Desmontamos las clásicas mentiras contra el cine de nuestro país.

The CervantesFAQs

No a la guerra. Nunca cuatro palabras pronunciadas en una entrega de premios impulsaron más el odio visceral de la derecha contra la industria del cine. Fue la noche del 1 de Febrero de 2003 y tanto la organización de la gala de los Goya como sus participantes corearon esas palabras y se mostraron totalmente en contra de la decisión de José María Aznar de apoyar la guerra en la que Estados Unidos invadió Irak. Desde entonces, la derecha no le ha perdonado al mundo del cine este enfrentamiento y se ha dedicado a extender unos cuantos bulos sobre el dinero que las películas españolas reciben del Estado. Frente a sus mentiras, aquí están los datos reales que demuestran que todo son ataques gratuitos de quienes dicen amar mucho su país pero parece que solo quieren enfangarlo.

DETRACTOR DEL CINE ESPAÑOL

“Son unos vividores de las subvenciones”

Las subvenciones que recibe el cine en nuestro país son concedidas por la dirección general del ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) y son de varios tipos. Las principales son las ayudas generales a la producción de largometrajes sobre proyecto, que en 2018 fueron de 35,5 millones de euros. También existen las ayudas selectivas, que se otorgan a películas de cine independiente o de dirección novel, y que en 2018 fueron de 8,5 millones. Estas subvenciones representan un máximo del 20-22% de la inversión total que se necesita para hacer una película y además la productora no la recibe hasta pasados dos años y medio. Hay un 10% de inversión que proviene de las ventas de derechos de emisión para TV y de preventas internacionales. ¿De dónde sale entonces el resto de presupuesto que se necesita para poner en marcha un largometraje? De los productores, que lo financian de su bolsillo y a todo riesgo, pero nadie les llama ‘emprendedores’ ni ‘patriotas’.

Pero aún hay más: el dinero que el Estado destina a subvenciones para el cine siempre ha sido muy escaso si lo comparamos en dos frentes:

  • Por un lado podemos compararlo con lo que destinan nuestros estados vecinos a su cine patrio. Alemania otorga 150 millones, Italia 400, Reino Unido 500 y Francia casi 670 millones. Por no hablar de un país más alejado como es Estados Unidos. A los liberales les gusta ponerlo de ejemplo de “país que no subvenciona su cine” pero esa afirmación es falsa porque sí lo hace, mediante un sistema de incentivos fiscales en todos los estados. Solo en California, por ejemplo, 280 millones de euros.
  • Por otro, con el resto de actividades que reciben subvenciones en España y a las que los partidos de derechas no se atreven a atacar. Unos cuantos ejemplos son: los propios partidos políticos, que en 2018 recibieron cuatro veces más que el cine; la automoción, que es ayudada a través de distintos planes, como el PIVE (75 millones de euros) o el de Competitividad (220 millones en 2012); la tauromaquia, en la que el Estado gasta 571 millones, o la Iglesia católica, que se agencia la friolera de 11.000 millones de euros.

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“Son unos vagos y el cine no sirve para nada”

Quizá a las derechas la cultura les sirva de poco, pero al resto de la población nos sirve, al menos, para recuperar mucho dinero en reactivar la economía. No podemos decir lo mismo de la Iglesia, que además de los 11.000 millones en subvenciones que ya hemos mencionado, se embolsó solo en 2018 más de 260 millones de euros vía Hacienda, de los cuales 11 fueron destinados a pagar la televisión de los obispos, 13TV, conocida por sus vínculos con los sectores más ultras de la derecha española. Y todo esto con solo un 2% de audiencia.

El cine español, sin embargo, devuelve 3 euros por cada euro que recibe, y ya solo con el IVA se recupera casi toda la subvención pública de la película. Y no es el único impuesto que genera esta industria, también las arcas del Estado recaudan con ella a través del impuesto de sociedades, el IRPF, la cuota de autónomos o el IVA de otras facturas relacionadas con rodajes y proyecciones. Porque el cine, a diferencia de lo que algunos piensan, no recoge solo el trabajo de cuatro caras conocidas, sino que genera miles de empleos:

  • Según datos del Ministerio de Cultura, en España hay 9.000 empresas de producción audiovisual que dan trabajo a 81.900 personas.
  • A esto hay que sumarle los contratos puntuales derivados de las superproducciones que se ruedan en nuestro país.
  • Además, los empleos de las empresas de servicios y de hostelería, como localizaciones y hoteles, catering, desplazamientos, alquileres y portes…
  • Y, por supuesto, quienes trabajan en distribuidoras de cine español e internacional, y en las salas de exhibición: los cines, esos recintos que existen aparte de las pantallas de Netflix.

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“Pero si nadie va ya al cine, y menos a ver películas españolas porque son malas”

Esta cantinela caló mucho en la sociedad desde que ilustres gobernantes del PP dijeran cosas como que “el problema del cine español es su mala calidad” (palabras del ex ministro Montoro, y también de Abascal y los suyos) o “no he visto ninguna película de los Goya” (el ex presidente Rajoy). Se podría desmentir esto hablando de la cantidad de premios nacionales e internacionales recibidos, entre ellos 17 Oscars a películas de directores tan odiados por la caverna como Trueba, Amenábar o Almodóvar. Pero vamos a los datos de taquilla, que es donde están las auténticas críticas.

Primero, un aporte sobre un estrepitoso fracaso de la historia del cine español: el Gobierno de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre otorga en 2008 al director José Luis Garci la cantidad de 15 millones de euros (así, porque sí, ya que el máximo de ayuda pública a un largometraje tiene que ser de un millón de euros y nunca puede superar el 40% del presupuesto total) más medio millón de sobrecoste de Telemadrid para rodar una de esas películas patrioteras que tanto les gustaría a los detractores del actual cine español: Sangre de Mayo, 150 minutos que recaudaron poco más de 700.000 euros y solo vieron 120.000 personas. Echad las cuentas. Os retamos también a buscar alguna declaración de Abascal criticando a su mentora por este despilfarro.

Lejos ya de las mamandurrias, la película española más vista en 2018 fue Campeones, que habiendo recibido solo 980.000 euros de subvención, recaudó en cines 19 millones. Fueron a verla 3.288.420 personas, nada mal para una película de “mala calidad”, como dicen desde las filas ultras. Desde el año 2013 se llevan superando los 100 millones de recaudación en taquilla, y eso que el cine en general se ha llevado unos cuantos golpes en forma de subida de IVA (el Gobierno de Rajoy lo aumentó al 21% en lo que a mucha gente le pareció una represalia tras el No a la guerra), los recortes y la precariedad, o la aparición de las plataformas de vídeo bajo demanda, una clara competencia a la gran pantalla. A pesar de todo, la última encuesta de hábitos y prácticas culturales del Ministerio refleja que las actividades de cultura más frecuentes en la población son leer (62,2%) e ir al cine (54%) Entre ellas no aparecen la creación de bulos ni la incitación al odio, dos de las ocupaciones culturales favoritas de Vox y sus afines.

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“Las subvenciones solo se las dan a directores y actores afines”

Esta es una de las perlas que soltó el diputado de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, en el programa Espejo Público. Una mentira bien descarada, ya que la aparición de actrices y actores determinados en una película no influye para nada en los criterios de selección de las ayudas. De hecho fue el Partido Popular el creador de la actual Ley de Cine en 2016, que establece un sistema de puntos muy exigente entre los que está el idioma, la solvencia de la empresa, el haber firmado ya un contrato de distribución o estreno en salas, o los éxitos en taquilla anteriores de la productora, además de otros incentivos como que trabajen personas con discapacidad o estudiantes en prácticas, o que en alguno de los puestos directivos y de guión se encuentre una mujer. Ni rastro de que te den más puntos por que en tu película actúe alguien “afín”.

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“Y se utilizan como medio de control ideológico, siempre haciendo películas sobre la Guerra Civil”

De nuevo, una mentira repetida mil veces que parece haberse convertido en verdad pero que no lo es. Ya hemos demostrado que la entrega de subvenciones no se hace de forma ideológica, sino que se sigue un sistema de puntos donde nada tiene que ver ni el guión, ni el argumento ni el tema de la película. Pero es que además es falso que la mayoría del cine español hable sobre la guerra: entre 2011 y 2019 solo se han realizado 15 películas con esta temática. Si el total de las cintas de esos ocho años ha sido de 1.249, esas 15 solo representan el 1,04% y, si nos vamos al período 2001-2011, según la FAPAE (Confederación de Productores Audiovisuales Españoles) solo se produjo un 1,4% de filmes sobre la Guerra Civil.

Así que ya sabéis: mientras los que quieren que dure la guerra contra un sector que genera empleo, dinero y patrimonio cultural, sigan mintiendo, aquí tenemos un guión para desmontar sus bulos en menos de lo que Esperanza Aguirre tarda en darles un puestecito a ellos, los verdaderos subvencionados.

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