El crecimiento de la demanda desde el inicio de la fase 1 ha sido de hasta el 400% en bicicletas de gama baja

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Las bicicletas han cobrado un protagonismo inédito en calles y caminos tras el confinamiento. Una mayor conciencia ambiental y las facilidades puestas en marcha por los Ayuntamientos para fomentar su uso ha registrado unos incrementos significativos de sus ventas en los últimos años, pero el aumento de su uso después de lo más duro de la crisis sanitaria es llamativo. La incógnita consiste en saber si se trata de un fenómeno transitorio o si la bici ha venido para quedarse y cambiar los paradigmas de la movilidad.

Las existencias de bicicletas de menos de 1.000 euros están prácticamente agotadas y los talleres, saturados por las reparaciones de unidades antiguas que sus propietarios han decidido rescatar del olvido. Los recambios escasean. El precio medio de las bicicletas que se venden en España se situó en 2019 en los 704 euros, aunque varía enormemente en función de su tipo, alcanzando los 2.403 euros de media para las eléctricas

«Hay razones para ver el futuro con mucho optimismo», asegura Iñigo Isasa, presidente de la Asociación de Marcas y Bicicletas de España (AMBE), que integra a 45 empresas del sector que representan el 65% de las ventas al comercio minorista, en declaraciones a ABC. «Nunca había oído hablar tanto de la bicicleta, que incluso ha estado abriendo las noticias deportivas en todos los canales de televisión», dice.

Según AMBE el crecimiento de la demanda desde el inicio de la fase 1 ha sido de hasta el 400% en bicicletas de gama baja, las que oscilan entre 500 y 1.000 euros. Las existencias se agotaron rápidamente, pero la demanda persiste.

Durante el confinamiento, numerosas administraciones han optado por trazar carriles temporales para las bicicletas, o ampliar la red ya existente. La DGT la ha promocionado como medio idóneo para los desplazamientos urbanos y el Gobierno ha optado por subvencionar, dentro de la segunda edición del Plan Moves, la creación de sistemas de préstamos de bicicletas eléctricas.

Sin embargo, también hay un argumento económico, ya que la bicicleta supone un ahorro respecto a otras formas de transporte. Se calcula que, por cada 1.000 kilómetros, una bicicleta eléctrica apenas supone un euro en la factura eléctrica (frente a los 85 euros que puede suponer en un coche de combustión), un argumento que puede pesar mucho ante la crisis económica post-coronavirus.

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