La tendencia del discurso dominante sobre la okupación es fomentar en la sociedad la sensación de riesgo y de odio a partes iguales.

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Sergio Domínguez

Cada cierto tiempo, determinados medios de comunicación dedican parte de su agenda informativa a tratar el problema de la okupación. Y lo hacen como una crónica de sucesos, de manera sensacionalista y con escaso rigor, como si lo de menos fuera conocer las condiciones socioeconómicas de las personas okupas o la situación previa de las viviendas okupadas. ¿Interesa crear inseguridad? ¿Por qué?

Por una parte, la okupación, como movimiento social, se ha desarrollado siempre como protesta contra un orden capitalista que ha considerado excluyente. Y al mismo tiempo, ha reivindicado el derecho a la vivienda sacrificando uno de los pilares básicos de la ideología liberal: el derecho a la propiedad privada. Por otra parte, este movimiento ha hecho de la okupación una “fábrica de conciencia”, al convertir locales abandonados en centros sociales autogestionados que han funcionado como espacios alternativos de encuentro, de ocio y de transformación de la vida en los barrios.

A partir de ahí, no sorprende ver a parte del poder político y al poder mediático -voceros de la banca y los fondos buitres- replegándose para criminalizar a este movimiento y planteando soluciones desde el código penal en lugar de mirar a nuestro texto constitucional. 

En esa línea, la tendencia del discurso dominante sobre la okupación es fomentar en la sociedad la sensación de riesgo y de odio a partes iguales. Para ello, se generalizan casos particulares y se acaba metiendo en el mismo saco a traficantes, ladrones, activistas y gente sin hogar, lo que permite allanar el terreno a medidas autoritarias que no hacen distinción. En este sentido, es sintomática la presencia mediática que algunos medios regalan a la empresa de desalojos “Desokupa”, integrada por paramilitares y neonazis, que en ocasiones son presentados como héroes que vienen a resolver el problema de manera extrajudicial. Además, el clima de inseguridad generado en la opinión pública sirve para propiciar cambios legislativos que resultan favorables a los bancos propietarios. De hecho, Vox ha presentado recientemente dos proposiciones de ley para agilizar los desahucios. Y por supuesto, la maniobra mediática con este asunto sirve también para que las empresas de seguros hagan su negocio. 

Poco interesa explicar que es más fácil que te desahucien a que te ocupen tu segunda vivienda. Poco interesa contar que el 80% de las viviendas okupadas pertenecen a entidades financieras, que son las responsables de desahucios diarios de familias enteras. Poco interesa aclarar la diferencia jurídica entre allanamiento de morada y usurpación. Poco interesa hablar del precio abusivo del alquiler debido al negocio especulativo que Blackstone realiza en el mercado inmobiliario. Y poco o nada interesa hablar en los medios de comunicación de la cantidad de viviendas vacías que tenemos en el país, al mismo tiempo que miles de personas duermen cada noche en la calle. 

En definitiva, el despliegue “desinformativo” sobre la okupación, más acentuado en algunos canales de televisión, crea alarma social sobre un tema que no debería preocupar a la gente corriente, y desvía la atención de otros problemas más relevantes para el conjunto del estado, como es la huida del rey emérito, los problemas sanitarios o el acoso constante a cargos del actual gobierno. Una desinformación sistemática que obvia el problema real de la vivienda, poniendo en evidencia que no se trata tanto de cuestiones legales o ilegales, si no de ideas y de intereses específicos. Sólo tienen que encender la televisión para corroborarlo.

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