«Tenemos que ser capaces de apretar desde la calle, exigir y cabrearnos cuando haga falta, pero sin abandonar una visión pragmática de lo que implica gobernar.»

Guido Ohlenschlaeger Gómez

I Un momento histórico

Hoy por fin tenemos Gobierno de coalición. Vivimos en un momento de excepción. El nuevo Gobierno de coalición es el primero de nuestra democracia. Es la primera vez que un partido a la izquierda del PSOE consigue entrar en el Gobierno. Y, aunque no es la primera vez, la derecha frustrada, rabiosa y autoritaria, lleva semanas usando un tono guerracivilista y llamando a la insurrección. Y esto es solo el principio. Es un momento histórico, pero no será fácil.

  1. La excepcionalidad.

Los momentos de excepción en política son momentos en los que las causas de fuerza mayor crean nuevas correlaciones de fuerza, desdibujan bloques y fronteras, hacen desaparecer viejas contiendas y producen nuevas. Un ejemplo lo hemos tenido en Catalunya durante estos últimos años en los que la causa independentista agrupó a partidos de derechas y de izquierdas. Pudimos ver como ERC se unía a los convergentes o como la CUP votaba a favor de Puigdemont, o se abstenían con Torra. También el 15M, que fue la expresión de una crisis del régimen del 78, produjo un estado de excepcionalidad en el que los bloques preminentes se desdibujaron por completo. Se paso de un mapa izquierda/derecha a un mapa político arriba/abajo de impugnación total de la clase política. Pues hoy estamos en un momento de vuelta a los bloques de izquierda/derecha después de muchos años. Hay que aprovecharlo. El momento populista acabó, también el de impugnación, pero se abre una ventana histórica, tal vez menos vistosa, pero tal vez también más efectiva.

III. Del Gobierno de coalición al fin del procesisimo.

Curiosamente la posibilidad de este Gobierno de coalición viene de la mano con la ruptura de aquella otra excepcionalidad que suponía el Procesismo y que hemos perfilado más arriba. El hecho de que ERC se haya abstenido en esta investidura habiendo arrancado al PSOE una mesa de diálogo entre gobiernos y poniendo por delante los derechos sociales sobre las voces más críticas y agoreras del procesismo, da paso a una nueva e importante etapa en la política española. Las cosas vuelven poco a poco a su cauce. Es presumible pensar que en futuras elecciones en Catalunya pueda darse una alianza entre los Comunes, PSC y ERC, o alianzas equivalentes en Euskadi, que ponga por delante del interés nacional, la cuestión social. El hecho también de que EH Bildu, pero también ERC hubiesen asegurado que en caso de que hubiese un amago de Tamayazo ellos y ellas votarían sí a la investidura, también da buena muestra del momento de excepcionalidad en el que estamos.

  1. El nuevo mapa político.

La posibilidad del Gobierno de coalición con el paso atrás de Sánchez en noviembre firmando el preacuerdo con Pablo Iglesias, ha reconfigurado el mapa político. Lo que hasta hace unos meses parecía un imposible, hoy es real. Y esta posibilidad ha sumado a nuevos actores inesperados. Lo social -material- ha cobrado una importancia central. El tablero se ha volcado. Desde 2017, tras el anuncio del referéndum de autodeterminación, la república simbólica y las cargas del 1-0, el tablero se volcó a la cuestión nacional. La pregunta dejó de ser la que planteó el 15M, y empezó a ser “¿España sí, España no?” Los partidos independentistas se sentían cómodos con esa pregunta, igual que la derecha española. Primero Ciudadanos y luego VOX crecieron en ese contexto. Sin embargo, con este nuevo Gobierno, y ante una derecha que brama, lo social se ha puesto de nuevo en el centro. La derecha ahí no se siente cómoda. La derecha funciona con ETA, con el independentismo y en general defendiendo una idea moral, abstracta y excluyente de España como nación, pero no de España como Estado, por eso intentan revivir  constantemente los fantasmas del pasado, aunque ya no existan, porque lo necesitan.

  1. Nuevo Gobierno, nueva España.

En este contexto es en el que tenemos que entender el nerviosismo histriónico de la derecha, y la reconfiguración del espacio de izquierdas al que partido como EH Bildu o ERC se han unido junto con el PSOE. Todos han entendido que el momento lo merece y que, a pesar de las diferencias, es una oportunidad única para llevar a cabo las reformas que necesita este país en materia social, económica y territorial. Las derechas se aplauden entre ellas y lanzan vítores compartidos al Rey y a España, las izquierdas hacen lo mismo cuando se habla de derechos sociales, territoriales y políticos. Este hecho da buena cuenta del nuevo momento político que nos espera, un momento en el que ser pragmático, un momento, como dijo Rufián de “gestión del mientras tanto”.

  1. Entre la gestión de lo posible y la desobediencia a la realidad.

A la derecha se le acabó el chollo, se le acabó el cuento. Ya no hay fantasma de ETA, ya no hay fantasma del rupturismo. Si este Gobierno funciona, esta derecha vivirá una larga sombra. Todos los que somos de izquierdas debemos arrimar los hombros y estar juntos, y seguramente a veces tendremos que mordernos la lengua. Habrá cambios importantes, cosas que nos gustarán mucho y cosas que no nos gustarán tanto. Aprendamos a distinguir, no por el bien de este Gobierno, sino por el futuro de España, las decepciones que implica gestionar lo posible, de las naturales y necesarias expectativas que tenemos puestas la mayoría de los ciudadanos en este Gobierno.

Tenemos que ser capaces de apretar desde la calle, exigir y cabrearnos cuando haga falta, pero sin abandonar una visión pragmática de lo que implica gobernar. Los movimientos sociales son movimientos sociales, y tendrán que empujar, el Gobierno no es ni debe ser un movimiento social. Sepamos respetar el espacio de cada cual. No se hará todo lo que se quiera, pero se hará todo lo que se pueda. El trabajo de lo gobernantes es gestionar lo posible, el de la calle es estirar la realidad para abrir nuevas vías y crear nuevos posibles.

Así será la nueva legislatura, no perdamos esta oportunidad. El pueblo tendrá que mandar, el Gobierno, obedecer.

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