Nadia Calviño, ministra de Economía en funciones, ha negado una de las principales reivindicaciones de los sindicatos y los trabajadores: revertir la reforma laboral de Mariano Rajoy.

«Es poco productivo estar discutiendo todo el tiempo sobre deshacer reformas, sobre revertir reformas en ámbitos que lo que requieren es una visión de futuro», ha argumentado Calviño.

«Hay que dedicar las energías a tratar de adaptar el marco laboral a las nuevas realidades, no volver a mirar atrás», indicó Calviño durante un encuentro informativo organizado por la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE). Es necesario «elaborar un nuevo Estatuto de los trabajadores del Siglo XXI», señaló.

La ministra sí ha señalado que el Gobierno podría estudiar la eliminación de los «aspectos más lesivos» de la reforma laboral aprobada por el Ejecutivo del PP y ha indicado que «hay que ver si hay que hacerlo, pero queremos centrarnos en empezar a trabajar cuanto antes con los representantes de los empresarios para trabajar en el Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI». Se ha negado a dar su opinión sobre los asuntos que han puesto encima de la mesa los sindicatos: ultractividad, prevalencia de los convenios del sector y una nueva regulación de subcontratas.

La urgente necesidad de acabar con la reforma laboral.

Actualmente hay 1,4 millones de empleos más que a finales de 2011, justo antes de la reforma, y casi 2 millones de desempleados menos. Pero esto no es fruto de la reforma laboral, sino del aumento de la actividad económica, de la inyección monetaria del Banco Central Europeo (BCE) a partir de 2012 y la caída del precio del petróleo.

Lo que sí ha logrado la reforma laboral ha sido a aumentar los contratos de peor calidad. La temporalidad, en lugar de reducirse, no ha dejado de crecer. En 2011, la tasa de temporalidad era del 25,1% y en 2018 ha sido del 26,8%. Además, la reforma no ha impulsado apenas los contratos indefinidos, sino que ha aumentado la rotación laboral. Los contratos temporales realizados son cada vez de más corta duración: uno de cada cuatro contratos temporales son de duración inferior a siete días y en 2018 hay 6,5% más de contratos de muy corta duración que en el año 2011.

Mientras los puestos de trabajo han crecido un 2,4%, las horas trabajadas lo han hecho solo un 0,6%. El número de horas trabajadas por cada empleo ha caído un 1,7%, como consecuencia del aumento del empleo a tiempo parcial, por lo que hay más puestos ocupados, pero se trabaja menos horas.

Uno de cada tres empleos creados desde 2011 ha sido a tiempo parcial. Estos contratos han crecido a un ritmo tres veces superior que los de tiempo completo.

La parcialidad no deseada o involuntaria, la intensa rotación laboral, los contratos de corta duración y la subcontratación como forma de organización empresarial para abaratar la mano de obra han sido los factores clave que ha traído la reforma laboral del Gobierno del PP para deteriorar al máximo el mercado de trabajo.

Una reforma para abaratar los salarios

La reforma laboral de 2012 no solo ha precarizado el empleo y las condiciones de trabajo, sino también los salarios. Desde el Gobierno del PP ha existido una estrategia política deliberada dirigida a abaratar los costes laborales a las empresas, y la reforma laboral ha sido el principal instrumento para aplicarla.

Los salarios en España han perdido en torno a 5 puntos de poder de compra desde 2011. Las empresas se han beneficiado de las políticas del gobierno, los trabajadores y trabajadoras han sido los grandes damnificados.

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