Entrevistamos al eurodiputado Miguel Urbán tras su visita al campo de refugiados incendiado de Moria.

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Ricard Jiménez

En las últimas semanas de forma esporádica, que ya es más que la norma general, han aparecido los sucesos recientes de los campamentos de refugiados en Grecia. Esto, la situación actual, no es algo surgido de la nada, pero desde la distancia y la falta de rigurosidad al respecto, probablemente interesada, limita la panoplia expositora de la situación. Los análisis al respecto son exiguos, las voces de denuncia son ignoradas y esto de forma directa implica que por desinterés o por deferencia acabemos siendo parte de un marco político y un escenario criminal en lo referente. La inacción o la indiferencia, como decía Gramsci, «es el peso muerto de la historia», por ello, y contra ello, hemos entrevistado al eurodiputado Miguel Urbán, que desde su prisma y su experiencia puede arrojarnos algo de luz sobre el asunto.

¿Cuál es el contexto actual en Moria?

Para abrir una pequeña panorámica, Moria es un pequeño pueblo de la isla de Lesbos, que es una de las más grandes de Grecia y cerca de Turquía, y es cerca de esta ciudad donde a mediados de 2015, con la mal llamada crisis de los refugiados, que se abrió este campamento. Este, en 2016, ya fue considerado por Médicos Sin Fronteras como uno de los peores campos del mundo en los que habían trabajado.

Esta precariedad se da sobre todo porque en un campamento principalmente preparado para 2.500 personas, que ya de por si es en unas condiciones muy malas, han llegado a vivir 26.000 personas. Los parámetros de ACHNUR determinan que debe haber un inodoro por cada 10 personas, en Moria ha llegado a haber 1 cada 600. Esto demuestra un poco la situación.

¿Cómo ha ido desarrollándose el campamento para terminar siendo este “peor campamento del mundo”?

Es cierto que con Syriza en el gobierno las condiciones fueron malas, pero nunca se había llegado a esta situación crítica que se ha llegado con el gobierno de Nueva Democracia. Por ejemplo, el campamento con Syriza nunca superó las 7.000 personas. Lo bueno que ocurría con Syriza, además, es que se trasladaba de forma más o menos rápida al continente con lo cual las personas no estaban más de 2 o 3 meses en Moria. También con Syriza había acceso universal a la sanidad y estas personas por lo tanto podían ser atendidas en la sanidad pública. Esto cambió con Nueva Democracia y, con menos llegadas a la isla que en épocas pasadas, el volumen ha crecido exponencialmente. De este modo estos cambios nos llevan a dejar de llamar al campamento un centro de atención rápida, ya que en la jerga migratoria de la UE esto es un ‘hotspot’, es decir un punto caliente, que en teoría es solamente para acreditar a las personas demandantes de asilo. Así pues, Moria, al igual que los demás campamentos de Grecia, se han convertido en un lugar de residencia, por llamarlo de algún modo, permanente. Sin sanidad estas personas, 13.000 en el momento en el que se produjo el incendio de Moria, tan solo tienen acceso a un médico, con apenas raciones de comida y cada vez con mayores ataques y reacciones agresivas por parte de la población local.

¿A que se debe este aumento de la virulencia del pueblo griego hacia los refugiados?

Siempre es más fácil culpar y atacar a los refugiados que a las propias instituciones. Al final, al convertirse en un campamento permanente, los refugiados empezaban a cultivar en tierras que históricamente habían utilizado y utilizan, también se les comenzó a achacar que dañaban al turismo. Esto sumado a las políticas de austeridad, de recortes de derechos de los propios ciudadanos de Lesbos, se convirtió en un cóctel explosivo de guerra entre los últimos y los penúltimos. En este contexto la extrema derecha lleva agitando el ambiente durante mucho tiempo para canalizar de este modo mezquino el malestar de la población local antes esta situación de convertir su isla en una cárcel para refugiados. Porque, hablando claro, esto es una cárcel para refugiados, que el Gobierno griego, auspiciado por la UE han querido exponer de ejemplo de lo que te puede pasar si vienen a Europa.

¿Qué es lo que ha pasado con exactitud recientemente en Moria? El sesgo informativo al respecto es muy acusado y a excepción de que ha habido un incendio poco más se sabe al respecto. ¿Fue un incendio provocado? ¿Quién llevó a cabo esta acción?

Alguna gente hablaba de que el incendio de Moria es un desastre, una tragedia, pero esta era una tragedia anunciada, no fue una casualidad. Es una consecuencia directa de estas políticas criminales de la Unión Europea, que es la que ha determinado que esto pasara. Incendios ha habido desde siempre en Moria, y en los demás campos, porque el hacinamiento ha generado este tipo de incidentes. En septiembre de 2019 ya murió una familia por un incendio en el centro del campamento. Ha habido también incendios provocados por ataques de extrema derecha, pero también, y esto es importante, ha habido incendios provocados por los mismos refugiados. De hecho, parece que este último ha sido provocado por los propios refugiados.

¿Con qué finalidad?

Porque una de las cuestiones que les han quitado a los refugiados es el mero derecho a tener derechos. No les han quitado el derecho a una vivienda digna, no les han quitado el derecho a tener una sanidad, una educación, dos comidas decentes al día… Les han quitado su derecho básico a la expresión política, a la organización y a la protesta. Ellos han protestado mucho y de forma muy pacífica y siempre ha sido ignorado por los medios de comunicación y por las instituciones. Además, siempre que han protestado han recibido gases, incluso contra familias con niños, algo que es brutal. Los han gaseado cada vez que han hecho una manifestación, una acampada, los han pegado, los han golpeado, han detenido… Con lo cual les han negado la posibilidad de la protesta. El fuego ha sido la única forma de expresión política que han tenido para poder mostrar el malestar. Ha sido una forma de reivindicar querer salir de ese infierno. Y si te fijas, no se había hablado de Moria desde hace mucho tiempo hasta que lo han quemado.

Anteriormente se ha expuesto que Nueva Democracia ha llevado a cabo políticas que han degenerado la situación, pero ¿cuál es la responsabilidad de la UE para que esto haya sido posible? ¿La política migratoria está dentro de sus competencias? ¿Cuáles han sido las acciones o no-acciones de la UE?

La Unión Europea es culpable, al menos co-culpable de lo que está pasando, ya que las políticas que se están llevando a cabo están coordinadas con los Gobiernos. Es decir, esto no es una competencia explícita de la UE, pero si lo hace por ejemplo a través de Frontex, que es la agencia de fronteras que trabaja codo con codo con el gobierno griego. En los últimos meses se han denunciado 10.000 devoluciones en caliente a mar abierto, dónde ha participado Frontex. También EASO, que es la agencia europea para la migración, está trabajando con el gobierno griego en las tramitaciones de asilo que se presentan en Lesbos y mirando hacia otro lado cuando esas personas no tienen ningún tipo de condición digna para poder preparar su caso. De hecho, la Unión Europea no solamente mira hacia otro lado, si no que participa de forma directa. Un ejemplo es que cuando la crisis de marzo, la UE viajó con la presidenta de la Comisión, la presidenta del Consejo y el presidente del Parlamento para abalar las políticas del gobierno griego, que estaba disparando con fuego real en la frontera greco-turca, diciendo que Grecia era el ‘escudo de Europa’. En definitiva, la UE, financia y respalda con mucho dinero estas políticas. Es más, también hay que destacar cuando se firmó el ‘acuerdo de la vergüenza’ de la UE con Turquía para la externalización de fronteras. La Unión Europea no es culpable por omisión, si no que es culpable directo de lo que está pasando en Lesbos y de convertir los campos en cárceles a cielo abierto.

¿La Unión Europea se plantea nuevas medidas o soluciones ahora que lo sucedido ha tenido algo de repercusión

Se ha visto recientemente al gobierno de Grecia acusar de traer la pandemia al país a los refugiados. Siempre hay que buscar un chivo expiatorio, que siempre en cierta medida es el pobre. Por ejemplo, nadie mira al barrio de Salamanca donde está lleno de “refugiados” venezolanos con dinero. Se mira solamente al migrante pobre. Esto se trata de xenofobia, pero también aporofobia. En este contexto debemos empezar a plantearnos que la miseria mata lo mismo que las bombas. Sin embargo, la Unión Europea no va a hacer una enmienda a sus políticas migratorias, si no que las va a reforzar. Hoy mismo se presenta el nuevo pacto migratorio de la UE, que se ha llevado con un secretismo total, pero a través de las filtraciones que ha ido habiendo parece que ahora va a legalizar, va a normalizar la excepcionalidad de las políticas violadoras de derechos humanos. La Unión Europea va a abalar, va a regular, estos ‘acuerdos de la vergüenza’, como el que hay con Turquía, o el de España con Marruecos, donde no solamente pagamos mucho dinero a una autocracia como es la marroquí, si no que miramos hacia otro lado respecto a nuestros hermanos saharauis. Se va a abalar a través de esto por ejemplo que las ayudas de la UE para el desarrollo en África estén condicionadas al control migratorio. Yo te doy dinero para el desarrollo siempre que “tu controles” tus fronteras.

Volviendo a Moria, ahora, tras el incendio, se está construyendo un nuevo campamento. ¿Seguirá los mismos parámetros y características que el anterior?

Sí, yendo a lo concreto, a Moria, se está construyendo un nuevo campamento, que puede ser peor incluso. Nosotros el otro día fuimos de las pocas personas a las que se nos permitió ver el nuevo asentamiento y allí todo se argumenta con la excusa de la excepcionalidad. “Vivimos un momento excepcional de emergencia humanitaria”, dicen. Podría entenderse la excepcionalidad en 2015, pero 5 años después ya no es algo casual. Es una consecuencia directa de las políticas que se han ido llevando a cabo. Si en 5 años no ha habido cambios es porque hay una decisión política que determina que esto debe seguir así. ¿Y dónde los trasladan? A un terreno militar, donde antes se hacían pruebas de tiro y se están encontrando bastantes artefactos explosivos del ejército debajo de las mismas tiendas. Se les mete en unas tiendas sin suelo debajo, con lo cual, cuando lleguen las lluvias eso va a ser desastroso. Se los mete al lado del mar, en uno de los sitios más despoblados de la isla, justamente por la inclemencia del tiempo y sobre todo del viento de esa zona. Esto es algo que se sabe. De hecho, hablamos con el gobernador de la isla, de Nueva Democracia, que es un tío muy de derechas, que es uno de los que ha auspiciado los levantamientos xenófobos racistas contra los refugiados, nos dijo: “A mi nadie me ha consultado y el sitio donde los van a meter es el peor sitio donde se les podría meter”.

¿Cómo debería afrontarse entonces esta situación?

Estas personas deben ser reubicadas de inmediato. Lo primero hay que acabar con cualquier Moria y la idea de Nuevos ‘Morias’ en Europa. Hay que acabar con los campamentos. A la gente no se las deja salir de estos sitios, esto son cárceles a cielo abierto. Algo aún más escandaloso es que en esta época de pandemia mundial si alguien de tu familia, allí, da positivo se encierra a toda la familia en una especie de concertinas para que no puedan salir, ni entrar. Había 200 personas encerradas con tres baños, encerrados como si fueran ganado con concertinas. Los niños jugando con las propias concertinas… Es una imagen desgarradora y esto es Europa… A estas personas habría que reubicarlas de forma solidaria entre los 27 estados miembro y cumplir el derecho internacional. Darles una acreditación de asilo político a aquellas personas que así lo solicitaran. Cerrar los campos en definitiva y prohibir que se puedan volver a abrir. Es necesario un cambio de 180º no solamente a estos campos si no a los Guantánamos europeos, que son los centros de internamiento de extranjeros que vulneran los derechos humanos más básicos. Esto sería el principio. Al gobierno español le hemos pedido que dé ejemplo y que pudiera acoger una parte de los refugiados y el gobierno se negó, porque al final la política migratoria de España, tanto con PSOE como con PP, es la misma. Es una de las políticas migratorias más agresivas y más xenófobas de todo el mundo.

Esto es cierto que puede ser un principio, un inicio de un cambio, pero ¿cómo podría atajarse de raíz el problema? Es decir, lo grabe en todo este asunto es que estás personas deban “refugiarse” de algún modo.

Las cuestiones migratorias cambian mucho. Todavía solemos tener la imagen de que la mayoría de las personas en las islas griegas son sirios y ahora mismo estos son solamente un 5%. La mayoría actualmente son afganos, donde hay una guerra de baja intensidad, que parece que se nos ha olvidado, pero también muchos más que sirios hay africanos. Estos son territorios que no están formalmente en guerra pero que han sufrido décadas de expolio colonizador o neocolonizador que han acabado con la posibilidad de una vida digna. No obstante, también hay un elemento que normalmente se nos escapa y que es muy importante, y que hay que poner sobre la mesa, son las migraciones climáticas. Este es un elemento que va a estar cada vez más presente, porque el capitalismo en su voraz destrucción del territorio y el medioambiente ha ido generando situaciones cada vez más desastrosas de vida sobre todo en el sur. ACHNUR estimaba que en 2030 puede haber unos 250 millones de refugiados climáticos. Esto que ya se empieza a ver en los campamentos griegos, que es la cuestión climática, va a estar cada vez más presente. Por ello es muy importante que nosotros lo incorporemos a nuestro discurso. Este discurso debe ser ecosocialista y que tenga la cuestión de la emergencia climática y ecológica en nuestra práctica cotidiana más allá del capitalismo verde y este New Green Deal que nos están vendiendo desde la Unión Europea.

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