«Alguien le susurró a Sánchez al oído, tras las negativas de PP y Ciudadanos, que existía todavía una opción para dormir tranquilo sin Unidas Podemos»

Por Guido Ohlenschlaeger Gómez

I Un plan.

En Moncloa tenían un plan. No el plan del que hablaba Alberto Rivera, que era un mero artificio dialéctico de una banda de mariachis, como bien los llamó Aitor Esteban. El plan era sencillo: nuevas elecciones y luego Catalunya y desenterrar a la momia. Y sí, digo tenían porque puede que el plan no salga según lo previsto, y es que en política jugar a ser Dios suele tener un precio alto. También jugar a ser una veleta que se mueve con el viento.

II Pedro Sánchez no puede dormir.

Sánchez no podría dormir si gobernase con Unidas Podemos. Aunque durante las negociaciones no lo dijo, esta frase certifica que en realidad nunca quiso un Gobierno de coalición con el partido morado. En realidad, ya lo había adelantado con la batería de excusas en las negociaciones, pero sobre todo en una entrevista con Piqueras en Julio donde puso Catalunya como un gran escollo, por las presuntas “enromes diferencias” a la hora de afrontar el conflicto catalán.

III. Esa diferencia de la que usted me habla.

Pero un momento, ¿cuáles son esas diferencias? Revisando la hemeroteca encontramos tres escenas del pasado de Sánchez sobre Catalunya que habría que rescatar. La primera escena transcurre en otra entrevista con Piqueras el 6 de julio de 2017 donde dijo literalmente «No comparto que el gobierno de España tenga que poner en marcha el articulo 155» y añadió poco después que el conflicto solo se solucionaría de forma pacifica a través del diálogo entre partes. ¿Suena bastante parecido a lo que dicen los portavoces de Unidas podemos, no? Pero sigamos. Un año antes Sánchez publicaba un tuit donde prometía que llamaría a Puigdemont en caso de ser presidente. Un 4 de abril, en otra entrevista con Piqueras Sánchez afirmaba: «Hay que buscar la convivencia. Las derechas y la ultraderecha apuesta por la confrontación. Nosotros por el diálogo» Pero aún hay más. En diciembre de 2018 Sánchez se reúne con Torra y ambos se muestran de acuerdo en el diálogo como única solución al conflicto. El puente Suárez/ Tarradellas parecía funcionar. Por no hablar de que el pacto de la Moción de Censura se hace entre otros con algunos de los partidos independentistas.

IV. El hombre que susurraba al Presidente.

¿Qué pasó entonces para que Pedro Sánchez decidiese, de repente, en mitad de unas negociaciones poner entre el PSOE y Unidas Podemos el muro de la cuestión catalana? Lo que pasó seguramente tenga que ver con esos susurradores profesionales a los que les gusta jugar a ser Dios y que están convirtiendo la política en un juego de trileros. Alguien le susurró a Sánchez al oído, tras las negativas de PP y Ciudadanos para apoyar al PSOE en la investidura, que existía todavía una opción para dormir tranquilo sin Unidas Podemos. Esa opción pasaba por convocar elecciones y sacar a Franco del Valle de los Caídos y esperar que la sentencia del procés hiciese lo propio con el miedo de la gente.

V. La hipótesis de la mayoría cautelosa.

Para que este plan funcionase, Pedro Sánchez tenía que calentar el terreno meses antes de la sentencia del procés, sumándose al bando mal llamado “constitucionalista” y construyendo un enorme muro en torno a Catalunya que dejase a Unidas Podemos e independentistas del otro lado. De esta manera Sánchez se subía al baro de la derecha. Todos esos meses y años en los que él había propuesto diálogo y sensatez le había costado un cordón sanitario de una derecha que había perdido el norte y necesitaba quitarse ese cordón. ¿Para qué? El periodista Enric Juliana lo llamó «Mayoría cautelosa». La hipótesis es que un PSOE alejado de Unidas Podemos enarbolando la bandera del miedo y la inestabilidad alentadas por el Brexit y Catalunya atraería para sí, con el favor y el apoyo del establishment europeo, a la mayoría de esos votantes de “centro” y expulsaría del debate a las opciones más escoradas que en su hipótesis eran Unidas Podemos y VOX.

VI. Ahora sí el plan: Catalunya y la momia.

En aquel caluroso día de julio en el que Sánchez puso un enorme muro entre Unidas Podemos y los partidos catalanes, ya sabía que convocaría elecciones y que la sentencia del procés se produciría a principios de octubre, como pronosticaban todos los analistas. Además, tendrían también sobre la mesa la exhumación de Franco. El plan no tenía fallo. Por un lado, el conflicto catalán, con un Sánchez cerca de las posiciones de la derecha y lejos de las posturas dialogantes y moderadas de antaño, podría reunir en torno al PSOE a la mayoría de los votantes de centro- centro derecha, que en tiempos de incertidumbre habrían de elegir a las opciones más “seguras”. Por otro lado, Sánchez sacaría a Franco del Valle de los Caídos intentando atraer a un voto más de izquierdas.

VII. El último horizonte: un gran pacto PP y PSOE.

Sin embargo, el fin último del plan era y es posibilitar una gran coalición PP y PSOE que sea capaz de renovar el bipartidismo con varios satélites orbitando en torno a los dos gigantes. Hay dos pruebas que certifican esta voluntad. La primera la encontramos nada más conocerse la convocatoria de elecciones. En la rueda de prensa de Sánchez, habla de lo importante que es garantizar la estabilidad dejando que gobierne la fuerza más votada. Dos horas después, en Hora 25, Carmen Calvo pone sobre la mesa la necesidad de reformar el artículo 99 de la constitución para garantizar que gobierne la fuerza más votada, ya sea primando con un extra de votos al primer partido, o con un sistema de dos vueltas como el francés. En aquella entrevista esgrimió también que el multipartidismo se había demostrado un fracaso, y que era mucho mejor el “bipartidismo imperfecto”. La otra prueba la tuvimos hace unos días cuando Felipe González y Mariano Rajoy, cara a cara, coincidieron en la necesidad de un gran pacto entre PP y PSOE.

VIII. ¿Y la crisis qué?

Mientras tú hablas de Catalunya, esto es lo que se está fraguando. Catalunya es la excusa  para que no se hable de lo importante: Quién va a pagar los platos rotos de la crisis que viene. ¿El resultado de este plan? Un gran pacto PP y PSOE.

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