Pablo Iglesias contactó con Pedro Sánchez en la tarde de ayer para hacerle una propuesta con la que evitar la repetición electoral: un Gobierno de coalición que se evalúe tras la aprobación de los próximos Presupuestos Generales del Estado con el compromiso de que Unidas Podemos salga de ese Ejecutivo si «no ha funcionado» y garantice estabilidad parlamentaria al PSOE «durante la mayor parte de la legislatura».

Esta nueva propuesta consiste en retomar las negociaciones en el punto en que estas quedaron en julio, es decir, con la oferta de una vicepresidencia y tres ministerios para Unidas Podemos que el grupo confederal pidió complementar con las políticas activas de empleo.

Sin embargo, el presidente en funciones también ha rechazado esa fórmula. «No se dan ni las bases mínimas de confianza ni un planteamiento de un gobierno cohesionado, coherente y con una única dirección», señalan fuentes socialistas.  Sánchez ha descartado el planteamiento de Iglesias y ha invitado al líder de Unidas. Por la cabeza de Sánchez solo pasa un acuerdo para la investidura siempre y cuando Unidas Podemos renuncie a su aspiración de formar parte del Ejecutivo.

De esta forma, todo parece que nos vamos a elecciones el 10 de noviembre. Las últimas encuestas confirman que el PSOE mantiene una tendencia al alza mientras Unidas Podemos sufre un ligero descenso y el Partido Popular sería el más favorecido por unos nuevos comicios. Esa fecha marcada en rojo por Sánchez serían las elecciones de la recuperación del bipartidismo.

Ir de nuevo a las urnas le reportaría al PSOE hasta seis puntos más y un puñado de escaños adicionales. Esa mayoría seguiría siendo insuficiente para formar un Gobierno y el equilibrio de fuerzas en la izquierda se quedaría prácticamente en los mismos números de ahora.

Quien sí saldría beneficiado en el adelanto electoral sería la otra mitad del bipartidismo. El PP sale beneficiado en los sondeos, con lo que Pablo Casado se refuerza en su liderazgo, y Ciudadanos confirma que su crisis ideológica y la fuga de cargos le pasan una factura quizá definitiva e insalvable. Vox también pagaría caro sus políticas de extrema derecha y parte de su electorado retornaría al PP.

De esta manera, los dos del bipartidismo mantendrían su posición hegemónica que han mantenido durante décadas. La repetición de las elecciones con tales resultados supondría una vuelta a la posición del 78, una posición muy cómoda de turnismo entre ambas formaciones.

Las élites financieras y empresariales, con la CEOE en cabeza, añoran una vuelta este turnismo rojo y azul y no verían con malos ojos que PSOE y PP se pusiesen de acuerdo, un refuerzo de lo conservador, de lo clásico. Ya se intentó la operación Sánchez/Rivera, solo que el líder de los naranjas no ha cuajado y ha terminado poniendo el cordón sanitario donde no debía para después pactar con la extrema derecha. ¿Qué es eso de pedir una reforma laboral, subir el sueldo mínimo o pedir más derechos para los trabajadores? Podemos y los grandes empresarios mezclan como agua y aceite, y los morados son vistos como el enemigo a batir por quienes tienen la cartera llena.

Decía Mario Benedetti que “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. En España teníamos el cambio en la mano, pero no vimos que no iban a permitirlo de ninguna manera, ya que hay demasiados intereses detrás de la casta política como para permitir que la línea política marcada desde el 78 se desvíe un mínimo hacia lo social. Bienvenidos de nuevo a la España roja y azul, bienvenidos a la España del «todo atado y bien atado».

1 Comentario

  1. Imposible cambiar las cosas. Entre los ignorantes supinos pobres de Derechas, Facebook comprando opiniones, las cuatro Derechas aliadas, PSOE incluido y las cloacas y el dinero a toda máquina agotando a Podemos, este país esta bien jodido.

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