castigo que merecían. Pero ahora, tengo la sensación de que eso se acabó, cuando todo era impunidad no hacía falta controlar los juzgados, ahora sí. Ya lo habían avisado varios periodistas de que se acercaba un lawfare. Como siempre, nos enteraremos de los entresijos cuando ya sea tarde.

El CGPJ sigue ejerciendo de gobierno, aun con su mandato caducado. ¿Nos imaginamos un gobierno que no convocara elecciones? Intolerable. Y siguen ejerciendo porque el Partido Popular se niega a dejar caer el último dique de contención que puede evitar su disolución. Y en ese esfuerzo por sobrevivir, que está llenando de fascistas España, nos están mandando un mensaje muy claro: que si no votamos lo que ellos quieren, y cuando digo ellos me refiero al PP, al PSOE, a grandes inversores, a grandes empresarios, a algunos jueces, usaran todo su poder para revertir lo votado. Es decir, que les votamos a ellos, o mi voto junto al de otros tres millones de españoles, no valdrá una mierda, porque ya verán cómo hacen para reencauzar el tema. Siguen siendo los que deciden qué y qué no es legítimo, siguen marcando cuáles son los límites de lo posible. Y por eso están siempre hablando de unas leyes y una legalidad que ellos mismos incumplen. Rompiendo incluso las normas básicas para que un país sea justo y funcione.

Esto es una de las últimas réplicas de un terremoto que empezó el 15 de mayo de 2011, y quizás una de las más importantes. Es necesario que el poder judicial se renueve, y que se legisle para que no vuelva a funcionar como órgano de un partido. Y es necesario que este ataque jurídico fracase para que el país no se quiebre. Estamos afrontando una crisis sanitaria, una crisis económica, una crisis social, una crisis de régimen y una crisis política, todo al mismo tiempo. Si se confirma que desde el poder judicial se puede derribar a gobiernos legítimos si tienes los contactos adecuados, ¿qué certeza nos queda?

El precio de una moción de censura

Mientras parece que no se mueve nada por la asamblea, muchos ciudadanos en Madrid soñamos con nuestra comunidad libre del eterno y corrupto PP madrileño.

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Karim Mohamed Puente

Son cada vez más las voces que se escuchan pidiendo la moción de censura al gobierno de Isabel Díaz Ayuso, o más bien, a Isabel Díaz Ayuso. Un ruido que comenzó en las redes sociales hasta que el pasado miércoles 9 de septiembre el delegado del gobierno en Madrid, José Manuel Franco, afirmó que no descartaban la moción de censura, ni darle el gobierno a una persona ajena al partido socialista. 

Estas peticiones surgen de la izquierda y de las bases del PSOE, que están reclamando a los socialistas una verdadera labor de oposición que no parecen estar por la labor de ejercer. Aducen que la pandemia no es el momento de una moción de censura, aunque bien puede ser que no ven a Ángel Gabilondo liderando tal proceso o que, como aseguran, no ha habido ningún inicio de conversaciones con los naranjas.

Mientras parece que no se mueve nada por la asamblea, muchos ciudadanos en Madrid soñamos con nuestra comunidad libre del eterno y corrupto PP madrileño. Pero hay que tener cuidado con las ensoñaciones, porque las matemáticas rigen los límites de lo posible y nos dicen que Ciudadanos es indispensable para ver este escenario. Esto significa que podemos encontrarnos a Aguado de presidente o a Ciudadanos imponiendo su agenda en el ejecutivo de la comunidad.

Por su parte la formación naranja está comenzando a reubicarse tras el fracaso de la estrategia de Rivera. Con líder recién estrenada, están comenzando el cambio de rumbo hacia posiciones en las que hacer valer su menguada fuerza parlamentaria. Comenzando por conversaciones con el Gobierno de coalición sobre un posible apoyo a los presupuestos. Tratando de situarse así como lubricante de la legislatura, cuando parte de la población parece cansada de la confrontación, y a la vez como el único partido de derechas que conseguiría de forma efectiva restar peso a Unidas Podemos en los presupuestos.

En esa línea, conseguir la CAM y quién sabe, el ayuntamiento, sería un gran revulsivo y un buen aliciente para el partido de Arrimadas. Solo necesitarían que el botín compense el riesgo y que la jugada no se parezca demasiado a una traición. En este sentido la gestión pésima de Ayuso, el ostracismo al que tiene relegados a sus socios de gobierno y las investigaciones y sentencias pendientes en varios casos como la Gürtel, pueden ponérselo fácil y finalmente dejen caer al gobierno. Un escenario improbable de imaginar a día de hoy, pero que le pregunten a M. Rajoy.

Y parece que el PP no descarta está situación, ya en mayo Pablo Casado tuvo que reunirse con Arrimadas para calmar las aguas en la capital, y están empezando a maniobrar. Un día después de la entrevista a Franco, ha salido Isabel Díaz Ayuso avisando de que el adelanto electoral es cada vez una opción más plausible. Buscan acompasarlas a las catalanas, porque enmarcarlas entorno a la cuestión territorial, creen los de Génova, que les puede beneficiar. Probablemente tengan razón. Pero en un contexto mundial de absoluta incertidumbre jugarse Madrid es muy arriesgado para Casado, que no para de acumular derrotas.

Ahora mismo, Ayuso y Aguado están de pie con atuendo de cowboy, uno frente al otro, les recorre un sudor frío y suena música de western. Acercan la mano a sus armas, Ayuso a las elecciones, Aguado a la moción de censura. Conscientes de que usarlas puede encumbrarles o enterrarles políticamente. Demasiado a menudo la política aboca a duelos ineludibles sin grises ni victorias parciales, y ellos parecen irremediablemente destinados a enfrentarse.

Hay que tener cuidado con lo que se desea. Jamás pensé que apoyaría a Ignacio Aguado.

Messi, la religiosidad y divinidad futbolística suicida

Podemos ir sacando la conclusión de que el fútbol es la religión más potente y más extendida de nuestros tiempos y que Messi es el mesías.

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Por Julio García Camarero

Messi se está volviendo tan superfamoso que está haciéndose mítico. Pero puede ser que más que mítico, lo que se esté volviendo es místico, en cuanto a que ya esta llegando a ser considerado como un dios. Ha logrado llegar a ser un divino y adorable. Sólo equiparable a un dios como por ejemplo Jesucristo. De hecho, hasta lleva en un hombro el tatuaje de Jesucristo, su figura mística, sufridora, representado con su corona de espinas.

Resulta que Messi es una figura muchísimo más universal que, por poner un ejemplo, Santiago Ramón y Cajal, quién debería de tener un mayor protagonismo, importancia y mérito. El mérito de todo gran futbolista es darle de patadas a un esférico, eso sí, ¡que patadas!

Hasta el más pobre del país más pobre y remoto del planeta, hasta el más pequeño niño, se coloca su sagrada y litúrgica camiseta del Barça. Y con frecuencia, en la cabecera de su cama una imagen del sobrenatural Messi. Ahora bien, toda esta santidad y liturgia no es gratuita, nos cuesta a las personas de a pie muy caro, multimillonarios presupuestos para sostener la amplia y universal estructura del fútbol, dinero que aplicado en sanidad pública produciría mucho mejor Estado del bienestar, que mucha falta hace. Aunque Messi no se endiosa precisamente con una corona de espinas, sino más bien con una bota de fútbol de oro macizo, pero eso sólo como guinda del respaldo que recibe de una fortuna de las mayores del planeta.

Pero lo más caro no es el aspecto monetario, sino la generación universal de lavado de cerebros, muy similar al que producen las religiones.

Y cada vez más universales, ya se te cuelan hasta en tu casa sin permiso. El viernes 4 de septiembre a las ocho y media de la mañana me encontraba viendo un interesante documental en la TV 2 sobre vulcanología. Y de repente a modo de violento paroxismo stromboliano me surge un cartel blanco en la pantalla del televisor que ocupaba casi toda su superficie, que decía: ¡Atención!, le vamos a interrumpir en su canal porque hay una noticia de primer orden. Inmediatamente, sin yo pedirlo y sin mediar palabra, me cambiaron de canal, me pasaron al canal catalán TV3 que estaba iniciando una noticia sobre Messi. Como a mí todo lo relacionado con el fútbol me crispa y me fastidia no quise enterarme de nada más. Y me crispa porque esta “religión deportiva” es un comecocos universal; por ejemplo los diarios que más se venden, con mucha diferencia, son los “deportivos”, como el famoso y legendario “Marca” que viene publicándose desde la posguerra franquista y muchos otros más que han ido apareciendo [1]. Vemos que es Barcelona la campeona en número de diarios religioso-“deportivos” (5 a 4, frente a Madrid), es lógico que entonces el Barça haya llegado a la máxima fama.

Podemos ir sacando la conclusión de que el fútbol es la religión más potente y más extendida de nuestros tiempos y que Messi es el mesías.

Una religión que entretiene las mentes como entretenía el circo romano en tiempos de aquel imperio. En aquellos tiempos se adocenaba al público con “pan y circo”. Un entretenimiento de masas que hoy ha sido sustituida por la reliquia del circo romano que son los toros. Una reliquia muy favorecida en su continuidad, en ese imperio romano que aún es la Iglesia Católica Apostólica y Romana, que aún tiene su sede en Roma. Nos podrían argumentar que el fútbol no es tan sádico ni brutal como el circo romano o su descendiente los toros. Ciertamente es menos brutal en cuanto al sadismo inmediato, pero no es menos brutal en cuanto a la gran brutalidad universal de fomentar la obsesión competitiva del brutal capitalismo.

Esta religiosidad y divinidad futbolística es suicida. Hoy casi de forma universal la población del planeta se encuentra superconcentrada en estos afanes “deportivos” como si nada peligrosísimo estuviera ocurriendo en el planeta Tierra. No saben/no contestan de situaciones terminales e irreversibles que no sólo nos acechan, sino que ya tenemos encima, como son las pandemias, el colapso ecológico, el colapso socioeconómico, el colapso sanitario, el cambio climático, el colapso humanista, la cada vez más posible guerra nuclear, etc. En lugar de dedicar todas sus energías en el trabajo enajenado y en la distracción religioso-futbolística, deberían estar obsesionados haciendo cursos intensivos sobre resilencia (sobrevivencia) para afrontar estos calamitosos colapsos mencionados que ya tenemos encima. Respecto a estos desastres, a combatir con gran urgencia, el prestigioso pensador estadounidense Noam Chomsky nos dice:

“Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá, Estamos en un punto de confluencia de distintas crisis muy graves: una amenaza de guerra nuclear, el cambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los EEUU. Los gobiernos están siendo el problema y no la solución” [2]

Yo añadiría, esos gobiernos que solo se preocupan de negocios cortoplacistas (de gran volumen de de negocio) como lo es, por ejemplo, el de distraer a las personas que podrían poner remedio a este suicidio universal, si tuvieran conocimiento y no estuvieran tan distraídas con esta religión-“deportiva”.

Pero mucho cuidado, mi intención no es ni remotamente culpabilizar a Messi personalmente.

No soy fatalista ni creo en la predisposición divina, no soy como aquellos asesores imperiales que cuando les iba mal y perdían en sus guerras invasoras, subían al púlpito para decir que toda aquella catástrofe había sucedido porque no se habían rezado suficientes rosarios y por ello Dios se había enojado.

Por favor no, tal y como he dejado escrito, no es un problema personal sino un profundo problema del sistema. Lo que sí que es determinante es el lugar dónde te ha tocado nacer, si has nacido en una favela es posible que mueras de hambre o de un balazo, si has nacido en Malí tienes bastantes probabilidades de morir ahogado en el Mediterráneo, si en Centroamérica es posible que mueras atravesando México en el famoso tren “La bestia” que se dirige a la frontera sur de los EEUU. Pero si te ha tocado nacer hijo de Juan Carlos I sabes que tienes asegurado un fabuloso sueldazo vitalicio y una impunidad absoluta para actuar libremente en las mayores corrupciones.

Y quiero insistir en decir que no culpabilizo a Messi,porque él no es culpable, es el sistema. He dejado escrito que no me gusta culpabilizar a los arrogantes ni a los ignorantes, como anuncio en el último capítulo de mi último libro, cuyo título es: “Ni los ciudadanos son culpables de su arrogancia, ni los ‘ruralanos’ de su ignorancia” [3]. Hablar de “ruralanos” significa hablar de campesinos, del medio rural y de, por ejemplo, la España vaciada. Pero es esta una España que puede ir a peor y si los crecentistas quieren crecer metiendo turismo multinacional, u otro tipo de industrias antiecológicas en el interior de los yermos rurales o en el interior de los poquitos bosques es que nos quedan.

Notas:

[1] Madrid: “Marca”, “Sportyou”, “Defensa central”, “Bernabéu digital”; Barcelona: “Sport”, “Mundo deportivo”, “L’esportiu”, “Don balón”, “La grada”: Valencia: “Superdeporte”, “Deporte valenciano”; Sevilla: “Estadio deportivo”, “El decano deportivo”, “El desmarque”, “El diario deportes”; A Coruña: “DXT campeón”, “Riazor.org”; Alicante: “Estadio digital”; Tenerife: “Deporpress s.c.”; Las Palmas “Tinta amarilla”; Huesca “Sport Aragón”; Córdoba: “Córdoba deporte”; Ávila: “Deportes Ávila” Elche: “Elche directo”; Cartagena “Sport Cartagena”.

[2] Noam Chomsky, “Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá”, 31 de agosto de 2020.

[3] Julio García Camarero, Ciudadanos y ‘ruralanos’, La Catara 2019.

Julio García Camarero es doctor en Geografía por la Universidad de Valencia, ingeniero técnico forestal por la Universidad Politécnica de Madrid, exfuncionario del Departamento de Ecología del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias y miembro fundador de la primera asociación ecologista de Valencia, AVIAT.

Okupación y desinformación, un matrimonio forzado

La tendencia del discurso dominante sobre la okupación es fomentar en la sociedad la sensación de riesgo y de odio a partes iguales.

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Sergio Domínguez

Cada cierto tiempo, determinados medios de comunicación dedican parte de su agenda informativa a tratar el problema de la okupación. Y lo hacen como una crónica de sucesos, de manera sensacionalista y con escaso rigor, como si lo de menos fuera conocer las condiciones socioeconómicas de las personas okupas o la situación previa de las viviendas okupadas. ¿Interesa crear inseguridad? ¿Por qué?

Por una parte, la okupación, como movimiento social, se ha desarrollado siempre como protesta contra un orden capitalista que ha considerado excluyente. Y al mismo tiempo, ha reivindicado el derecho a la vivienda sacrificando uno de los pilares básicos de la ideología liberal: el derecho a la propiedad privada. Por otra parte, este movimiento ha hecho de la okupación una “fábrica de conciencia”, al convertir locales abandonados en centros sociales autogestionados que han funcionado como espacios alternativos de encuentro, de ocio y de transformación de la vida en los barrios.

A partir de ahí, no sorprende ver a parte del poder político y al poder mediático -voceros de la banca y los fondos buitres- replegándose para criminalizar a este movimiento y planteando soluciones desde el código penal en lugar de mirar a nuestro texto constitucional. 

En esa línea, la tendencia del discurso dominante sobre la okupación es fomentar en la sociedad la sensación de riesgo y de odio a partes iguales. Para ello, se generalizan casos particulares y se acaba metiendo en el mismo saco a traficantes, ladrones, activistas y gente sin hogar, lo que permite allanar el terreno a medidas autoritarias que no hacen distinción. En este sentido, es sintomática la presencia mediática que algunos medios regalan a la empresa de desalojos “Desokupa”, integrada por paramilitares y neonazis, que en ocasiones son presentados como héroes que vienen a resolver el problema de manera extrajudicial. Además, el clima de inseguridad generado en la opinión pública sirve para propiciar cambios legislativos que resultan favorables a los bancos propietarios. De hecho, Vox ha presentado recientemente dos proposiciones de ley para agilizar los desahucios. Y por supuesto, la maniobra mediática con este asunto sirve también para que las empresas de seguros hagan su negocio. 

Poco interesa explicar que es más fácil que te desahucien a que te ocupen tu segunda vivienda. Poco interesa contar que el 80% de las viviendas okupadas pertenecen a entidades financieras, que son las responsables de desahucios diarios de familias enteras. Poco interesa aclarar la diferencia jurídica entre allanamiento de morada y usurpación. Poco interesa hablar del precio abusivo del alquiler debido al negocio especulativo que Blackstone realiza en el mercado inmobiliario. Y poco o nada interesa hablar en los medios de comunicación de la cantidad de viviendas vacías que tenemos en el país, al mismo tiempo que miles de personas duermen cada noche en la calle. 

En definitiva, el despliegue “desinformativo” sobre la okupación, más acentuado en algunos canales de televisión, crea alarma social sobre un tema que no debería preocupar a la gente corriente, y desvía la atención de otros problemas más relevantes para el conjunto del estado, como es la huida del rey emérito, los problemas sanitarios o el acoso constante a cargos del actual gobierno. Una desinformación sistemática que obvia el problema real de la vivienda, poniendo en evidencia que no se trata tanto de cuestiones legales o ilegales, si no de ideas y de intereses específicos. Sólo tienen que encender la televisión para corroborarlo.