Macron busca una respuesta a la crisis sin renunciar a un proyecto central de su presidencia: refundir los 42 sistemas de pensiones.

Un año después del estallido de la revuelta de los chalecos amarillos, Francia se lanza a la calle para desafiar a Emmanuel Macron. El país quedó paralizado este jueves por las protestas en contra de la reforma de las pensiones, proyecto prioritario del presidente de la República.

Centenares de miles de franceses se manifestaron en contra de la reforma de las pensiones, mientras que sectores estratégicos como los transportes quedaban paralizados por una huelga que se prolongará en los próximos días. Por toda Francia salieron a calle más de 800.000 personas, entre ellos 65.000 en París, según cifras oficiales.

El seguimiento de la huelga fue masivo en los sectores afectados, las cifras hablan por si solas: Solo un 30% de escuelas abrieron las puertas. Uno de cada cuatro funcionarios hizo huelga. Un 90% de ferrocarriles de larga distancia dejaron de funcionar en toda Francia, así como un 80% de los trenes de cercanías. En la capital, 11 líneas de metro cerraron. 

Tarde o temprano, los Gobiernos franceses tropiezan con las pensiones. Otros lo han intentado y, o bien han acabado dando marcha atrás, o han reformado solo a medias. El precedente más conocido es el de 1995, cuando tres semanas de movilizaciones acabaron forzando a Alain Juppé, primer ministro de Jacques Chirac, a retirar una reforma parecida a la de Macron. Aquella derrota marcó al Gobierno de Juppé, mentor del actual primer ministro, Édouard Philippe.

También es donde tropieza Macron. El presidente busca una respuesta a la crisis sin renunciar a un proyecto central de su presidencia: refundir los 42 sistemas de pensiones. La reforma plantea un nuevo modo de cálculo del montante, que perjudicaría a los asalariados del sector público y privado. Parece descartada la opción de aumentar a los 64 años la edad de jubilación, hoy en 62 años. Entre las concesiones que ha insinuado el Gobierno figura un aplazamiento de la entrada en vigor de la reforma para que no se aplique hasta la generación nacida en 1975. 

El presidente, que tras llegar al poder en 2017 despreció el diálogo social, topa con una oposición amplia a un plan que puede marcar el quinquenio presidencial. El presidente del ordeno y mando que impuso con su rodillo parlamentario la reforma laboral y la de los ferrocarriles públicos ya no existe. Los chalecos amarillos han sido quienes marcaron el camino al hacer recular al presidente.

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