Vox ha conseguido solo los 52 ‘síes’ de sus diputados, lo que implica que sea la moción de censura con menor grado de apoyo de la democracia, de las cinco que se han debatido

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Santiago Abascal se ha quedado solo en el Parlamento con su discurso de odio. El Congreso de los Diputados ha tumbado la propuesta ultra de forma apabullante, por 52 síes y 298 noes. La moción de censura que planteaba al presidente de Vox como una alternativa a Pedro Sánchez se transformó en la moción de censura con menor grado de apoyo de la democracia.

La ocurrencia de la extrema derecha ha acabado en una vergüenza, tanto nacional como internacional. Abascal se plantó en Parlamento consciente de que su propuesta no saldría adelante y se limitó a descalificar a sus rivales, sin desplegar ni un solo punto del programa de Gobierno con el que pretendía dirigir España desde la ultraderecha.

El líder de Vox abusó de que el reglamento del Congreso permitía hablar sin límite de tiempo para soltar todo tipo de insultos, descalificaciones y recriminaciones hacia el Gobierno, a quien acusó de ser «unos traidores». Nadie esperaba otra cosa de la formación Ultra. Mucha bandera en la muñeca, en las palabras y el la mascarilla; poca profundidad de discurso.

Una pérdida de tiempo

Mientras España superaba el millón de contagios de coronavirus convirtiéndose en el primer país de la Unión Europea que sobrepasa esta cifra y la cifra global de fallecidos por coronavirus se eleva hasta las 34.366 personas, tuvimos que escuchar un interminable discurso fascista desde la tribuna de oradores.

Incluso la prensa internacional se ha hecho eco de esta situación. Lo resumía perfectamente el doctor Rafael Bengoa, cofundador del Instituto de Salud y Estrategia de Bilbao, en declaraciones a The Irich Times: «Estos políticos solo se sienten cómodos con la simplicidad de los debates a corto plazo… motivados ideológicamente, pero al virus no le importa la ideología».

Voice of America recogía también la frustración de la sociedad hacia los políticos por considerar que no se están centrando en implementar las medidas adecuadas para combatir la Covid19 y están perdiendo un «tiempo precioso» en batallas políticas.

Incluso Iglesias aplaudió a Casado

Tan fue el nivel de la extrema derecha , que el secretario general de Unidas Podemos felicitó a Casado, líder del PP, por «un discurso brillante, canovista, de la tradición conservadora de la derecha española más inteligente».

Casado mantuvo en suspense qué votarían los 89 diputados del Grupo Parlamentario Popular hasta su turno de intervención. En su turno de palabra lo dijo alto y claro: el PP votaba «no a la España de trincheras» que defiende Vox, «no a la furia y al ruido» y un rotundo «no» a la España «en blanco y negro». 

La derecha traicionaba de esta forma a su parte extrema y dejaba vendido y tocado a su líder, Abascal, a quien se le han descosido las costuras de un discurso ya manido y lleno de odio que no caló más allá de su grupúsculo de fieles. Un gran paso atrás para la intolerancia, ¿podemos centrarnos ya en lo importante?

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