Guido Ohlenschlaeger Gómez

«No necesita negociar, dialogar, ceder ni tender puentes: le basta con exigir a los demás que le dejen gobernar, porque claro, ¿cómo alguien se podría negar?»

Suena una música en el hemiciclo. Es una música que recuerda a algunas transformaciones. Violines y vientos en el palacio, también coros. Anakin se transforma en Darth Vader. La Daenerys (¡ALERTA SPOILER!) que recorría el mapa de Juego de Tronos liberando pueblos -en su defecto el hombre que viajaba en su coche recorriendo España, convenciendo a militantes- y que luego arrasaba la ciudad llena de odio y prepotencia; el Frodo a punto de perecer ante el poder del anillo o el Walter White obsesivo y terrible de Breaking Bad, son buenos precedentes de este tipo de transformaciones movidas siempre por un único objeto: el ansia de poder.

Pues bien, ayer asistimos a una de esas transformaciones, o más bien a la consolidación de una transformación que se viene produciendo desde hace meses. El hasta hace poco Pedro el bueno o Pedro el guapo ha salido ayer, después de la primera sesión del debate de investidura, transformado en Pedro el soberbio.

Pedro el Soberbio no quiere coaliciones, quiere concesiones gratuitas.

Quedó palpable que la mano del Jefe de Gabinete del presidente ha transformado el perfil alicaído y apaciguador de Pedro Sánchez en un perfil soberbio y prepotente. Lo visto ayer en el debate así lo atestigua. Ha subido a la tribuna con un primer discurso de hora y media en el que, como si tuviese mayoría absoluta, apenas ha interlocutado con aquellos que deberían ser sus aliados. Una frase dirigida a Unidas Podemos y ninguna mención a Catalunya, aunque sí ha habido varias peticiones para la abstención de Ciudadanos y PP. Peticiones que se repitieron hasta en 16 ocasiones dirigidas al Partido Popular para que se abstuviese en la votación.

El trato ha sido con todos el mismo. Hablaba con todos con la complacencia y también el cansancio de quien tiene que certificar una y otra vez una obviedad: en este caso, que él tiene que ser presidente de España. Durante todo el debate Pedro el soberbio ha considerado que era loable pedir un voto a favor a su supuesto socio preferente al que llevan dos meses ninguneando y evitando y a cuyo líder Pedro el soberbio vetó. ¿Por qué habrían de votar a favor? Pues porque es Pedro el soberbio y nadie podría ni debería querer votar en contra de un presidente como él. ¿Por qué? Porque es un partido con 140 años de historia y no sé que otras patrañas que rozan lo irrisorio y lo ridículo. Eso con su socio preferente al que ha tratado como si fuese el niño en una mesa de adultos. Nada más lejos de la realidad. Con el resto de los socios vascos y catalanes ninguna palabra, las únicas que ha pronunciado fueron para arremeter contra los que quieren “romper España”. Mala forma de querer acercarte a tus posibles socios en la investidura.

Pedro el Soberbio menosprecia a la derecha, pero le pide el voto

Pero no solo con Unidas Podemos y con los catalanes e independentistas, en el mismo tono se ha dirigido al Partido Popular, el partido referencia de la derecha española al que ha tratado como un partido menor al que Pedro el soberbio ha dado “la oportunidad” de abstenerse en su investidura. ¿Cuál es el argumento para tal ocurrencia? Ninguno, no los necesita, le basta con la obviedad -pensará él- que supone su necesaria investidura como presidente de España. “¿Cómo se les ocurre votar en mi contra?”, pensará.

Con Ciudadanos la actitud ha sido también condescendiente y aleccionadora. Pedro el soberbio todo lo sabe y sabe que esos millones de votantes que votaron al partido naranja le votaron para otra cosa: para apoyarle a él, como no podría ser de otra forma. ¿Para qué otra cosa podrían haber votado los votantes de Ciudadanos a Ciudadanos?

A Vox ni les ha contestado. Cómo iba a hacer tal cosa Pedro el soberbio. Suficiente es que ha aparecido por palacio para sonreírse socarronamente desde su escaño mientras otros hablaban, o para negar con la cabeza o para hacer gestos de conmiseración o conversar con Carmen Calvo mientras sus aliados pedían esfuerzos a Pedro Sánchez desde la tribuna de oradores para formar cuanto antes un Gobierno de coalición

Pedro el Soberbio quiere gobernar a cualquier precio, incluso al precio de ser a partir de ayer “Pedro el Soberbio”

Ayer asistimos a la confirmación de una transformación que lleva tiempo produciéndose. La de un hombre que recorrió España en un coche arrepentido de haber cedido a las presiones en 2016 para no formar un Gobierno de izquierdas, hasta el Pedro Sánchez que vimos ayer y que considera que debe ser presidente por el mero hecho de ser él. No necesita negociar, dialogar, ceder ni tender puentes: le basta con exigir a los demás que le dejen gobernar, porque claro, ¿cómo alguien se podría negar? Pedro el soberbio no está para bromas. Quiere el poder y si no lo obtiene gratis iremos a elecciones. Lo que obvia es que si algo no soportan los votantes es la prepotencia, y, sobre todo, la soberbia.

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