El Tribunal Supremo de Brasil debate si excarcela al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva por un habeas corpus solicitado por su defensa, tras el reportaje del diario Intercept Brasil del domingo que ponen en entredicho la imparcialidad de la investigación que acabó con Lula en la cárcel.

Un reportaje señala que el juez Sergio Moro, hoy ministro de Justicia del Gobierno de Jair Bolsonaro, y el fiscal de la operación Lava Jato, Deltan Dallagnol, intercambiaron mensajes de texto durante la investigación del caso, algo prohibido por la Constitución y el Código Penal brasileño.

La defensa del exmandatario ha subrayado que los documentos divulgados por The Intercept muestran que la actuación de los procuradores y del exjuez Sergio Moro tuvo un «objetivo político» y que «nadie puede tener dudas de que los procesos contra el expresidente Lula están corrompidos por lo que hay de más grave en términos de violación a las garantías fundamentales y a la negativa de los derechos».

Según el periodista Glenn Greenwald, que ha destapado estos audios: «Tres días antes de que acusaran a Lula da Silva de haber recibido un apartamento tríplex a cambio de ayudar a esta empresa constructora a obtener contratos, no tenían pruebas suficientes para demostrar su culpabilidad. Pero decidieron que iban a seguir adelante de todos modos, porque sabían que tenían un juez, en juez Moro, ahora ministro Moro, cuyo único objetivo era encarcelar a Lula, y no solo encarcelarlo, sino hacerlo antes de postularse candidato para la elecciones de 2018. Moro es la segunda persona más poderosa en Brasil, después de Bolsonaro».

«Lula, era el favorito abrumador para las elecciones de 2008, era el favorito masivo, estaba por delante de 20 a 30 puntos en cada encuesta, incluso por delante de Jair Bolsonaro. Por lo tanto, encarcelar a Lula significaba que no era elegible bajo la ley para postularse como candidato, y eso es lo que en última instancia allanó el camino para que Jair Bolsonaro ascendiera al control de Brasil, que es el quinto país más poblado del mundo, con enormes reservas de petróleo y el recurso ambiental más importante del planeta, que es el Amazonas, todo lo cual está ahora en manos un político de extrema derecha».

Las conversaciones privadas muestran que Moro sugirió a Dallagnol cambiar el orden de las fases de la operación Lava Jato y dio consejos y pistas a los fiscales encargados del caso.

Lula expresó su sorpresa por la rapidez con que se ha conocido lo que siempre denunció como una persecución política y sus abogados afirmaron que pedirán nulidad del proceso dijo confiar en que se impondrá su «verdad» sobre la causa Lava Jato.

«La verdad se enferma, pero no se muere», afirmó el político de 73 años durante las dos horas de reunión que mantuvo este martes con los abogados José Roberto Batochio y Cristiano Martins en la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba.

Además, el líder del Partido de los Trabajadores criticó la «promiscuidad» que, desde su punto de vista, caracterizó la relación del exjuez y actual ministro Moro con los fiscales de Lava Jato, la más importante causa contra la corrupción de las últimas décadas.

Moro fue recibido este martes en privado en su residencia oficial por Bolsonaro, en lo que constituyó un claro gesto de apoyo del presidente. Aunque el mandatario no hizo ninguna declaración, tras la reunión se subió a una lancha con Moro para recorrer la laguna Paranoá de Brasilia y acudir juntos a un acto donde el ministro de Justicia fue condecorado.

Moro condenó en el 2017 a Lula a 9 años y seis meses de cárcel por recibir un departamento en la playa paulista de Guarujá que no figuraba a su nombre y que nunca habitó como compra de la constructora OAS a cambio de la obtención de contratos con Petrobras. Posteriormente, un tribunal de segunda instancia elevó la pena a 12 años y un mes, aunque en abril pasado el Supremo rebajó la condena a 8 años y diez meses.

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