El centro de La Paz se ha transformado en un escenario de barricadas y vecinos apostados en las esquinas atravesadas por alambres de púas y chapas de zinc.

El de Evo Morales fue el mejor gobierno de la historia de Bolivia y no sólo porque, como dijo Alberto Fernández, “ese el primer presidente de Bolivia que se parece a los bolivianos”. Los datos socioeconómicos no dejan dudas sobre el antes y el después de sus 13 años de gobierno, Morales redujo la pobreza, alfabetizó y recuperó los recursos naturales nacionalizados para su patria plurinacional.

Morales es ejemplo de la reiterada condición golpista del fascismo boliviano, la derecha que odia a los indios y a los negros, germen de los 188 golpes militares de la historia boliviana desde 1825. El golpe de estado contra Evo Morales es el 189. Ningún país de Latinoamérica tuvo tantas interrupciones de su vida política.

Lo que está sucediendo ahora, siguiendo el ejemplo de Chile y su lucha contra la derecha a sueldo de EE.UU y el FMI, no formaba parte del plan de quienes encabezan el golpe de Estado que, a estas horas, presenta más elementos de confusión y violencia que de proyecto planificado. El objetivo central, tras derrocar a Evo Morales, es perseguirlo y detenerlo: la Policía Nacional Boliviana (PNB) tiene una orden de arresto ilegal contra su persona, se encuentra en un sitio desconocido.

En representación de lo que significó Evo para Bolivia, encontramos la lucha que se está desarrollando en las calles. El centro de La Paz se ha transformado en un escenario de barricadas, transporte detenido, vecinos apostados en las esquinas atravesadas por alambres de púas y chapas de zinc. Cerca de la Plaza Murillo, centro del poder político pasan grupos con cascos, escudos, máscaras antigás, banderas de Bolivia, contingentes de policías apostándose y pidiendo refuerzo a la Fuerza Armada Nacional (FAB).

Miles de vecinos, en su gran mayoría de la nación aymara, salieron a las calles a hacer frente al golpe de Estado agitando las bandera whipala, que durante las horas de la ofensiva golpista fue quitada de instituciones y quemada en la calle por manifestantes de derecha.

Los poderes se despliegan en acciones represivas y persecutorias, con los anuncios en redes sociales de Fernando Camacho, cara visible del ala civil del golpe, las acciones de la PNB y de la FAB. Esta última emitió un comunicado el lunes en la noche bajo la lectura del comandante general Williams Kaliman: la FAB desplegará acciones de despliegue en las calles para acompañar a la PNB. No existe entonces gobierno formal, pero sí el poder de las armas.

La decisión de quienes conducen el golpe es responder con represión en todas las escalas posibles. Ya en la noche del lunes se veían las tanquetas en las calles de La Paz y los vecinos que celebraron el derrocamiento y quema de whipalas ahora aplauden la militarización.

El estado de derecho ha sido roto y eso ha abierto las puertas a la impunidad absoluta de quien logre ejercer poder. La seguridad personal de Evo es objeto de mucha preocupación en un contexto donde su casa fue asaltada por grupos violentos y donde no existe ninguna autoridad pública dentro de quienes realizaron el golpe. 

Una derecha sin fuerza y sin gobierno

El bloque golpista no logró aún conformar gobierno. La presidenta del Senado debería asumir la tercera al frente, Jeanine Añez, que aterrizó en Bolivia. Sin embargo, debería asumir con acuerdo del poder legislativo, donde en ambas cámaras tiene mayoría el Movimiento al Socialismo, es decir el partido que fue desplazado por la fuerza.

No existe entonces gobierno interino golpista visible tras el consumado el golpe de Estado. El escenario no es como el que tenían previsto quienes encabezaron el golpe de Estado. Parece que, o no tenían fe alguna en conseguirlo o solo un escenario organizado solamente para derrocar y perseguir a Morales y los dirigentes del proceso de cambio.

El bloque golpista es heterogéneo, contiene sectores civiles, empresariales, policiales, militares, religiosos e internacionales. Esta última dimensión quedó expresada en la complicidad de la Organización de Estados Americanos (OEA) que no calificó a lo sucedido como golpe de Estado, y en las mismas declaraciones de Estados Unidos que presentó el derrocamiento como regreso a la democracia.

Puntos que debemos aprender de esta situación

El argentino Atilio A. Boron, Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard, enumera cinco puntos que debemos aprender de la tragedia boliviana y grabar en nuestras conciencias para siempre:

Primero, que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses.

Segundo, hay que estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva. Esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (“character assassination”) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. Esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como “periodistas independientes”, que a favor de su control cuasi monopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general.

Tercero, cumplido lo anterior llega el turno de la dirigencia política y las élites económicas reclamando “un cambio”, poner fin a “la dictadura” de Evo que, como escribiera hace pocos días el impresentable Vargas Llosa, aquél es un “demagogo que quiere eternizarse en el poder”. Supongo que estará brindando con champagne en Madrid al ver las imágenes de las hordas fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada elección para cumplir con el mandato de don Mario y liberar a Bolivia de un maligno demagogo. Menciono su caso porque ha sido y es el inmoral portaestandarte de este ataque vil, de esta felonía sin límites que crucifica liderazgos populares, destruye una democracia e instala el reinado del terror a cargo de bandas de sicarios contratados para escarmentar a un pueblo digno que tuvo la osadía de querer ser libre.

Cuarto: entran en escena las “fuerzas de seguridad”. En este caso estamos hablando de instituciones controladas por numerosas agencias, militares y civiles, del gobierno de Estados Unidos. Estas las entrenan, las arman, hacen ejercicios conjuntos y las educan políticamente. Tuve ocasión de comprobarlo cuando, por invitación de Evo, inauguré un curso sobre “Antiimperialismo” para oficiales superiores de las tres armas. En esa oportunidad quedé azorado por el grado de penetración de las más reaccionarias consignas norteamericanas heredadas de la época de la Guerra Fría y por la indisimulada irritación causada por el hecho que un indígena  fuese presidente de su país. Lo que hicieron esas “fuerzas de seguridad” fue retirarse de escena y dejar el campo libre para la descontrolada actuación de las hordas fascistas -como las que actuaron en Ucrania, en Libia, en Irak, en Siria para derrocar, o tratar de hacerlo en este último caso, a líderes molestos para el imperio- y de ese modo intimidar a la población, a la militancia y a las propias figuras del gobierno. O sea, una nueva figura sociopolítica: golpismo militar “por omisión”, dejando que las bandas reaccionarias, reclutadas y financiadas por la derecha, impongan su ley. Una vez que reina el terror y ante la indefensión del gobierno el desenlace era inevitable.

Quinto, la seguridad y el orden público no debieron haber sido jamás confiadas en Bolivia a instituciones como la policía y el ejército, colonizadas por el imperialismo y sus lacayos de la  derecha autóctona.  Cuando se lanzó la ofensiva en contra de Evo se optó por una política de apaciguamiento y de no responder a las provocaciones de los fascistas. Esto sirvió para envalentonarlos y acrecentar la apuesta: primero, exigir balotaje; después, fraude y nuevas elecciones; enseguida, elecciones pero sin Evo (como en Brasil, sin Lula); más tarde, renuncia de Evo; finalmente, ante su reluctancia a aceptar el chantaje, sembrar el terror con la complicidad de policías y militares y forzar a Evo a renunciar. De manual, todo de manual. ¿Aprenderemos estas lecciones?

2 Comentarios

  1. Me parece VERGONZOSO que estéis contando tanta mentira, NO hubo GOLPE DE ESTADO… Tenéis que informaros bien. El señor Morales lo único que ha hecho es enfrentar a su pueblo los unos contra los otros, además de hacer el mayor FRAUDE en la historia del país, sin hablar ya de ser el gobierno más CORRUPTO.
    Hubo una movilización pacífica por 20 días, Morales renunció a la presidencia y llamo a sus seguidores a movilizarse,en ese momento el caos se apoderó de las calles.
    POR FAVOR NO DESINFORMEN A LA COMUNIDA.

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