La muerte de un ‘rider’ de 25 años en Huelva se suma a la de otro trabajador en Sevilla el pasado domingo, de 22 años, ambos en accidentes de tráfico. La situación en la que estas personas realizan su trabajo, precario, sin protección y con graves consecuencias sobre su salud, pone en grave riesgo a los trabajadores, como se ha demostrado lamentablemente en esta ocasión.

Es destacable el alto grado de siniestralidad que se produce en este sector. Recorren entre 60 y 80 kilómetros diarios en bicicleta. Cada seis meses, aproximadamente, se registra un accidente de trabajo grave que, en la mayoría de los casos, no  son tratados como un accidente laboral, como correspondería, sino como enfermedad común.

El sindicato CCOO Andalucía va a denunciar ante la Inspección de Trabajo ambos accidentes mortales en el sector precarizado del reparto de comida a domicilio. Es prioritario acabar con esta lacra que no para de afectar a los trabajadores y trabajadoras sean del sector que sean, algo ante lo que no pueden quedar impasibles ni las administraciones ni el empresariado y que “no tengamos que seguir siendo testigos de muertes que pueden evitarse”, denuncian desde el sindicato.

La necesidad de vigilar para prevenir los accidentes laborales que, en casos como los ocurridos esta semana, llegan a ser mortales y advertir a las administraciones para que sitúen en primera línea de acción la prevención y el objetivo de conseguir siniestralidad cero: “hay que dotar a la Inspección de Trabajo de los medios suficientes para cumplir su función y vigilar a las empresas y a las personas trabajadoras para que su seguridad no esté en riesgo a la hora de desempeñar su trabajo”.

Según el sindicato, estas compañías en “ningún caso pueden anteponer el beneficio empresarial por encima de la vida de sus trabajadores” porque tienen una responsabilidad ineludible y tienen en sus manos la seguridad y protección de personas.

Inseguridad laboral y solo beneficio empresarial

Es especialmente llamativo el hecho de que estos ‘riders’ se tengan que jugar la vida por un sueldo mísero. Un rider de Glovo, Deliveroo, Stuart o UberEats es un trabajador por cuenta propia que vende sus servicios a estas compañías mediante un contrato de colaboración. El método más habitual a la hora de prestar sus servicios es la bicicleta. Cobran por pedido entre cuatro y seis euros brutos en empresas como Glovo o Deliveroo, aunque de estos cabe descontar las cuotas a la Seguridad Social, que deben abonar ellos mismos, además del seguro privado que la mayoría de empresas les obliga a contratar.

Los repartidores se organizan laboralmente a través de una aplicación móvil, cuyo smartphone también deben costearse ellos mismos, así como los datos necesarios para mantenerse conectados. Los colaboradores se apuntan con antelación en las franjas horarias que prefieren repartir, siendo asignadas estas por el algoritmo de la aplicación según la puntuación que los clientes finales les den y su historial.

UGT calcula que Hacienda deja de ingresar anualmente 93 millones de euros con estas empresas operando bajo este modelo.

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