«¿Qué dirigente de derechas se ha disculpado alguna vez, o ha expresado un mínimo de remordimiento por la persecución y  la negación de derechos que sistemáticamente ha infligido a este colectivo?»

@CervantesFAQs
“Abandonen ese odio histórico de la izquierda contra los homosexuales”. Esta frase, pronunciada en la tribuna del Congreso por Santiago Abascal, líder de Vox, un partido abiertamente LGTBófobo, representa perfectamente cómo, desde ciertos sectores de la derecha y de la equidistancia, se sigue creyendo a pies juntillas un falso argumento basado en el principio de la transposición. A la ultraderecha le encanta acusar al adversario de los propios errores y defectos, en una maniobra de distracción para que no les recordemos que es la derecha fanática la que añade el odio al colectivo LGTBi a su lista de machismo, racismo y neoliberalismo. Por ello, en Vox hacen gala una vez más de hipocresía, agitando viejos fantasmas para intentar relacionar comunismo con homofobia. ¿Dicen la verdad, o es otra de esas mentiras a las que el partido de Abascal ya nos tiene acostumbradas? 

Para comprobar si es cierto “ese odio histórico de la izquierda contra los homosexuales” del que tanto acusa un homófobo como Abascal, empecemos por nuestro país. En 1954, el dictador Franco reformó el Código Penal para castigar cualquier práctica no heterosexual. A partir de la muerte del dictador se empezaron a crear agrupaciones dedicadas a defender los derechos del colectivo LGTBi. Una de las primeras, el Movimiento Democrático de Homosexuales en Madrid, la fundaron en 1977 militantes del Partido Comunista de España (PCE), que además hasta ese año había estado ilegalizada por Franco, en una práctica que le gustaría por lo visto repetir ahora a Vox, que ha pedido la ilegalización de partidos. Al año siguiente, en febrero de 1978, el PCE presentó una enmienda a la proposición de Ley para modificar la Ley de Peligrosidad Social formulada por el PSOE que criminalizaba al colectivo. Así que fue gracias al Partido Comunista que se consiguió por fin despenalizar la homosexualidad en nuestro país. Nueve años más tarde, conjuntamente con Izquierda Unida, trabajaron para que se eliminasen las fichas policiales generadas por “homosexualidad masculina o femenina”.

Llegaron los años 90 y el Gobierno del PP de Aznar, uno de los mentores de Abascal junto a Esperanza Aguirre. Un Gobierno abiertamente LGTBófobo (recordemos perlas como las “peras y manzanas” de Ana Botella, o los insultos al colectivo repetidos por Manuel Fraga), que rechazó las diferentes proposiciones de ley de los partidos de izquierda que querían legalizar el matrimonio igualitario. Hizo falta que llegara a la presidencia el socialista Zapatero para que dicho matrimonio fuera una realidad en 2005, con la oposición total del PP, que incluso presentó un recurso finalmente desestimado por el Tribunal Constitucional en 2012. Por el camino, otros logros conseguidos por la izquierda fueron la adopción por parte de parejas no heterosexuales, las leyes de igualdad autonómicas, la indemnización a personas represaliadas durante el franquismo por su orientación sexual, identidad o expresión de género, o la cobertura por la Seguridad Social de tratamientos sanitarios para el colectivo. Y, a día de hoy, está en marcha una proposición de ley, a propuesta de Unidas Podemos, para la protección de los derechos de las personas trans.     

¿Qué dirán nuestros queridos ultras cuando les expliquemos todo esto? Lo mismo que dicen siempre cuando se encuentran sin argumentos: atacar a su enemigo favorito, el comunismo, señalando a los dos países, según ellos, causantes de todos los males antes de que llegara Venezuela: la URSS y Cuba. Aquí tenemos que detenernos a hacer autocrítica, pero también a contar la historia completa, y no solo lo que a la ultraderecha le conviene. En la Unión Soviética, constituidos los bolcheviques en el Gobierno en 1918, se excluyeron del Código Penal los “actos de sodomía”. Cuatro años después entró en vigor el nuevo Código Penal Soviético, en el que se confirmó una excelente noticia: la URSS fue el primer país del mundo en despenalizar la homosexualidad. ¿Dónde está la crítica entonces? En la contrarrevolución de Stalin, quien volvió a penalizar la homosexualidad masculina en el 34, pero que encontró fuerte resistencia en reputadas comunistas como Clara Zetkin o Aleksándra Kolontái, quienes siguieron defendiendo a personas homosexuales. Este paso atrás dado por el estalinismo colocó a la URSS al lado de países occidentales que no legalizaron la homosexualidad hasta los años 70, 80 ó 90. Por cierto, en la Alemania dividida, tanto en la parte oriental como en la occidental se despenalizó en el mismo año (1969) pero con una diferencia: mientras que la capitalista RFA mantuvo el artículo 175a, el cual provenía del nazismo y fijaba la edad de consentimiento homosexual en 21 años frente a los 18 del heterosexual, la socialista RDA hizo un mayor avance al eliminar por completo el 175 y solo mantuvo el artículo 151, que establecía el consentimiento homosexual en 18 años frente a los 16 del hetero.

Si seguimos avanzando por la Historia llegamos a Cuba, donde se despenalizó la homosexualidad al mismo tiempo que en España, en 1979. Por contextualizar, países profundamente capitalistas como Reino Unido, Chile o Estados Unidos, no la despenalizaron hasta 1981, 1999 y 2003 respectivamente. La diputada comunista y destacada activista por los derechos LGTBi, Mariela Castro (sobrina de Fidel e hija de Raúl Castro) creó en 1989 el CENESEX, Centro Nacional de Educación Sexual. Reconocido internacionalmente, desde 2003 el Partido Comunista cubano se comprometió oficialmente a defender esta institución pública que fue fruto de varios grupos de trabajo en funcionamiento desde 1972. Uno de los logros cubanos para el colectivo llegó en 2008, cuando se aprobó que la cirugía de reasignación de sexo para las personas que así lo desearan fuera gratuita. ¿Dónde está la crítica entonces? En los primeros años de la Revolución, que en 1965 incluyeron la formación de las UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), las cuales servían como alternativa al servicio militar para religiosos y homosexuales. En 1968, y tras las quejas de diversas asociaciones, el Gobierno las cerró. Ya en el año 2010, Fidel Castro ofreció una disculpa pública, calificando los hechos como “una gran injusticia”. Aun así, a Vox y sus partidarios les ciega su anticomunismo y siguen atribuyendo falsamente al Che Guevara la creación de las UMAP, cuando él había dejado el Gobierno un año antes y se había marchado al Congo y a Bolivia, donde lo asesinaron. Pero que la realidad no te estropee un titular tendencioso.

El mundo lleva siglos siendo LGTBófobo. La izquierda es consciente de ello, y de que en momentos concretos algunos dirigentes que ya hemos citado cometieron, como entonó su mea culpa Fidel, una gran injusticia que desde la izquierda se condena firmemente, a la vez que se lucha sin descanso y sin medias tintas por los derechos del colectivo, ya sean sexuales, identitarios, sociales o laborales. ¿Ese es el “odio histórico de la izquierda contra los homosexuales”, haber peleado por la causa LGTBi y que la derecha solo recuerde algo de lo que un gobernante ya se disculpó públicamente? ¿Qué dirigente de derechas se ha disculpado alguna vez, o ha expresado un mínimo de remordimiento por la persecución y  la negación de derechos que sistemáticamente ha infligido a este colectivo? Los franquistas que fusilaron a Lorca por ser de izquierdas y gay, y que persiguieron, torturaron y mataron a muchas otras personas, jamás han pedido perdón. Tampoco los nazis, que hicieron lo mismo durante un Holocausto que asesinaba bajo excusas raciales, ideológicas y sexuales. La izquierda ha hecho autocrítica sobre sucesos que tuvieron lugar durante el stalinismo o durante aquellos tres años en Cuba: ¿Ha hecho autocrítica alguna vez la derecha? ¿Y la Iglesia? ¿Y el capitalismo, un sistema que aprovecha una lucha por los derechos humanos para hacer negocio con las vidas de quienes son más vulnerables, mientras les niega derechos básicos en trabajo o sanidad? Esos son los fundamentos de una derecha que debería lavarse la boca antes de hablar de una izquierda que ha conseguido tantas conquistas y que ha entendido, ha aprendido, ha rectificado. Recuérdalo la próxima vez que escuches a simpatizantes de Vox gritar maricón como su insulto favorito, o veas a sus políticos indignarse al contemplar banderas arcoiris.

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