Hoy se cumplen 75 años del Desembarco de Normandía (el Día D), la operación militar efectuada por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial que culminó con la liberación de los territorios de la Europa occidental ocupados por la Alemania nazi. La percepción general hoy en día es que la victoria de los aliados se debió casi únicamente al poderío militar de Estados Unidos. Nada más lejos de la realidad. Los propios alemanes asumieron que el principio del fin del Reich empezó el día que Hitler cometió el monumental error estratégico de saltarse el pacto de no agresión firmado en 1939 con Stalin y atacar la URSS.

Una reveladora encuesta realizada en Francia por el Institut D’Etudes de Opinion et Marketing en France et à L’International en cinco momentos diferentes: 1945, 1994 y 2004, 2014 y 2015, pone en evidencia el cambio de percepción de los franceses acerca de qué país fue el responsable último de la liberación de su país. Si recién terminada la contienda, el 57% de los franceses consideraban que la URSS fue el país que más contribuyó a la derrota nazi y sólo el 20% a EE.UU., en 2015 estos porcentajes se invirtieron pasando a un 23% para la URSS y un 54% para los Estados Unidos.

¿A qué se debe este cambio de percepción con el paso de los años? Pues a una cosa muy sencilla: la propaganda de los Estados Unidos vestida en películas de Hollywood.

Como cuenta Iñaki Berazaluce en el diario Público: «La propaganda norteamericana ha sido tan eficaz que durante la segunda mitad del siglo XX hemos llegado a creer que Estados Unidos “ganó” la contienda«. 

La Propaganda:
«Si la maquinaria de guerra estadounidense fue esencial para dar la puntilla a Hitler y los suyos, la máquina de propaganda de Hollywood consiguió otra proeza: convencer al mundo durante la Guerra Fría de que la derrota nazi fue cosa de EE.UU. con el apoyo de los amigos ingleses y la resistance francesa… y, bien, un puñado de rusos al otro lado de Berlín. Todos recordamos ‘El Día más largo’, ‘Salvad al soldado Ryan’, ‘Band of Brothers’ o ‘El puente sobre el río Kwai’, pero apenas nadie fuera del bloque soviético vio las películas soviéticas sobre la épica batalla de Stalingrado. De hecho, las dos películas más famosas sobre aquella batalla son alemana (‘Stalingrad’, 1993) y una coproducción “aliada” dirigida por un francés (‘Enemigo a las puertas’, 2001)».


Pero la historia fue otra:

La Segunda Guerra Mundial comenzó, al menos en términos europeos, con la embestida imparable del ejército alemán en Polonia en septiembre de 1939. Unos seis meses después, siguieron victorias aún más espectaculares, esta vez en Bélgica, Luxemburgo y Francia. En el verano de 1940, Alemania parecía invencible y predestinada a dominar de forma indefinida el continente europeo. 

Gran Bretaña claramente se negó a tirar la toalla, pero no podía aspirar a ganar la guerra sóla y temía que Hitler dirigiera su atención a Gibraltar, Egipto u otras joyas de la corona del Imperio Británico. Sin embargo, cinco años más tarde, era Alemania la que estaba experimentando el dolor y la humillación de la derrota total. El 30 de abril 1945, Hitler se suicidó en Berlín en un momento en que el Ejército Rojo estaba haciendo entrada en la ciudad arrasada, reducida a un enorme montón de ruinas humeantes. El 8 y 9 de mayo, Alemania se rendía de manera incondicional.

El punto de inflexión se produjo en diciembre de 1941, en la Unión Soviética, más específicamente en las llanuras al oeste de Moscú. En palabras de un historiador alemán de la guerra contra la Unión Soviética: «Esta victoria del Ejército Rojo [en Moscú], ha sido sin duda la ruptura principal [Zäsur, en alemán] de toda la Guerra Mundial.»

La guerra contra la Unión Soviética fue la guerra que Hitler había deseado desde el principio, como dejó claro en las páginas de Mein Kampf, escrito a mediados de la década de 1920. Pero, la Ostkrieg, la guerra contra el este, en otras palabras contra los soviéticos, era también el deseo de los generales alemanes, de los principales industriales en Alemania y otros «pilares» del establishment alemán.

El 11 de agosto de este año, Hitler había dicho a Carl J. Burckhardt, un funcionario de la Liga de las Naciones, que «todo lo que él había preparado era en contra de Rusia» y que «si Occidente [es decir, los franceses y los británico] era demasiado estúpidos y ciegos para entenderlo, se vería obligado a llegar a un compromiso con los rusos para vencer a Occidente y luego dar la vuelta con todo su poder a la Unión Soviética «. Es lo que sucedió.

Hitler y sus generales estaban confiados en que la Blitzkrieg que estaba a punto de estallar contra la Unión Soviética experimentaría el mismo éxito que su primera «guerra relámpago» contra Polonia y Francia. Consideraban a la Unión Soviética como «un gigante con pies de barro», que el ejército, supuestamente decapitado por las purgas de Stalin a finales de 1930, era «nada más que una broma», como Hitler había dicho una vez. 

Con el fin de librar – y por supuesto ganar – las batallas decisivas, autorizaron una campaña de cuatro a seis semanas, probablemente seguida por operaciones de limpieza, en la que los restos de la Ejército soviético sería «perseguido por todo el país como un grupo de cosacos derrotado.» De todos modos, Hitler era extremadamente confiado y, el día antes del ataque, pensaba «en los albores del mayor triunfo de su existencia.»

El ataque alemán comenzó en las primeras horas del 22 de junio de 1941. Tres millones de soldados alemanes y cerca de 700 mil aliados de la Alemania nazi en la frontera; su equipo constaba de 600.000 vehículos, 3.648 tanques, más de 2.700 aviones y algo más de 7.000 piezas de artillería.

Muy pronto se hizo evidente que la guerra relámpago no iba a ser una victoria fácil como habían esperado. Frente a la máquina militar más poderosa de la tierra, el Ejército Rojo había sufrido como se esperaba una dura paliza, pero, como escribe el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels en su diario el 2 de julio, había opuesto una resistencia tenaz. Informes de la Wehrmacht reportaron una resistencia «terca», «ruda» e incluso «salvaje», causando grandes pérdidas en hombres y material en el campo alemán. También encontraron que el Ejército Rojo estaba mucho mejor equipado de lo que esperában.

A mediados de julio, como la guerra de Hitler en el este estaba empezando a perder sus características de «guerra relámpago», algunos líderes alemanes habían comenzado a expresar serias preocupaciones. A finales de agosto, cuando la operación Barbarroja debería haber llegado a su fin, un memorando del Alto Mando de la Wehrmacht reconoce que tal vez no fuera posible ganar la guerra en 1941.

Hitler creía, o al menos fingió creer que el fin de los soviéticos estaba cerca. En un discurso público en el Palacio de Deportes de Berlín el 3 de octubre, dijo que la guerra en el este estaba prácticamente terminada. La Wehrmacht había recibido la orden de asestar el golpe definitivo con el lanzamiento de la «Operación Typhoon»: una ofensiva para apoderarse de Moscú.

Sin embargo, los soviéticos estaban incorporando unidades traídas de la reserva del lejano oriente. El suministro de municiones y alimentos desde la reataguardia era insuficiente, ya que las largas líneas de suministro se vieron gravemente obstaculizadas por la actividad de los partisanos. Y, finalmente, llegó el frío.

Cuando el Ejército Rojo lanzó su devastadora contraofensiva el 5 de diciembre, el propio Hitler se había dado cuenta de que iba a perder la guerra debido a la fuerza soviética junto con la diezma debido al frío de las tropas alemanas. Pero por supuesto no estaba dispuesto a hacerlo público ante el público alemán. Las malas noticias del frente, en las cercanías de Moscú habían sido presentadas al público como una desaceleración temporal, debido a la llegada temprana, supuestamente inesperada del invierno y / o a la incompetencia o cobardía de algunos comandantes.

Sería algo más de un año más tarde, después de la catastrófica derrota de la batalla de Stalingrado en el invierno de 1942-1943, cuando el público alemán y el mundo entendería que Alemania estaba condenada. Rusia había vencido al terrible ejército alemán.


Los datos que casi nadie conoce:

1. La URSS fue, de lejos, el país que más sufrió durante la II Guerra Mundial, al menos en términos absolutos (en términos relativos fue Polonia la más castigada): 24 millones de combatientes y civiles rusos murieron durante la guerra, comparados con 450.000 ingleses y 420.000 estadounidenses (14 % de la población contra el 1% en Gran Bretaña y el 0,2 % en EEUU).

2. El 93% de las bajas del ejército alemán se produjeron en el frente ruso.

3. En los seis meses que duró la batalla de Stalingrado murieron 2 millones de soldados y civiles, una cifra que iguala a los muertos de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Holanda durante toda la conflagración.

Fuente: Wikipedia

«Muchos siguen pensando que la Guerra Mundial se decidió en Normandía. Obviamente, el desembarco de Normandía fue la puntilla a la Wehrmacht, que se había desangrado durante cuatro eternos años en el frente oriental». 

3 Comentarios

  1. Datos que ignoran:
    La URSS era aliada y envió recursos a Hitler y también atacó Polonia (se la dividieron con los alemanes). El error de Hitler criticado por los generales no era atacar a la URSS sino mantener una guerra en dos frentes. Tanto los aliados como la URSS contribuyeron a la derrota nazi como casi se menciona. Y si bien es cierto que las URSS capitulo Berlín también es cierto que USA y los aliados liberaron más territorios y USA derrotó a Japón. En el artículo hacen ver que la guerra eran los nazis contra el mundo y no fue así. Era también contra el emperador japonés y Mussolini. En esos otros 2 casos los aliados hicieron más trabajo que la URSS. Estoy en parte de acuerdo en que la URSS dio el golpe de gracia y una feroz resistencia y contraataque pero tampoco nieguen uds el resto porque estarían haciendo lo mismo que critican.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.