Fotografía de Olmo Calvo. MSF

«Sería inaceptable que nuestro sistema no esté ahora más preparado para evitar que se repitan situaciones trágicas y fallecimientos», señala David Noguera, presidente de MSF.

Médicos sin Fronteras (MsF) ha dado por finalizada su intervención directa en España en la lucha contra la pandemia del coronavirus, tras auxiliar y asesorar a medio millar de residencias de mayores del país.

MSF sigue «trabajando en esta pandemia y enfocamos nuestros esfuerzos, sobre todo, en contextos con sistemas de salud frágiles y con poblaciones vulnerables amenazadas por esta nueva enfermedad, así como por otras emergencias», según señalan en una nota de prensa.

El fin de la intervención de la ONG llega en un escenario de desescalada y una vez superada la fase más aguda de la COVID-19, cuando el sistema sanitario se situó al borde del colapso. «MSF reiteramos nuestro llamamiento a las Administraciones para que mantengan la vigilancia e inviertan los recursos necesarios para lograr un control efectivo de la epidemia y evitar nuevos brotes», avisan.

Ante todo, y después de la experiencia directa en esta emergencia, consideran imprescindible que se responda, con la máxima atención y un trato digno, a las necesidades de las personas mayores en las residencias y que la protección del personal sanitario y no sanitario que continúa en la primera línea sea una prioridad, incluida su salud emocional.

Uno de los ejes principales de la intervención de la ONG ha sido el asesoramiento técnico y la formación del personal de las residencias de mayores, un esfuerzo destinado a contribuir a la atención que reciben las personas que residen en estos centros; en 12 comunidades autónomas, hemos apoyado a más de 500 residencias, asistiendo a miles de profesionales en el ejercicio de sus tareas.

La epidemia de la tristeza

La doctora Ximena di Lollo, coordinadora de MSF en Cataluña, señala en una entrevista a NIUS que, «había tres o cuatro personas para atender a 25 pacientes que estaban en el final de su vida, no sabíamos quién era quién, estaban en muy mal estado, confusos, deshidradatos, agitados y sin poder comunicarse con su familia». 

En la residencia de la que Ximena habla, ya habían hecho una visita previa en la que se encontraron con varios residentes contagiados, con una lista de varios muertos y con enfermos muy graves que no habían sido trasladados al hospital porque «ya estaban en la fase final de la vida», pero la segunda visita fue mucho peor. 

«Había incluso una persona fallecida a la que tenía que venir a recoger la funeraria». Pero no sólo eso, algunos «no estaban localizados», se les había trasladado a hospitales, nadie sabía dónde estaban y «las familias llamaban para preguntar» pero no les podían dar respuesta. Entre los que sí estaban, había algunos inconscientes.

Para esta doctora, esta ha sido una epidemia en la que la gente ha muerto en unas condiciones indignas de tristeza. Ahora hay que plantearse «que esto no puede volver a pasar», reflexiona, y añade que «tiene que asegurarse el contacto con la familia y una muerte digna».

Nuestro sistema debe estar ahora más preparado

David Noguera, presidente de MSF, señala que “todo el mundo es consciente ahora de lo que esta epidemia significa para las franjas más vulnerables de la población, como las personas mayores en las residencias.

«Sería inaceptable que nuestro sistema no esté ahora más preparado para evitar que se repitan situaciones trágicas y fallecimientos, o que no se trabaje para reducir el grave impacto en la salud física y mental de las personas en esos centros, donde residen 260.000 mayores y han fallecido más de 19.000. La dignidad de las personas más vulnerables de nuestra sociedad tiene que ser nuestro horizonte común”, sentencia.





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