Mientras parece que no se mueve nada por la asamblea, muchos ciudadanos en Madrid soñamos con nuestra comunidad libre del eterno y corrupto PP madrileño.

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Karim Mohamed Puente

Son cada vez más las voces que se escuchan pidiendo la moción de censura al gobierno de Isabel Díaz Ayuso, o más bien, a Isabel Díaz Ayuso. Un ruido que comenzó en las redes sociales hasta que el pasado miércoles 9 de septiembre el delegado del gobierno en Madrid, José Manuel Franco, afirmó que no descartaban la moción de censura, ni darle el gobierno a una persona ajena al partido socialista. 

Estas peticiones surgen de la izquierda y de las bases del PSOE, que están reclamando a los socialistas una verdadera labor de oposición que no parecen estar por la labor de ejercer. Aducen que la pandemia no es el momento de una moción de censura, aunque bien puede ser que no ven a Ángel Gabilondo liderando tal proceso o que, como aseguran, no ha habido ningún inicio de conversaciones con los naranjas.

Mientras parece que no se mueve nada por la asamblea, muchos ciudadanos en Madrid soñamos con nuestra comunidad libre del eterno y corrupto PP madrileño. Pero hay que tener cuidado con las ensoñaciones, porque las matemáticas rigen los límites de lo posible y nos dicen que Ciudadanos es indispensable para ver este escenario. Esto significa que podemos encontrarnos a Aguado de presidente o a Ciudadanos imponiendo su agenda en el ejecutivo de la comunidad.

Por su parte la formación naranja está comenzando a reubicarse tras el fracaso de la estrategia de Rivera. Con líder recién estrenada, están comenzando el cambio de rumbo hacia posiciones en las que hacer valer su menguada fuerza parlamentaria. Comenzando por conversaciones con el Gobierno de coalición sobre un posible apoyo a los presupuestos. Tratando de situarse así como lubricante de la legislatura, cuando parte de la población parece cansada de la confrontación, y a la vez como el único partido de derechas que conseguiría de forma efectiva restar peso a Unidas Podemos en los presupuestos.

En esa línea, conseguir la CAM y quién sabe, el ayuntamiento, sería un gran revulsivo y un buen aliciente para el partido de Arrimadas. Solo necesitarían que el botín compense el riesgo y que la jugada no se parezca demasiado a una traición. En este sentido la gestión pésima de Ayuso, el ostracismo al que tiene relegados a sus socios de gobierno y las investigaciones y sentencias pendientes en varios casos como la Gürtel, pueden ponérselo fácil y finalmente dejen caer al gobierno. Un escenario improbable de imaginar a día de hoy, pero que le pregunten a M. Rajoy.

Y parece que el PP no descarta está situación, ya en mayo Pablo Casado tuvo que reunirse con Arrimadas para calmar las aguas en la capital, y están empezando a maniobrar. Un día después de la entrevista a Franco, ha salido Isabel Díaz Ayuso avisando de que el adelanto electoral es cada vez una opción más plausible. Buscan acompasarlas a las catalanas, porque enmarcarlas entorno a la cuestión territorial, creen los de Génova, que les puede beneficiar. Probablemente tengan razón. Pero en un contexto mundial de absoluta incertidumbre jugarse Madrid es muy arriesgado para Casado, que no para de acumular derrotas.

Ahora mismo, Ayuso y Aguado están de pie con atuendo de cowboy, uno frente al otro, les recorre un sudor frío y suena música de western. Acercan la mano a sus armas, Ayuso a las elecciones, Aguado a la moción de censura. Conscientes de que usarlas puede encumbrarles o enterrarles políticamente. Demasiado a menudo la política aboca a duelos ineludibles sin grises ni victorias parciales, y ellos parecen irremediablemente destinados a enfrentarse.

Hay que tener cuidado con lo que se desea. Jamás pensé que apoyaría a Ignacio Aguado.

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