Guido Ohlenschlaeger Gómez

Ya está. Lo tienen donde querían. Nuevas elecciones y Carmen Calvo dos horas después en la Cadena Ser hablando de la reforma constitucional que necesita España para garantizar que el partido que más votos obtiene sea el que gobierne, bien sea con un método que prime a la primera fuerza con un número de escaños extra, como en Alemania o en Grecia, bien sea instaurando un sistema de dos vueltas como en Francia. Claro que la propuesta supone dinamitar desde dentro el sistema parlamentario consustancial al a la política española. Pero ya sabemos que la Constitución se puede modificar hasta la raíz si es para mantener y proteger al régimen del 78, pero no se puede modificar para evitar desahucios, regular el precio del alquiler o garantizar que los buitres extranjeros no especulen con nuestras vidas.

Ya tenemos las elecciones que el PSOE quería. Advertido Pedro Sánchez por los grandes poderes europeos, durante las distintas cumbres, de que no intentara experimentos extraños, decidió aplicar al mismo tiempo la lógica interior y exterior.

De cara al exterior hacía el amago de pactar con Rivera. Mandaba un mensaje de calma a sus homólogos europeos: «No habrá experimentos». Mientras, aplicaba también la lógica interna en la que el PSOE, que se suponía era un partido de izquierdas, tenía que hacer por lo menos el paripé de que intentaba pactar con su socio natural. Nada más lejos de la realidad.

El 27 de mayo, después de su viaje al Eliseo para ver a Macron y presionar a Rivera, se dio cuenta de que este último había tomado una decisión. Desde ese momento, el PSOE preparó su maquinaria electoral, y algo más importante: planteó una hipótesis: ¿Y si el multipartidismo no es factible?

Ayer Sánchez lo hizo explícito en la rueda de prensa en Moncloa. Dijo no entender que un partido que había nacido como bisagra -Ciudadanos- considerase que tenía autonomía para tomar sus propias decisiones. En el caso de Unidas Podemos, hizo hincapié en la inutilidad de un partido a la izquierda del PSOE que no sirviese para apoyarle de forma indefinida.

La tesis que quieren instalar es esta: el multipartidismo se ha demostrado un fracaso. Bien sea por la vía de los votos o por la vía de la reforma constitucional, hay que volver al bipartidismo. Así lo hizo explícito ayer Sánchez en su rueda de prensa y Carmen Calvo lo replicó poco después en Hora 25. Los experimentos han demostrado ser un agente de bloqueo, dicen desde Moncloa. Hay que volver a coser el régimen del 78 y expulsar de su centro a todos aquellos que ofrezcan una alternativa. Es decir, en la neolengua del régimen: expulsar a aquellos que son un peligro.

Quieren cerrar el ciclo del 15M. Por eso estas elecciones son fundamentales. No se trata solo de que gane uno u otro las elecciones, se trata de que si PP y PSOE tiene la fuerza suficiente reformarán la Constitución para instaurar la segunda vuelta o la prima a la fuerza más votada. Después de estas elecciones no habrá segunda oportunidad. Si se acomete esa reforma constitucional, habrán conseguido cerrar el ciclo de esperanza que instauró el 15M, y habrán conseguido recoser las costuras del régimen del 78. Todo esto con el favor de las élites europeas y Biarritz que han puesto en marcha una maquinaria conservadora de cierre de filas en torno al eje franco-alemán.

Esto no es una aventura literaria, ni una aproximación especulativa. En estas elecciones, a mucho que nos duela, que estemos frustrados, que tengamos enfado, hay que votar pase lo que pase, hay que votar sabiendo que es la última oportunidad. Hay que votar sabiendo que, o vamos a las urnas el 10 de noviembre con criterio, ideas, convicciones firmes y sin miedo, sobre todo sin miedo, o lo que nació un 15 de marzo del 2011 habrá perdido definitivamente su oportunidad. No dejemos que se cierre la ventana que se abrió hace 8 años. Ellos quieren que vuelva el bipartidismo. Estamos a tiempo para impedirlo. ¡Votemos!

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