El Ayuntamiento señala que no se les puede ofrecer ninguna vivienda porque no están empadronados ni tienen tarjeta de residencia

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Medio centenar de personas sin hogar, olvidados por el Sistema, ocupan un edificio inacabado del barrio murciano de San Pío X, en Murcia. Las cuatro plantas de la antigua construcción albergan una veintena de chabolas hechas con cartones y materiales desechados a medida que llegan nuevos vecinos.

Sus ocupantes, dedicados a la venta ambulante, aparcacoches o integrados en alguna cuadrilla de jornaleros, entre otros trabajos precarios, se ven lastrados por la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia.

“La mayoría de los habitantes del edificio llegaron aquí a raíz del estado de alarma, porque malvivían en la calle y no tenían donde refugiarse”, cuenta Rachid, que preside la Asociación Refugiados Rifeños de España (ARRE), a elDiario.es. “Algunas de estas personas tienen papeles pero sin renovar, la tarjeta de residencia caducada y algunos son asilados y refugiados, pero no han tenido suerte”, se lamenta.

El Ayuntamiento señala que no se les puede ofrecer ninguna vivienda porque no están empadronados ni tienen tarjeta de residencia. Dado el desamparo sociosanitario del colectivo, desde el Consistorio han adelantado que se va a solicitar a la Consejería de Salud colaboración para elaborar un protocolo de actuación y poder realizar PCR a las personas sin techo.

La policía ha acudido en ocasiones para asustar a los habitantes del edificio. Los agentes llegaron un día con una orden de desahucio emitida por el Ayuntamiento de Murcia y comenzaran a pedir la documentación a todo aquel que la tuviera. La misiva daba 48 horas a los ‘ocupas’ a irse del edificio y amenazaba con una salida “forzosa”.

Los ‘ocupas’ reclaman una alternativa habitacional en caso de que se ejecutara el alojo.Los migrantes alojados no entienden que con los «numerosos rebrotes» se les quiera forzar a abandonar el edificio encontrándose en una «situación de vulnerabilidad extrema».

Los malos olores y la suciedad se hacen insoportables en el sótano de la vivienda, rodeada de kilos y kilos de basura acumulada durante años. No viven como humanos, olvidados por las instituciones y esperando que no molesten demasiado. Una vergüenza para nuestra sociedad.

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