Los buenos resultados de Los Verdes (Grüne) en Alemania en las Elecciones Europeas y la caída estrepitosa de la extrema derecha (AfD) desmuestra que una movilización contra el cambio climático también acaba con los discursos reaccionarios.

La creciente preocupación por el cambio climático en Europa ha extendido una marea verde en el continente con el gran ascenso de Los Verdes en las elecciones europeas, que suben de sexta a cuarta fuerza parlamentaria. Los buenos resultados en Alemania, Francia, Irlanda y Dinamarca han impulsado al grupo liderado por la germana Ska Keller, que suma casi 20 escaños más que en 2014 con los que pretende imponer su agenda climática y social en las instituciones europeas.

Hace solo un par de años, Alternativa para Alemania (AfD) parecía imparable. Alimentado por el descontento popular por la crisis del euro y la crisis europea de los refugiados, el partido se había establecido como la segunda fuerza en sectores de Alemania del Este y había logrado una serie de triunfos electorales en las elecciones en los estados del este y el oeste del país. A seis años de su fundación en 2013, había ingresado en un total de 13 parlamentos alemanes y ganado hasta 25% de los votos en algunas de estas elecciones. A escala nacional, en 2016 AfD logró más de 15% en varios sondeos de opinión. Esto era un éxito sin precedentes para un partido populista de derecha de la Alemania de posguerra, y una causa de preocupación en Alemania y más allá.

Además, AfD en estas elecciones hizo campaña negacionistas del cambio climático y le ha ido mal. Obteniendo un 11% de los votos frente al 20% de Los Verdes.

«La humanidad no puede hacer nada para combatir el cambio climático», sentenció convencido el líder del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), Alexander Gauland, en una entrevista emitida hoy (12.08.2018) por la televisión pública germana ZDF. «No creo que contra el cambio climático haya algo que la gente pueda hacer. Mucho antes de la industrialización ya teníamos épocas cálidas y épocas frías», agregó desde la ciudad de Potsdam, a unos 30 kilómetros al suroeste de Berlín, donde reside desde hace años.

“Queremos acabar” con la lucha contra el calentamiento climático “porque reduce, innecesariamente, el acceso a una energía barata”, enunciaba el partido en su programa para las elecciones europeas.

Los Fridays For Future le han permitido incluso a la AfD crearse una señalada adversaria: Greta Thunberg, la sueca de 16 años que se ha impuesto estos últimos meses entre los jóvenes como el nuevo rostro de la lucha por el clima.

Durante un mitin, el AfD le atribuyó el mote irónico de “Santa Greta de Suecia”, según Jorg Meuthen, cabeza de lista para las elecciones europeas.

Los Verdes no sólo se han posicionado en los temas estrella de la extrema derecha, sino que también han tomado los eslóganes y la retórica tradicionalmente conservadores y se han esforzado por renovarlos con la imagen de su partido. En las elecciones regionales de Hesse, por ejemplo, el partido decidió usar y reapropiarse de la palabra Heimat, que significa patria, y que la ultraderecha utiliza con el deseo de volver a los orígenes del país. Los Verdes crearon una campaña en la que se veían unas manos negras y otras blancas entrelazadas que decía «Patria, por supuesto», dejando claro que votarlos significa votar contra el racismo.


El negacionismo de VOX

En todo el programa electoral de Vox no hay una sola mención al «medio ambiente«, «energías renovables» ni al «cambio climático«. El calentamiento global no parece existir para los miembros del partido de ultraderecha, ya que en su primera asamblea se refirieron a él como «una tomadura de pelo».

A Rocío Monasterio, la presidenta de ese partido en Madrid, le preguntaron hace unos días por este mismo tema. Para ella, sin embargo, el cambio climático no es una amenaza, ni tan siquiera un riesgo, sino un «camelo» . Se trata de «un argumentario falso, el del camelo climático» .

Hay varios tipos de negacionistas del cambio climático: están los que piensan que el cambio climático no existe; los que lo admiten, pero dudan de que sea el resultado de la acción humana, y los que piensan que puede revertirse de manera espontánea, que la temperatura puede descender sin necesidad de hacer nada. Rocío Monasterio todavía está entre los del primer grupo.

Desde Vox deben creer que los más de 16.000 científicos (entre ellos unos cuantos premios Nobel) de 184 países que firmaron hace un año una carta a la ONU sobre las nefastas consecuencias de un aumento de la temperatura global este siglo, se equivocan. O tal vez, los miembros de Vox están mejor formados en la cosa medioambiental.

El partido de ultraderecha mezcla temas de forma interesada para atacar a los que defienden el planeta y lucha por parar el cambió climático. En un tuit de 2017, aprovechando que las llamas arrasaban Doñana, dijeron que: «Se habla mucho del cambio climático pero muy poco de nuevas políticas forestales para evitar incendios».

Desde Vox alientan la desaparición de nuestra superficie boscosa, pero por medidas más centradas en la economía. En su medida 47, prometen liberalizar el suelo para «Convertir en apto para ser urbanizado todo el que no deba estar necesariamente protegido por motivos de interés público convenientemente justificados».

La transición energética tampoco parece importante para Vox, más bien lo contrario, ya que anticipan un empujoncito a los combustibles fósiles: proponen rebajar los impuestos directos del gasóleo agrícola, el catalogado como B, el que alimenta a tractores y otras maquinarias de cultivo, y mucho más contaminante que el A que usan los automóviles.

Bajo la trayectoria actual, la concentración de CO2 se situaría alrededor de 750 ppm en el año 2100. A estos niveles, lo más probable es que el incremento de la temperatura supere los 3° C, e incluso que pueda superar los 4° C. El clima tiene un comportamiento no lineal. Un aumento de la temperatura de 2° C no es el doble de virulento que uno de 1° C (el que ya se ha producido), sino que puede serlo varias veces más. Un incremento de 3 o 4° C puede ser letal sobre el planeta. Previsiblemente, se producirán catástrofes naturales, escasez de agua y alimentos, corrientes migratorias de una magnitud desconocida, y conflictos armados.

Se puede discutir si las políticas actuales contra el cambio climático son o no las más adecuadas. De hecho, algunas de ellas son cuestionables. Lo que no es admisible es que el debate político ponga en duda cuestiones cuya naturaleza es estrictamente científica. Desde que Rajoy y su primo, ningún político en España había cuestionado la existencia del cambio climático. El negacionismo de Vox es peor que equivocado; es ignorante, acientífico y peligroso. No es tiempo de estas políticas retrógradas, necesitamos políticas inteligentes, realistas y conscientes. No necesitamos a Vox.

¿Por qué los medios de comunicación españoles no dan prioridad a la lucha del cambio climático y sí se dedican a dar voz a todas las extravagancias del siglo pasado de un partido hecho por y para las élites? Seguramente ya sabréis la respuesta.

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