La gestión del desastre ecológico de Australia ha sido terrible por parte de sus políticos.

El primer ministro australiano Scott Morrison, conocido como Scomo, voló en secreto hasta Hawái al mismo tiempo que Australia sufría uno de los mayores desastres de su historia con una oleada de incendios que arrasa el país. Mientras tanto, reza para que llueva.

La noticia salió a la luz y gran candidad de usuarios recriminaron su actitud en Facebook, por lo que, de forma reacia y, quizás bajo consejo de sus asesores políticos, Scomo volvió a Sydney. Una vez en Australia, fingió preocuparse. Visitó brigadas anti-incendios e intentó un apretón de manos con una joven embarazada y un bombero que le rechazaron.

Scomo llegó con seis coches de su entorno mediático y de seguridad para obsequiar con “una” bolsa de galletas a los supervivientes para la foto en los medios. Mientras Scomo visitaba la ciudad, la gente local estaba chillando obscenidades contra él. “No eres bienvenido, imbécil”, gritó una mujer.

El comportamiento de Scomo y la devastación del fuego combinados con temperaturas desorbitadas estaban alimentando una mayor conciencia de los australianos del calentamiento global. Sin embargo, Scomo, un creyente religioso, considera los incendios forestales como obra de dios y que no están vinculados al cambio climático sino que son un desastre natural.

Scomo y su entorno han hecho todo lo que pueden para sabotear los intentos de luchar contra el calentamiento global, describiendo a quienes hacen campaña sobre el calentamiento global como lunáticos que viven en las ciudades interiores.

El Ejecutivo de Scomo, enrocado en su postura, no se retirará de su posición anti-calentamiento global. Mientras el mundo va en la dirección contraria, Scomo está manteniendo en funcionamiento las viejas centrales de carbón. La demanda global de carbón está en declive. 

Mientras tanto más de cuatro millones de hectáreas eran víctima de los incendios, miles de personas estaban atrapadas porque numerosas carreteras estaban cerradas y el número de víctimas aumentaba. Los rescatadores locales luchan contra el agotamiento y los equipos canadienses y estadounidenses de rescate les brindan su ayuda mientras el Gobierno de Scomo desplegó barcos de la Armada con recursos infrafinanciados desde hace años.

A Scomo le gusta que le fotografíen junto a una manguera contra incendios y finge estar activo en estaciones de control de misión y durante vuelos de helicóptero. Mientras tanto, su compañero de partido y ministro para desastres, David Elliott, disfrutaba de unas vacaciones en Europa. Él también se vio obligado a volver temprano por la presión popular.

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