Las élites financieras no quieren ver perjudicados sus ingresos, por lo que se opondrán siempre a poner las bases de un contrato social que disminuya la explotación laboral y la precariedad.

«¿De verdad había que anunciar en mitad de la catástrofe, algo tan controvertido e innecesario como la derogación de la reforma laboral del PP, ya descafeinada por las recientes medidas del Gobierno? No es un simple error. Es un horror». Este comentario, que podría leerse cualquier día en Ok Diario o La Razón, pertenece al jurista y periodista José María Izquierdo y fue en La Ser de Angels Barceló donde lo dijo.

Porque sí, nunca es y nunca será un buen momento para los poderes económicos. Las élites financieras no quieren que se pongan las bases de un contrato social que disminuya la explotación y la precariedad de trabajadoras y trabajadores.

¿Es «un horror» derogar la reforma laboral del PP?

Los empresarios avisan de que eliminar la reforma laboral de 2012 de un plumazo tendría «consecuencias económicas incalculables». Los empresarios, representados por Garamendi y la CEOE. A los mismo que les parece mal el ingreso mínimo vital, detener la economía durante la pandemia, los que vetan las subidas del SMI o aplaudían que Unidas Podemos no accediesen al Gobierno. Parece, por lo indicado, que este grupo de empresarios solo buscan su bien particular. ¿Su criterio debe ser tenido en cuenta por el Gobierno de todos?

Un «horror», tal y como indica Izquierdo, es mantener una reforma que permitió un despido procedente con una indemnización de 20 días por año para todos con un tope de doce mensualidades y uno improcedente de 33 días y un tope de 24 mensualidades. El despido de repente fue procedente a priori y demostrar que no lo es corrió a cuenta del trabajador.

Un «horror» es que las empresas de trabajo temporal (ETT) pudieron convertirse en agencias de colocación privada con ánimo de lucro cuyo único fin es llenar su cuenta bancaria y no que parados encuentren trabajo.

Un «horror» es que a partir de 2012 el empresario pudiese cambiar jornadas, turnos, funciones y hasta rebajar salarios, independientemente de las necesidades del trabajador. Puede hacerlo incluso cuando la empresa registre dos trimestres de caídas de ventas o ingresos,  aunque no tenga pérdidas.

Un «horror» es que permitiese a los empresarios jugar con la estabilidad de los empleados, haciéndolos encadenar contratos de formación y aprendizaje, incluso dentro de la misma empresa. 

El definitiva, un «horror» es considerar que derogar esta reforma es algo «controvertido e innecesario», cuando tras 8 años entre nosotros solo ha traído precariedad a los trabajadores, priorizando los derechos de los empleadores. Vergonzoso periodismo.

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